El tiempo que siguió fue muy... ehmm... diferente. Ahora era novia de Mateo y, la verdad, me agradaba mucho. Era cariñoso, caballeroso, muy atento y detallista; era perfecto. Pero por alguna razón, no me sentía completa. No me malinterpreten, Mateo era un sueño de novio, pero no sé cómo explicarlo... simplemente no me sentía completa.
Justo ahora estaba acurrucada en su pecho, tratando de estudiar un poco, ya que se aproximaban los primeros exámenes del ciclo. Mateo se encontraba en mi misma situación. Era muy cómoda su presencia: estudiaba, se centraba en lo suyo y trataba de no interrumpir. En cierta manera, éramos muy parecidos. Teníamos las mismas formas de pensar, los mismos gustos. A veces me preguntaba si eso era bueno o si, en el fondo, nos estábamos volviendo demasiado predecibles el uno para el otro.
—Creo que si llevamos este ritmo de estudio, en dos semanas estaremos listos para esos exámenes —me dijo con una enorme sonrisa en su rostro.
—Sí, yo creo que sí —le respondí, aunque mi mente divagaba unos segundos antes de volver a las páginas del libro.
Había pasado alrededor de un mes desde que me propuso ser su novia. El mismo mes en que Axel se había acercado un poco más a mí. Trataba de hacer trabajos conmigo, me molestaba en horas clase e incluso había cambiado sitios con Samantha. Ahora él se ubicaba justo detrás de mí. Algo que también había pasado, y no entendía muy bien por qué, era que Samantha se había alejado un poco. Había empezado a salir con otras chicas y a hacerme un poco de lado. Decidí darle su espacio, aunque su ausencia pesaba más de lo que quería admitir.
—Creo que es hora de volver al salón —dije, guardando mis apuntes.
—Sí, faltan 5 minutos para que termine el receso.
Caminamos de regreso a nuestra aula. Ahí estaban Samantha, junto con Eli y Dana, dos chicas con las que había empezado a juntarse. También estaban en nuestro curso. Dana me caía bien; era una chica muy dulce con todos. Pero Eli era un tema aparte. Era muy linda físicamente, pero no me agradaba nada. De esas personas que se fijan en lo mínimo para burlarse de los demás. Yo misma había sufrido sus comentarios en más de una ocasión.
También estaba Axel. Con su uniforme de deportes, supuse que hoy tuvo campeonato porque se ausentó media mañana. Estaba sentado sobre una mesa, riéndose a carcajadas de algo que habían dicho. Tenía una risa muy bonita, no lo podía negar. Sí, pero no tanto como la de Mateo, me repetí a mí misma, como si necesitara convencerme.
Mateo y yo caminamos hacia nuestros lugares justo antes de que llegara el profesor.
—¡Lenis! ¿Cómo estás? ¿Cómo te va en tu bella vida? ¿Me extrañaste? Pero claro que me extrañaste —dijo Axel, hablando muy de prisa y moviéndose de un lado a otro mientras se dejaba caer en su silla.
—Cálmate, ¿tomaste algún energizante o algo así? —le dije riéndome al ver lo hiperactivo que estaba.
—Tal vez uno o dos... ¿quién los cuenta? —respondió, sacando su celular con una sonrisa de complicidad.
—Descargué una película, ¿quieres verla conmigo? —dijo, conectando unos audífonos inalámbricos.
—¿Película? Tenemos clase de Química, ¿lo olvidas? —le señalé, mirando de reojo al profesor que ya preparaba sus materiales.
—No, no lo olvido. Pero no entiendo nada, así que da lo mismo que atienda y muera de aburrimiento sin aprender, a que mire una película y tampoco aprenda nada. ¿No crees, Lenis? Anda, no seas aburrida.
—Está bien, pero si nos cacha el profesor, ¿qué hacemos?
—Fingimos que prestamos atención. Tú tranquila, yo nervioso —dijo, buscando la película con una sonrisa que me hizo reír a pesar de todo.
El Conjuro empezó a reproducirse, y con él, mi miedo y nerviosismo. ¿Y si nos descubrían? ¿Y si me reprobaban? ¿Y si me expulsaban? Traté de dividir mi atención entre la clase y la película que se escondía tras un estuche de lápices en el celular de Axel.
Después de una hora y un poco más, la película terminó. Para entonces, Axel llevaba como veinte minutos dormido sobre su pupitre. Había tratado de despertarlo con disimulo, pero no reaccionaba. Creo que hasta estaba babeando un poco.
—Axel, Axel... ya despierta, Axel —dije, picando suavemente su cabeza—. Axel, Aaaaxeeel... ¡Axel, mira, una hamburguesa!
—¿Dónde? —se despertó de golpe, moviendo la cabeza en busca de la hamburguesa ficticia.
—En ningún lado. Solo quería que despertaras. La clase ya terminó, la película también, y van a tomar asistencia.
—Lenis, te puedo perdonar que me despertaras de mi hermoso sueño, pero ¿no que me ilusionaras de esta forma? Me rompiste el corazón. No se juega con la comida —dijo de forma dramática, llevándose una mano al pecho.
—Ay, sí, lo que digas —me reí de su actuación y de su cabello despeinado.
Los días pasaron y, con ellos, las películas. Terminamos la saga completa de El Conjuro, vimos Insidious y empezamos una serie. Poco a poco, la compañía de Axel se volvía más cálida, más natural. Tanto que a veces me sorprendía esperando con ansias sus ocurrencias.
Con Mateo, en cambio, casi no hablábamos mucho. En unas semanas íbamos a cumplir dos meses de novios y, la verdad, no era como pensé que sería. Es un excelente novio: se preocupa por mí, es atento, caballeroso y muy detallista. Pero creo que no siento lo que debería sentir. De hecho, empiezo a dudar si mis sentimientos eran tan profundos como creía, o si solo me dejé llevar por lo lindo que se veía todo en teoría.
Samantha se había alejado totalmente. Incluso se cambió al otro lado del salón y casi no me hablaba. No podía hablar con ella sobre lo que me pasaba con Mateo. Y no sabía si podía hablarlo con Axel. O sea, sí, somos amigos y nos llevamos muy bien, pero... no sé si sea el indicado para este tipo de conversaciones.
Además, cada vez que pensaba en contarle, algo me detenía. Tal vez el miedo a que todo cambiara entre nosotros. O tal vez, el miedo a descubrir por qué me importaba tanto que no cambiara.
#664 en Joven Adulto
#6099 en Novela romántica
amor desamor, amor amistad romance adolesencia, amor dolor celos amor juvenil
Editado: 23.02.2026