El Tigre y el Dragón

Capitulo 12. Demonio o Dios

Rurouni Kenshin

El Tigre y El Dragón

Wingzemon X

Capitulo 12
Demonio o Dios

Shanghái, China
19 de Octubre de 1877 (4574 del Calendario Chino)

No pudo dormir más de dos horas, pero aún así no se sentía cansado. Estando sentado en su silla frente a la ventana de su cuarto, el amanecer se le presentó inesperadamente. Pensó por unos instantes que, pese a todo, era un espectáculo hermoso el que veía. ¿Cuál había sido la última vez que se había quedado despierto, simplemente para ver el sol nacer y disfrutar de esa hermosa mezcla de colores fríos y cálidos? Hacía años quizás. Pero la verdad era que no se había quedado despierto para ver el amanecer; ese sólo fue un apaciguador que había surgido luego de una larga y tormentosa noche entre él y sus pensamientos.

Tantas cosas le recorrieron la mente de Shougo Amakusa en esos momentos, y no podía concentrarse bien en ninguna. Ya tenía de por sí muchas preocupaciones, como para que Christopher Ribbons le hubiera metido éstas nuevas, y su hermana decidiera de pronto ser osada. Mucho que pensar, mucho que considerar, mucho que decidir. Había dedicado toda la noche en meditar sobre esa situación, y pensaba haber llegado a una resolución final sobre todo: sobre el Feng Long, su hermana, el Barrio Cristiano y la historia de Ribbons. Todo al final de cuentas parecía estar conectado por un pequeño hilo, e iba a arreglar todo de tajo; la visión del sol naciendo frente a él lo hizo consolidar aún más su decisión.

Un par de horas después, Kaioh llamó a su puerta. Le había hecho llegar un recado de que fuera a verlo en cuanto despertara, y al parecer había sido más pronto de lo que esperaba; mejor para él. Kaioh abrió la puerta y entró con cautela al cuarto. Podría notársele algo de duda, y sobre todo confusión. El hecho de que Shougo lo hubiera citado tan temprano, no podía ser nada bueno.

- ¿Quería verme, Shougo-sama? – Preguntó justo después de cerrar la puerta detrás de él.

Shougo permaneció sentado en su silla, volteado hacia la ventana. El sol ya estaba más separado del horizonte, y el puerto empezaba a moverse. Algunos barcos empezaban a ir y venir. ¿Christopher Ribbons iría en alguno de ellos? Anoche habían mencionado que hoy viajarían a Rusia. Una pequeña risilla se le escapó de los labios. ¿Por qué pensaba tanto en un sujeto que acababa de conocer, y sólo por unos minutos?

- Tú nuevo amigo, el señor Yukishiro, cenó anoche, a solas, con Sayo. – Le soltó de golpe sin volverse hacia él.

Kaioh se quedó pasmado. Al principio no había entendido bien, y luego pensó incluso que había escuchado mal.

- ¿Qué dice? – Exclamó sin poder salir de su asombro.

- ¿Tengo que repetirlo?

Detectó algo de molestia en sus palabras, lo cual era casi normal en él. Pero había algo diferente en esa ocasión; realmente parecía enojado. Parecía que no había lugar para dudar si lo que había dicho era cierto o no, así que debía de abordar con cuidado ese tema.

- No, no, claro que no, señor. – Empezó a explicarse, caminando hacia un lado de la habitación. – ¿Pero porqué?, ¿qué pasó?

Shougo suspiró y entonces se paró al fin de su silla, volteándose levemente hacia él, pero sin darle la cara por completo.

- Ese sujeto la abordó en el mercado, la invitó a cenar, y por alguna razón que todavía no acabó de entender, ella, no sólo aceptó, sino que se escapó y fue a la cena aún a pesar de que yo se lo prohibí.

Todo lo que acababa de decir estaba lleno de cosas casi imposibles de creer. ¿El jefe del Feng Long se había simplemente acercado a la joven y la había invitado a cenar?, ¿y ella había aceptado? ¿En qué momento había ocurrido todo eso?, ¿por qué no sabía nada? Por mero reflejo se dejó caer de sentón en la cama.

- Pero, ¿en verdad sólo fue una cena?, ¿no pasó nada... más...?

Shougo lo volteó a ver con una mirada, que de haber sido una espada, lo hubiera matado de un solo tajo. El sólo hecho que insinuara lo que insinuaba, no le era nada agradable, y eso se lo dejó muy claro sin pronunciar ninguna palabra.

- ¿Crees que te estaría hablando tan tranquilo de haber sido así?

¿A eso le llamaba hablar tranquilo? Como fuera, Kaioh empezaba a sentirse fascinado por el nuevo dato. Tosió un par de veces para aclararse la garganta, y entonces soltó su siguiente pregunta.




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