El tesoro al final del mundo

Capítulo 84

Era noche Raven ordenó preparar un banquete para cenar en el salón. Era para celebrar, aunque no dijo qué. Igual todos entendíamos. El aviso del banquete corrió por la falda de la monja y entrada la noche todo el castillo estaba lleno de delincuentes, navegantes y mujerzuelas.

Había alcohol, mucho alcohol, y también opioides que no supe cómo entraron al castillo, pero daba igual. Raven invitó al personal del castillo a participar si lo querían o a retirarse. Nadie tenía que cumplir con su labor. Y aunque algunos se miraron con desconfianza y salieron, otros tomaron botellas y se dejaron llevar. La música resonó en el salón. Mujeres y hombres aparecieron con instrumentos y cuando Layla se acercó comenzaron a tocar y a cantar.

Fue como una noche en la taberna. Con alcohol, con música, con Tajo repartiendo bebidas con el brazo vendado y con ayuda de algunos niños que se hacían cargo de las bebidas. Parecía contento, como si por un momento pudiera volver a ser el niño de la taberna, como si aquel fuese su lugar. Y cuando me miró sentado del otro lado de la mesa sus ojos brillaron de una manera especial, diferente. Y le sonreí colocándome a su lado, ayudándome con lo que tenga, dandole un momento para imaginar que volvíamos a ser niños.

Reconocí alguno de los hombres que me atacaron unas noches atrás, y sabía que si me descuidaba volveríamos a pelear, pero no importaba. Estaban entretenidos con Layla y su vestido ligero, y ella usaba todos sus encantos para llevarse dinero y joyas. También parecía contenta.

Vi a Jet una sola vez esa noche. Casi al comienzo, cuando pidió un vino para irse a la habitación y Raven lo llamó amargado. Casi discutieron y supe por las mirada de Tajo que era normal, pero al final el pirata se entretuvo con una mujerzuela que entró preguntando por la fiesta y Jet se retiró en silencio, diciendo que no lo molestaramos a menos que sea importante.

Y por importante, según Tajo, era que el cielo se caiga o que la isla se hunda, lo que era poco probable.

Eric fue el único que se quedó a un lado, apartado, bebiendo en silencio y leyendo algo bajo la tenue luz de una vela. Raven intentó molestarlo algunas veces, lo llamó, derramó bebida, le envió algunas mujeres y algunos hombres, pero Eric los ignoró y el pirata terminó por rendirse. Daba igual, dijo, la fiesta no era para él sino para ellos.

Y por ellos yo imaginaba solo a Tajo. Me preocupaba su herida pero sabía que estaba bien. Se veía mejor que antes, más aliviado, más ligero. Caminaba con seguridad y cuando pasaba por mi lado aprovechaba la ocasión para tocarme el hombro, la cintura, el brazo, la mano y algunas veces el trasero. Sonreía, no dejaba de reírse, y eso me encantaba. No podía esperar a que todo terminé, a volver a la habitación.

Demonios, un par de veces se inclinó sobre mi hombro desde atrás y rozó los labios en mi cuello. No sé cómo hacía para contenerse pero yo apenas podía. Lo miraba apartarse con una sonrisa traviesa, continuar sirviendo bebidas como si nada, y el calor me cubría por completo. Tenía que controlarme. Debía controlarme porque el calor que de repente sintieron todos dentro y que los obligó a abrir cada puerta y ventana de la planta baja, fue por mí.

Luego de eso, Tajo me miró con una ceja alzada, sudado y con el rostro enrojecido por el calor, y rió sacudiendo la cabeza. No volvió a hacerlo.

Para cuando el sol volvió a salir ya no quedaba nadie en pie. Decenas de hombres y mujeres dormían en el suelo abrazados a algo, una mujer, una botella, una lámpara, una silla, y algunos a cosas más extrañas. En la cocina se habían alojado los fanáticos del opio y los que no cayeron desfallecidos por tanto fumar se habían ido rápido para volver a sus vidas normales. Al menos hasta que la abstinencia haga lo suyo. En el jardín encontramos más personas, desnudas, apiladas, separadas y una que se durmió encima de un arbusto. También al herrero que se durmió junto a uno de los tipos que quiso atacarme y a un guardia que parecía haberse vomitado encima. Todo muy asqueroso.

Tajo terminó con las bebidas, le dio dinero a los niños que ayudaron y los envió a casa. No hubo espacio para protestas, él no los quería ahí, y los tres entendieron el mensaje. Tajo dijo que les rompería los dientes si los veía beber o tocar algo de los adultos. Nadie lo vio hacerlo, pero le creyeron. Hasta yo lo hice y me pregunté si su padre lo había hecho alguna vez, si lo amenazó de la misma manera, si le hizo daño para mantenerlo lejos del daño mayor.

Tomamos dos de las últimas botellas y buscamos un lugar para descansar en el salón de té, junto a los ventanales con cortinas que ocultaban el enorme e inmenso mar. Tajo había apartado una botella de ginebra para Layla y cuando ella le miró se rió y bebió. Apartamos las cortinas, nos sentamos en el suelo y suspiramos.

—Creo que dormiré todo el día —dijo Layla y nos sonrió mientras se tocaba los bolsillos y hacía tintinear el botín de toda la noche—. Podré comprarme joyas con todo lo que robe.

Tajo tomó la botella y bebió.

—A tí no te gustan las joyas…

—¿Tú que sabes? —bufó ella quitándole la botella y sonriendo de manera burlona—. Mi marido, el conde, me regaló suficientes para que comiencen a gustarme…

—Pobre hombre —resopló Tajo y ella lo golpeó—. ¿A tu marido también lo golpeabas…?

—No —dijo ella y encogió los hombros molesta—, él era un hombre decente.

—Hasta que te conoció —dijo él y las mejillas de Layla se tornaron rojas cuando sonrió orgullosa. Alzó la botella, bebió y cuando me la tendió la imité.

—Fuiste la más astuta de todos —solté y me miró altanera.

—Lo sé. No pienses que te menospreció —continuó riendo—, pero la comida de algas no era tan rica. Sienna la odiaba.

Me reí.

—Lo sé. —Nos reímos y al voltear la cabeza miramos a alguien nuevo entrar a la habitación. Estaba ebrio, muy ebrio. Vi la figura entrar y detenerse a mitad de camino mirando la habitación hasta detenerse en nosotros. Tomó una respiración profunda cuadrando los hombros y se acercó apresurado.



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En el texto hay: boylove, friends to lovers, enemis to lovers

Editado: 27.03.2026

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