Iba caminando a toda prisa para llegar a mi salón. Hubo un embotellamiento enorme camino al colegio y ya iba tarde. No había nadie en los pasillos y la puerta del aula estaba cerrada; eso no era una buena señal.
El profesor de Matemática ya estaba impartiendo la clase cuando golpeé la puerta pidiendo permiso para entrar. Por suerte, parecía más interesado en continuar con la explicación que en reprenderme por mi impuntualidad. Caminé lo más rápido que pude hasta mi lugar y empecé a sacar mis útiles.
—Lenis, Lenis, Lenis… ¿qué es esa impuntualidad? No, no, no… muy mal, niña —susurró Axel, mofándose de mí.
—Es la primera vez que llego tarde, ¿okey? Tú a veces ni entras a clases —le respondí en voz baja.
—Es verdad, pero yo soy yo, preciosa. Tú eres una niña buena… ¿o ya te estás rebelando? —dijo tratando de contener la risa.
—Ya cállate, por favor, y atiende la clase.
Se alejó riéndose por lo bajo, pero al menos me dejó prestar atención. Una vez terminó la clase y el profesor se fue, Axel se levantó y se sentó sobre mi mesa.
Iba a decir algo, pero en ese preciso momento Mateo se acercó para darme un beso y saludarme. De reojo percibí que Axel se tensaba un poco, aunque tal vez solo lo imaginé… ¿o no?
—Bueno, tortolitos, les doy su espacio —dijo Axel antes de irse con sus amigos.
—¿Cómo estás, linda? ¿Por qué llegaste tarde? —preguntó mi novio.
—Hubo un embotellamiento terrible cuando salía de mi casa y por eso me retrasé.
—Uhmm… bueno, recuerda que seremos los representantes del salón en el programa de la semana que viene. Voy a venir disfrazado de zumo —dijo riéndose.
Me lo imaginé y no pude evitar reírme también.
—Estás loco. Tu mamá no te lo va a permitir, y yo ya tengo mi vestido —le dije mientras miraba cómo Axel se había cambiado de grupo y ahora estaba con Samantha, Eli y Dana. Parecía serio mientras les decía algo y, de vez en cuando, volteaba hacia donde estábamos nosotros.
—Pues me voy a esconder de ella hasta que salgamos —respondió riéndose antes de darme un beso.
Alguien llamó a Mateo y él se despidió de mí para ir con la persona que lo buscaba. En ese momento Axel regresó. Ya no parecía serio ni molesto; tenía la misma aura despreocupada de siempre.
—¿De qué hablaban tú y tu amado, Helena? —preguntó con curiosidad.
—De nada, sobre el evento de la semana que viene y el atuendo que vamos a usar.
—Uhmm… okey —dijo mientras caminaba hasta su lugar y sacaba su celular—. ¿Quieres jugar billar conmigo, Lenis?
Por supuesto que iba a jugar. Quería la revancha de las últimas quince o veinte partidas que me había ganado. Pero había estado practicando y esta vez iba a ser diferente.
—Claro que sí.
Cuatro minutos después, la partida había terminado y yo había perdido otra vez. Ya no quise jugar más y Axel solo se mataba de risa diciendo que era pésima en eso.
Llegó el profesor de la siguiente hora y comenzó la nueva clase.
Pasó una semana relativamente normal. Aún no había hablado con Samantha y era algo que quería arreglar, porque era mi mejor amiga y la extrañaba mucho.
Hoy era el día del evento en el que sería representante junto a Mateo. Llevo un vestido azul strapless con un cuello transparente que sale desde el pecho. Llega justo tres dedos arriba de la rodilla y tiene una pequeña cola unos centímetros más larga atrás. Es realmente hermoso.
Me estaban terminando de peinar. Llevaba un maquillaje más cargado de lo normal; aunque, siendo sincera, casi nunca me maquillo, apenas un poco de rímel y bálsamo labial.
Cuando terminaron el peinado, entró Axel con el uniforme de deportes junto a Andrés, un chico que, según voy entendiendo, es su mejor amigo en este momento. Al verme, se quedó quieto. Sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo y, cuando pensé que iba a decirme un cumplido lindo, salió con una de sus tonterías.
—Ay, Lenis, eres más linda cuando te arreglas —dijo, y no supe si hablaba en serio o en broma.
Solo le saqué la lengua y salí en busca de Mateo. Ya era tarde y no aparecía por ningún lado. Lo encontré junto a su mamá en uno de los pasillos y no…
Traía un enorme ramo de flores.
Me vio y comenzó a caminar hacia mí sonriendo.
—Estás demasiado linda, Elena. Qué orgullo ser tu pareja —dijo mientras me extendía el ramo.
No sabía qué decir. Es que era un novio de ensueño… ¿cómo podía ser tan perfecto?
¿Y cómo podía yo dudar de mis sentimientos hacia él?
Le di un beso a modo de agradecimiento y le devolví el cumplido. Llevaba un traje negro sencillo, camisa blanca y una corbata azul que combinaba con mi vestido. Estaba muy guapo.
Enganché mi brazo con el suyo y caminamos hacia el lugar del evento. Allí ya se encontraban todos los chicos de mi salón. Entramos cuando dijeron nuestros nombres y nos hicieron porras porque éramos sus representantes. Aunque, siendo sincera, probablemente me eligieron por ser la novia de Mateo y no porque realmente les cayera bien.
El evento terminó y, lastimosamente, no ganamos, aunque sí quedamos finalistas. Fui a cambiarme de ropa antes de regresar al salón; no me sentía muy cómoda usando vestido.
Mateo me estaba esperando con las flores que me había regalado. De verdad eran hermosas.
—Te acompaño hasta la salida, linda —dijo antes de tomar mi mochila y comenzar a caminar conmigo. Él también se había cambiado y llevaba el uniforme de deportes de la institución.
Cuando llegué a mi casa, fui directo a mi cama después de poner las flores en agua. Entonces me permití pensar en lo que realmente sentía por Mateo.
¿Lo amaba de verdad?
Yo creía que sí, pero no sé por qué, a veces, siento que no es así. A veces pienso que confundí los sentimientos que tenía hacia él, o tal vez sí lo amé, pero pasó algo que hizo que ese sentimiento disminuyera.
No lo sé realmente, y eso me frustra muchísimo. Me molesta no saber qué es lo que siento y no poder tener el control de las cosas.
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Editado: 25.05.2026