El tercer muerto

Capitulo 5


— ¡Dios mío! – susurró Rita aterrorizada.

Erik se levantó.

— ¡Me voy allá!

La chica lo miró con ojos abiertos al máximo.

— ¿Para qué?

— ¡Tengo que atrapar a esta mierda de una vez por todas! Así resolvemos el misterio de las muertes. Creo que alquilen la está entrenando.

— ¡No vayas! ¡Hay que llamar a la policía!

— ¿Y qué les vamos a decir? ¿Que tenemos una víbora que se mete en la cabeza de la gente? Mejor llamemos a un zoológico.

El celular tambaleaba en las manos de Rita. No se podía acercar la imagen, pero parecía que la víbora se metía cada vez más en la oreja del muerto.

Eric miró alrededor buscando algo para pegar a la serpiente.

No encontró nada.

— ¡Ten cuidado! – pidió Rita rogando.

Erik asintió con la cabeza, — ¡Seguí vigilando!

A paso rápido el doctor salió del mostrador y se fue por pasillo.

Rita miro tras él preocupada. Pensó un segundo, tomó el teléfono de línea y marcó tres dígitos. La atendieron después de dos "bip".

"Nueve once. ¿Cuál es su emergencia?"

 

Hasta la habitación "14" eran solo dos pasillos. Erik iba a paso rápido casi corriendo. Por el camino no encontró a nadie. Nadie a quien pedir ayuda.

Pasillos vacíos.

Sin detenerse, por el camino Erik agarró un guardapolvo medico tirado en una camilla y envolvió el brazo para prevenir las mordeduras de la serpiente.

"Ojala que no llega escapar este reptil maldito".

Faltaba algo para golpear. Un soporte para suero le vino bien.

Y ya cuando Erik estaba a solo la mitad del pasillo para llegar a la maldita habitación 14, un grito atruendo reventó toda la clínica. Era rugido de un animal. Sin terminar, el sonido se convertido en un aullido del dolor y rabia.

Erik se detuvo shokeado. Una ola de hielo se le pasó por la espalda. Se quedó parado en el medio del pasillo con un brazo envuelto en el guardapolvo, y con el soporte de suero en el otro.

Gritaban, de la habitación 14.

 

El aullido seguía rebotando por las paredes. Erik ya no estaba tan seguro de querer entrar a la habitación. Una cosa agarrar a una víbora, otra cosa a un ser misterioso que puede gritar de este modo.

Tampoco estaba seguro que no fue el grito del muerto señor Collins.

De repente el grito se cortó.

Erik respiró profundo. Con las piernas flojas se acercó a la puerta de la habitación.

"Pase lo que pasé".

 

Erik abrió la puerta de golpe y entró. Se quedó parado en la entrada, dejando la puerta abierta.

Se quedó parado con el palo de acero levantado. Esperó que los ojos se acostumbraron a la oscuridad sin despegar la mirada de la cama.

Estiró la mano temblando y prendió la luz. La habitación estaba intacta. El pobre señor Collins estaba ubicado en la misma posición. Solo que debajo de la sabana que le cubría el rostro se chorreaba al piso un líquido marrón, casi negro, haciendo un charco oloroso. Un espanto de olor.

Erik se afinó el oído. Pero se escuchaba solo su propia respiración. El celular se congeló en la mano.

- ¡Rita! – pegó un grito al celular.

- Te escucho Erik!

- ¿Viste algo que pasó acá?

- Casi... nada... — la voz de la chica temblaba. – Solo... el cuerpo se sacudió... después se movió... y quedó así... como está ahora. Y... la víbora desapareció.

Una bola de hielo le pasó por la espalda de Erik. Probablemente la víbora esta en algún lado de la habitación. Y puede atacarlo en cualquier momento.

Erik despacio se acercó a la cama con el soporte de acero levantado. La víbora no se veía en ningún lado. Tampoco se escuchaba.

El doctor arrugó la nariz de un fuerte olor a cuerpo muerto.

El muerto no se movía. El líquido seguía saliendo de su oreja. El charco llegó a los pies de Erik. El doctor hizo un paso atrás.

"¡Esto tiene que tener una explicación! Por la puerta no salió nadie, ventanas están cerradas, no hay agujeros en el techo... y yo no estoy loco. Al menos que acá estuvo algún animal fantasma que traspasa las paredes".

Erik despacio rodeó la cama.

Y quedó duro, como si estaba hecho de cemento.

Delante de él, en el piso estaba tirada la "víbora".

Era nada más que una manguera enroscada. En la punta tenia aguja. Era una simple manguera del hospital. Transparente, pero ahora llena del líquido marrón por dentro.

Erik suspiró con alivio.

"Bien. Ahora hay que encontrar a la bestia que uso éste "reptil plástico".

Con cuidado, y casi sin asco (por ser un doctor) Erik se agachó para levantar la manguera. Y...

... Allí vio por donde entró la bestia.

Bajo la cama, una de las placas del piso estaba movida, abriendo un rectángulo negro. Era un agujero bastante grande para que pasa un hombre o un animal de tamaño mediano.

Erik ya estaba cansado de estos juegos, cansado de asustarse, cansado de su propia curiosidad.

Entones tiró al piso el soporte de suero, manguera, desenroscó el guardapolvo del brazo. Se agachó y corrió la placa.

"¿Erik, como estas? ¡Responde! – la voz de Rita por el celular sonó como un trueno.

Erik se estremeció.

— ¡Lo tengo Rita! — dijo el doctor al celular y saltó al vacío. 

 




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