El tesoro al final del mundo

Capítulo 87

Miré las puertas por milésima vez y esperé. Se oían golpes, como siempre. Pero nadie llegaba. Al comienzo pensé que sería ese idiota con más palabrería, lo esperé encadenado, con ganas de incendiar todo ese… bien, no sabía dónde estaba, podría ser tierra, podría ser mar, podría ser cualquier cosa porque no llegaba nada hasta dónde yo estaba. Pero fuera lo que fuese, nadie sobreviviría al fuego. Me enderecé, tomé una respiración invocando desde adentro la chispa y justo antes de liberarla, antes de arrasar con todo, cruzó por mi mente la idea de que Layla podría estar cerca. Layla o Eric. Layla, Eric, Raven, Jet o Tajo podrían estar en los alrededores. Y por mucho que desee huir, no iba hacerlo de manera tan inconsciente. Además, la melodía de mi destino vino a mi mente como un murmullo. No, no podía hacerlo, no quería convertirme en una condena.

Entonces decidí esperar. Al comienzo conté las horas, pasaban cinco y rasgaba con la uña una diminuta línea en mi piel. Pasaban otras cinco y lo repetía. Cuando las líneas se volvieron seis mi estómago comenzó a hacer ruido. El trasero me dolía por estar tanto tiempo sentado y los brazos se me entumecieron. Conté la séptima línea y lancé la cabeza hacia atrás con un suspiro.

—Al menos pueden liberarme de la silla —bufé por lo alto, porque no tenía que ver a las personas del otro lado de la puerta para saber que estaban oyendo y mirando—. ¡A los otros los dejaron libres en la celda, ¿por qué a mí no?! ¡Mi trasero sufre, por favor! ¡Oigan! ¡Oigan sé que están oyendo!¡Los veo! ¡No se escondan! ¡Vuelvan! ¡Escuchen! ¡Está bien, hagamos un trato! ¡Yo no haré nada y ustedes me dejarán libre! ¡No libre de libre, solo necesito estar de pie! ¡Me duele el trasero! ¡La madera de la silla es muy dura, pero creo que se esta deformando por todo el tiempo que llevó aquí! ¡Eso es cruel! ¡Pobre madera! Oigan…!

Y no me detuve por un buen rato. Pudieron ser horas, pudieron ser días, no lo sé, pero cuando la cerradura sonó y el guardia entró con el ceño fruncido pensé que me iba a dar un puñetazo. Y lo hizo. Primero me libero y, cuando estuve parado masajeándome las muñecas, me dio un golpe en el estómago. Fue bajo, le dio tiempo de huir por si yo faltaba a mi palabra, pero qué podría esperarse de ellos. Los marinos nunca perdían oportunidad de golpear.

Cuando pude recomponerme un poco miré la puerta cerrada, oí los pasos ir y venir, y comencé a caminar de un lado al otro pensando en cómo huir. Pero no podía hacerlo, estaba demasiado hambriento para pelear y necesitaba descansar. Alcé las manos y me toqué el cuerpo en busca de las cosas que Layla me dio antes de que el carruaje vuelque. Palpé los bolsillos, la ropa interior, palpé todo y suspiré. No me extrañaba que me hayan quitado todo, hasta el collar de perlas que me dio mi padre.

Me acerqué a la puerta y antes de apoyar la mano oí una voz.

—Si tocas la puerta dispararemos —dijo con tono amenazante. Tomé una respiración mirando alrededor en busca de armas, luego a la puerta y rodé los ojos.

—¿Me darán de comer o piensan matarme de hambre? —pregunté molesto, pero el guardia repitió la advertencia. Apreté los puños y me volteé molesto. Caminé de un lado al otro, la chispa saltaba entre mis dedos, quería provocar un caos, pero no lo permití. Entonces fui por lo que funcionaba—. ¡Tengo hambre! ¡Nadie tiene nada para comer! ¡Así tratan a sus prisioneros! ¡Esto es inhumano! ¡Quiero ver a Tristan! ¡Exijo ver a Tristan! ¡Exijo comida! ¡Oigan! ¡Oigan…!

Pero por mucho que grite nadie volvió y tuve que marcar cuatro líneas más. En total eran once, quizás doce porque un par de veces perdí la cuenta. Once líneas, casi dos días y medio. Mierda.

. . .

Uno, dos… diez, once… dieciséis, diecisiete… Eran tres días y medio. Miré la puerta y las sombras debajo. Apenas se movía. Con el paso del tiempo comencé a creer que querían que muera. Tenía sentido, no me dieron comida, tampoco agua y menos un balde para hacer mis necesidades. Era algo realmente triste… y asqueroso, sobre todo por la esquina donde dejaba mi orina. El cuerpo me dolía por la falta de alimento y movimiento, cada tanto me levantaba, caminaba y saltaba, pero no era lo mismo. Yo no era alguien que pudiera estar encerrado. Necesitaba sol, mar, necesitaba la brisa en el rostro y la inmensidad del horizonte frente a mí.

Me entristecía un poco no tener eso, y a veces, cuando dormía y soñaba que estaba en el barco de mi padre, que el agua revolvía el casco y toda la tripulación me sonreía acostumbrados a el día a día, me despertaba con un dolor profundo dentro del pecho. En esa celda no podía sentir el calor del sol que había en mis sueños, no podía sentir la ligereza del agua al sumergirme ni la brisa que sacudía el cabello de mi padre. Solo sentía frío, dureza y vacío. Apretaba los ojos con fuerza, abrazándome el estómago en un intento de apagar el dolor, tomaba una respiración profunda y me obligaba volver a dormir.

. . .

Hacia la línea veintidós dejé de contar. Cinco días sin comer ni beber nada me estaban volviendo lento. Creo que fueron más de cinco días, no lo sé. Quizás siete. Nadie vino. Dormía, me despertaba, me volvía a dormir y el tiempo seguía pasando. Ya no orinaba, no tenía qué, y aunque el olor era insoportable me acostumbre. Solamente cerraba los ojos y soñaba.

Una vez soñé que quien abría la puerta era mi padre, sonreía de oreja a oreja y me decía que me habían estado buscando, que el barco se hundió pero la tripulación se salvó. Podía volver a mi lugar junto a ellos, volveríamos a recorrer el mundo y a divertirnos entre saqueos. Y yo me levantaba entusiasmado, ya no sentía dolor ni hambre, no sentía nada. Corría tras de él por un pasillo que al final tenía una puerta que daba al mar. Ahí la brisa le alborotaba el cabello y el sol me hacía brillar la piel. Mi padre me miraba con esa sonrisa de orgullo y preguntaba a dónde iríamos primero. Y yo sentía que el corazón se me apretaba con fuerza y que el calor nacía en mi vientre. Decía que teníamos que ir con Tajo, y él se reía y decía que sí, cuando subamos al barco nos iríamos a la isla.



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Editado: 06.05.2026

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