El tiempo de Jordane

Celebración de muerte

Por la tarde Jueves 16 de abril

Cuando Jordane se bajó del taxi al llegar a su casa, recordó que había olvidado sus llaves en el escritorio de su habitación. Así que con una sonrisa de disculpa en el rostro, tocó la puerta de su propio hogar. Jon Harris abrió sin sorprenderse por el hecho de que su nieta no llevara llaves consigo; esto sucedía a menudo, así que simplemente la saludó con una cálida sonrisa que hizo que sus ojos se volvieran pequeños. El abuelo paterno de Jordane era bastante enérgico para los años que tenía. Bajo y de piel morena, era lo contrario a su hijo (el padre de Jordane), o al menos, eso era lo que él le había contado una vez a espaldas de Mabel.

El perfume cargado de Jon la golpeó al pasar por su lado para entrar. Cuando llegó a la pequeña sala de estar, puso las compras en la mesa de centro.

—¿Ha llegado ya Ken?

—No —respondió su abuelo mientras sacaba las cosas de las bolsas. —Ha dicho ayer que tendría práctica de fútbol con sus amigos y después llegaría con ellos. —Pausó un momento su labor para mirar a su nieta. —Tu madre ha vuelto a olvidar de que todos los amigos de Kenneth vendrían a comer, ¿no es así?

Jordane lo miró triste.

—Trabaja demasiado, no la culpes, he traído un par de cosas de fiesta y el pastel —comentó después de dejar la tarta en la mesa, —también ingredientes para sushi —su abuelo la observó entre sorprendido y preocupado. —Tranquilo, abuelo, no gasté demasiado tiempo, estaban de oferta. Además, utilicé un poco de lo que gano y otro tanto del que mamá me dio —mintió.

Jon no lucía muy convencido, mas no dijo nada. Tomaron todos los ingredientes para sushi y se dirigieron a la cocina. Hombro con hombro, comenzaron a hacer la comida.

Kenneth (o Ken, como a Jordane le gustaba llamarlo) era su primo, sobrino de su madre. Vivía con ellos porque hacía diez años que sus padres, Lisa y Kevin (hermano de Mabel), habían fallecido. Había pasado ya tanto tiempo, pero Jordane aún lo recordaba, Kevin había muerto por falta de tiempo y Lisa unos meses después de él por depresión, resultando en suicidio. A Kenneth no le gustaba hablar de ello a pesar de que casi no los recordara.

Jon, Mabel y Kenneth eran la única familia que le quedaba a Jordane. El haber tenido once años cuando fallecieron sus tíos hacía que los hubiese conocido más que Kenneth (él tenía cinco por ese entonces). Los años que había convivido con su tío Kevin los amó hasta el último segundo; Lisa también había sido muy cálida, pero de una manera distante. Por lo que, cruel o no, su muerte no le había dolido tanto a Jordane, además estaba el hecho de que ella aún la culpaba por haberse suicidado; si no lo hubiera hecho Kenneth tendría al menos una madre.

Morir por falta de tiempo, como Kevin lo hizo, era algo que ocurría con regularidad entre la gente “pobre”. Los trabajos eran muy mal pagados, o simplemente no los había. La eternidad y la buena vida solo se la podían permitir los magnates porque el hecho de que la paga fuera con su vida frenaba a muchos a gastar desquiciadamente, al menos la mayoría de las veces. Miles de personas morían a diario porque no solo el comprar o saldar una deuda gastaba tu tiempo de vida, sino también el mismo paso del tiempo. Minuto a minuto, la vitalidad se escurría de los cuerpos sin que se pudiera hacer nada.

Había mayormente dos tipos de personas en una sociedad así. Los sobrevivientes eran los que, aunque tenían solo días de vida entre paga y paga, salían adelante. Los ricos eran aquellos que acumulaban años y años de tiempo en cuestión de días, aquellos que jamás envejecían, a los que las enfermedades no atacaban, ya que los virus preferían a los menos afortunados. Esos magnates que solo morían por accidentes o asesinatos. Por supuesto, también había personas con economía en término medio; estas tenían trabajos estables y vidas medianamente largas. La familia de Jordane no era una de ellas. Era un mundo cruel y de pocas personas, donde no podías cometer errores o terminabas muerto.

Cuando por fin terminaron de preparar la comida junto con las bebidas y las hubieron llevado a la sala, se escuchó un toc toc en la puerta.

—Deben ser Cameron y Roland, los he invitado, espero que a Ken no le importe —dijo Jordane a su abuelo.

—¿Cameron? —Jon alzó ambas cejas —dudo mucho que Kenneth se moleste por eso —apretó los labios para reprimir una carcajada —yo diría que más bien estará encantado.

Jon y Jordane rieron de su pequeña broma privada hasta que los toquidos volvieron a sonar con más insistencia y ella tuvo que encaminarse a la puerta. Al abrirla, se encontró con la sonriente cara de su amiga Cameron luciendo su nuevo y brillante tono naranja de cabello.

—Pues… —comenzó Jordane —creo que este te queda mejor que el rosa chillón de la última vez.

Cameron rio y Jordane se hizo a un lado para dejarla pasar. Su extravagante amiga era ligeramente más baja que ella, con más curvas, de piel bronceada (artificialmente), ojos café oscuro, y por supuesto, con el cabello de un color diferente cada que podía. Ambas se habían conocido en la primaria, por aquel tiempo en el que eran jóvenes sin preocupaciones, y el cabello de Cameron era castaño oscuro.

—¿Y tu hermano? —preguntó Jordane mirando hacia la calle por la puerta todavía abierta, en busca de Roland.

Cameron se encogió de hombros al responder:

—Dijo que debía recoger algunas cosas en la estación, vendrá en un rato más.

Jordane se relajó notablemente, no era que la presencia del hermano mayor de Cameron fuera non grata, no. Era el hecho de que Roland fuera un investigador policíaco; eso hacía que ella se sintiera más sucia por su doble vida. Aunque, por supuesto, esa culpa no era nada en comparación con la incomodidad que sentía al saber a ciencia cierta que él gustaba de ella. Jordane siempre había sido muy torpe en el amor, y después de lo que había pasado con Tristán, no se imaginaba volver a caer en el juego.



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En el texto hay: romance, magia, tiempo

Editado: 30.06.2026

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