El tesoro al final del mundo

Capitulo 86

El ruido, el fuego, los gritos, todo regresó como una ola que me golpeó el pecho vacío. El aire volvió de golpe. El mundo también. Me tambaleé al bajar el último escalón y miré alrededor con una mano apretando mi camisa. Era extraña, la sensación, el peso, el latido que llegué a sentir. Ya no estaba. No lo sentía. Pero igual se sentía extraño, incómodo.

—¡Baker! —gritó Raven unos escalones detrás mío—. ¡Muévete rápido o te disparo!

Lo intenté. Me temblaban las piernas. No, el suelo vibraba y no me permitía enderezarme.

Apreté los dientes para concentrarme en correr. El techo cedía, el humo negro, oscuro, seguía devorando parte del castillo. No podía detenerme, tenía que continuar. Miré de reojo a Raven saltar los últimos escalones con el arma alzada y giré la cabeza en busca de marinos. Si el Jinete había llegado hasta allí significaba que los marinos también.

Quizás era una trampa, pensé corriendo a la salida del castillo. El techo había cedido allí, había escombros y pedazos de madera ennegrecida, pero no nos detuvimos. Teníamos que llegar a los establos. Estábamos cerca, oía a lo lejos los caballos relinchando descontrolados, oía la tormenta que rompía en el cielo, los truenos.

Pero ¿y si era una trampa?

Cruzamos el aguacero tan rápido como fue posible y me detuve un momento en la puerta del establo para respirar. Todavía sujetaba la frente de la camisa, sentía algo frío allí, un vacío incómodo. Estaba inquieto. Miré la tormenta, no era tan fuerte como otras, podríamos llegar al barco y zarpar.

Me volteé hacia el interior del establo. Tajo aún no había llegado, Jet tampoco, y el marino…

Apreté los labios y busqué en la entrada al castillo algún indicio. Nada. O ellos habían salido, o era una trampa.

Por un momento pensé en el marino, en la manera en que nos confesó que los jinetes venían por Tajo. Él dijo que iba en contra de su deber, que no debería porque éramos piratas. No me costaba imaginar que fue todo planeado. Pero cuando Layla habló todo fue diferente. Su mirada fue sincera, el desconcierto, el horror, la preocupación. No podía fingir que ella le importaba.

Paseé la mirada por las ventanas superiores observando el fuego que creía y hacía estallar los vidrios. Había cortinas quemadas, oía gritos que supuse eran de los quedaron atrapados y buscaban salida, pero no veía a nadie salir. Hasta que una sombra me hizo alzar la mirada a la tercera ventana del último piso. La ventana de Jet. Una sombra oscura se detuvo frente al vidrio, parecía mirarme, pero no se movió, no reaccionó. Solo me observó mientras el pesar en el estómago se volvía peor, insoportable.

—¡Baker, ven! —gritó Raven y al girarme lo vi encima de un carruaje con caballos oscuros. Estaban inquietos y al acercarme se levantaron en las patas traseras relinchando. Pero el pirata tiró de las cuerdas—. Solo queda un carruaje, Tajo llevó el otro al muelle.

Una oleada de alivio me recorrió el cuerpo y me acerqué a ayudarlo.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté y él gruñó pasando las cuerdas por un pequeño gancho para tener más comodidad.

—Los vi partir antes de volver por tí —respondió tomando asiento en la parte delantera. Se acomodó el arma, una botella que no sé de dónde sacó y me señaló el interior del carruaje—. Vamos, sube.

—Layla… —logré decir, girando la cabeza y abrí la puerta al pequeño cubículo. Parpadeé.

Eric la sostenía. Ella estaba consciente, pero apenas. Tenía quemaduras graves. Su rostro estaba cubierto de hollín, los labios partidos, los ojos se clavaron en mí con miedo. Tomó una respiración temblorosa y se dejó caer hacia atrás con alivio.

Entré y me senté en frente de ambos descubriendo la diminuta ventana para ver el vehículo avanzar. Vi las patas de los caballos, las ruedas girando y luego una sacudida que casi nos lanza al suelo. Layla soltó una mueca de dolor y Eric la envolvió para devolverla al asiento con cuidado de no tocar sus heridas.

Raven gritó algo a los caballos y el carruaje se volvió a sacudir. Pero esta vez no se detuvo y avanzó con rapidez en alguna dirección. Sentí el traqueteo bajo los pies, las sacudidas del empedrado y la lluvia golpeando el techo. El carruaje dio un salto y oí la risa de Raven antes de que las ruedas giraran sobre el césped. Los arbustos, los rosales, las estatuas, el césped y los arreglos que la familia real mantenía por estatus eran destruidos por los movimientos del pirata que reía por encima de la tormenta.

Lo ignoramos. Eric con los labios apretados, Layla semi consciente y yo… inquieto.

—Baker —llamó Layla y la miré. Cada vez estaba más pálida y aunque sus heridas ya no sangraban no se veían bien. Comenzó a moverse, estiró los brazos con los dientes apretados por encima de los pliegues de su vestido, rebuscó y sacó el pequeño cuaderno que logró rescatar del fuego con una pila de hojas encima. No, no era una pila de hojas, eran las cartas de Tajo. Abrí la boca, la cerré y miré sus dedos aferrados al papel—. Tomalo, no sé cuánto estaré consciente y Eric podría intentar quemarlas.

Eric a su lado rodó los ojos, pero no dijo nada.

Tomé la libreta y las cartas.

—Cuando lleguemos al barco te curaras —dije, y Layla sonrió sin ganas y asintió, cerrando los ojos para descansar.



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En el texto hay: boylove, friends to lovers, enemis to lovers

Editado: 06.05.2026

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