El tesoro al final del mundo

capítulo 85

—Debo buscar algo —dijo Tajo, y al mirarme sus ojos parecían los de un animal, asustado, acorralado. Miró a Layla a mi lado, pálida y pequeña, y luego a Raven—. Debo…

—Vete —le dijo el pirata tendiéndole un arma—, ayuda a ese marino con Jet, llévalo al muelle.

Silencio.

Tajo de dudó de nuevo pasando la mirada de Layla a mí. No quería separarse, lo entendía, pero también veía en su expresión algo que no me gustaba. El deber, una contradicción, una obligación. Me obligué a sonreír como si mi corazón no marchara acelerado, como si mi interior no entendiera que algo malo estaba por pasar.

—Ve —solté, y alcé la mano que sujetaba la muñeca de Layla—, yo la cuidaré. Tranquilo.

—Baker... —dijo vacilante y un nudo se cerró en mi interior. Sacudí la cabeza.

—Tranquilo, nos vemos en el barco, ¿bien? Te esperaremos...

—Niño, ya vete —gruñó Raven de mal humor. Se volteó para darle la espalda, ocultándolo de mi vista e ignorando su presencia. Me tendió la espada—. Iré a liberar a George y a mi madre, tendremos unos minutos antes de que los guardias nos acorralen… —Parpadeé sin entender y estiré el cuello para ver a Tajo. Pero él ya no estaba. Raven sacudió la mano frente a mi rostro—. ¡Oye, niño, concentrate!

Tomé una respiración profunda, extraña, y miré en dirección a su habitación pensando en la pluma. No la necesitaba, estaba seguro, pero la idea de que algo a lo que mi padre le temía esté por allí me hizo sentir extraño.

—Hay que preparar el barco —dije señalando a Layla a mi lado.

—El barco ya esta preparado para zarpar —dijo Raven—, Tajo había pactado dos días y ordené que lo tengan listo para hoy. Debemos ir al barracon del rey, al Norte.

—¿Cuánto hay hasta allí?

Oímos un estallido, algo fuerte que retumbó en todo el pasillo, y luego gritos.

—Mierda —dijo Raven desenfundando el arma—, no importa, ve a los establos. El viejo esta esperando…

Asentí y volví a mirar hacia donde Tajo había partido. Tenia una mala sensación. Algo estaba por pasar. Otro estallido resonó cerca y me obligué a moverme hacia las escaleras. No era momento de pensar.

Pasamos junto a la habitación de Layla, corrimos unos metros más y al pasar por la habitación de Tajo me detuve. Había alguien allí. Me acerqué confundido, mirando las pilas de libros desparramadas, las hojas, los mapas. Era un desastre extraño, nuevo. Alcé la mirada hacia Eric junto a la cama y tragué saliva al reconocer la bolsa que por un año había protegido sobre las sabanas empapadas de algo que parecía ron. Olía a ron.

—¿Qué haces? —pregunté observando cómo arrancaba hojas de libros y las lanzaba sobre la cama. Tomó una botella de ron blanco del suelo, lo vertió sobre la cama y la volvió a dejar a un lado. Tomó otro libro y comenzó a destruirlo. No se detuvo al verme, estaba enrojecido, cubierto de sudor, pero sus ojos brillaban con algo parecido al miedo.

—Debo destruir todo esto —dijo, y señaló los diarios encima de la cama, las hojas, los recortes y libros.

—Eso no deberías decidirlo tú —gruñó Layla junto a mí y de repente su semblante se volvió de piedra. Era ella de nuevo.

Eric la miró sin detenerse. Lanzó las hojas, otro poco de ron, tomó otro libro y comenzó a romperlo.

—Si Tristan descubre lo que dicen los diarios todo por lo que peleo Noelia sera en vano —magulló con los dientes apretados por el esfuerzo.

—Pero destruirlo pondrá en peligro a Tajo —replicó Layla, y yo miré parte de los libros en la cama. No todos eran los de Noelia, podía reconocerlos después de tanto tiempo. Había también libretas, hojas escritas, diarios de colores diferentes. No, no eran de colores diferentes, eran diferentes. Eran las libretas de Tajo.

Di un paso dentro de la habitación.

—Detente —ordené.

—Baker, piénsalo bien —dijo Eric lanzando más hojas arrancadas sobre la cama—, si Tristan llega al otro lado, las personas como tú estarán en peligro. Los usaran para gobernar por la fuerza...

Sacudí la cabeza.

—No me importa. Si Tristan obtiene esos diarios Tajo será libre.

Eric no se detuvo, lanzó otro libro, ron, más papeles, y bufó.

—No entiendes…

Avancé hasta él.

—Dije que te detengas —gruñí, y él alzó una vela encendida como advertencia.

—Baker, no entiendes qué está en juego —dijo con voz baja, cansada. Alcé la mano y con un movimiento de dedos apagué la llama de la vela. Él me miró asombrado, lanzó la vela apagada a la cama y suspiró derrotado—. Tajo nunca podrá ser libre.

—Eso no lo decides tú —gruñó Layla y Eric sacudió la cabeza.

—Si obtienen los diarios será prisionero de lo que suceda luego —dijo serio, irritado—. Sigue estando marcado, sigue siendo de ellos…

Apreté los puños con fuerza.

—Tajo ya no esta marcado.

Eric rió.

—¿Por qué tapaste la marca con otra? —dijo con ironía. Colocó los brazos sobre sus caderas y me miró un momento antes de volver a reír—. Oh dios, tú si que eres un idiota. Aunque se corté el brazo, aunque se rebane la carne, ¡él les pertenece!

—¡No! —respondí furioso—. Él no les pertenece. Nadie les pertenece. Las personas son libres, merecen la libertad...

—Eres un idealista, justo como lo era tu padre —exclamó con tono burlón, hostil. Bajó la cabeza, soltó algo parecido a una risa seca, y suspiró profundo—. Y así acabó, en el fondo del maldito mar.

Me lancé sobre él. No entendía por qué el cuerpo se me había calentado, por qué los puños de repente me dolían y los ojos me ardían, pero no le di mucha importancia cuando lo golpeé una vez. Eric retrocedió sujetándose el rostro con una mano, tomó un libro y me lanzó al rostro.

—No eres como él , aún puedes cambiar y vivir una vida digna —gruñó lanzando papeles, y no pude detenerme. Lo golpeé una vez, dos veces y él respondió lanzándome más papeles al rostro. El calor dentro de la habitación era asfixiante, podía sentir cómo la cabeza estaba a punto de estallarme. Eric retrocedía para tomar más objetos y me los lanzaba, hasta que de repente tropezó y me lance sobre él.



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Editado: 06.05.2026

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