El Tigre y el Dragón

Capítulo 25. Regreso a Kyoto

Rurouni Kenshin

El Tigre y El Dragón

Wingzemon X

Capítulo 25
Regreso a Kyoto

Tokio, Japón
19 de Julio de 1878 (Año 11 de la Era Meiji)

Siete pescados fritos, uno para cada uno; ni uno más, ni uno menos. El reto sería cuidar que Sanosuke y Yahiko no comieran más del que les correspondía, pero no era nada con lo que ella no pudiera lidiar.

Era una tarde relativamente agradable, como para ir al patio del dojo y pasar un tiempo al aire libre con sus amigos. Kaoru colocó una hoguera en el centro del patio, y una pequeña parrilla sobre el fuego, para cocinar sobre ella los siete pescados que habían comprado en el mercado esa mañana. Había invitado al Doctor Gensai, Ayame y Suzume para que los acompañaran; la invitación estaba extendida a Megumi también, pero al parecer tenía otros planes esa tarde. Sospechoso, pero prefería no saber más al respecto. No necesitaba invitar de manera formal a Sanosuke, sabía que en cuanto oliera la comida gratis, aparecería ahí tarde o temprano, y tuvo razón.

La joven de cabello negro y largo, sujeto con una cinta azul celeste, se encontraba de cuclillas frente a la hoguera, con un pequeño abanico que movía de vez en cuando para mantener encendido el fuego. Usaba su hermoso kimono amarillo con estampado de flores rosadas. Mientras ella cuidaba la parrilla, y por supuesto los pescados sobre ella, Yahiko entretenía a Ayame y Suzume, jugando y corriendo por el patio, y Sanosuke y el Doctor Gensai jugaban una partida de shogi, sentados en el pasillo de madera.

Todos criticaban su habilidad  para cocinar, pero de todas formas se paraban ahí sin falta para poder comer a sus expensas. Pero estaba bien, en parte. Había pasado ya casi un mes desde que todos volvieron de Kyoto, y realmente no habían tenido mucho tiempo para celebrar su regreso. Además, las cosas estaban mejorando un poco. La habían invitado a dar algunas clases en algunos dojos amigos, y un par de nuevos estudiantes se habían acercado al suyo interesados en tomar clases durante esa semana. Al parecer ya todos los horribles rumores que se habían esparcido hace meses sobre el falso Battousai usando el estilo Kamiya Kashin, ya eran por completo cosas del pasado.

No quería, sin embargo, hacerse demasiadas expectativas tan rápido. Después de todo, el incidente del falso Battousai sólo era un factor que había provocado el declive de su escuela; de hecho, otros dojos también habían ido perdiendo a varios alumnos con el paso del tiempo. Los tiempos estaban cambiando, y aprender el uso de la espada ya no era la primera prioridad de las nuevas generaciones. Era algo triste, e inevitable al parecer. Pero mientras aún tuviera fuerzas para mantener ese sitio a flote, lo haría, sin importar qué.

Además, no estaba sola. Tenía a todos sus amigos, los cuales luego de todas las aventuras y desventuras que habían pasado juntos en esos meses, estaba segura que siempre estarían ahí para apoyarla: Sanosuke, Yahiko, Megumi, el Doctor Gensai, Tae, Tsubame… Y, por supuesto, también estaba…

Se despabiló rápidamente al ser consciente de que se había quedado largo rato pensando en todas esas cosas. Volteó a ver alarmada hacia los pescados, esperando verlos de seguro totalmente quemados. Por suerte, no fue así; de hecho, ya parecían estar listos y en su punto. Suspiró aliviada; de haberse quemado, no hubiera soportado las burlas y quejas de ese par de mequetrefes.

- ¡Creo que ya están listos!, ¡vengan! – Les anunció con entusiasmo, y rápidamente todos dejaron lo que estaban haciendo y se dirigieron hacia ella.

- ¡Qué bien huele! – Exclamó Sanosuke, un hombre muy alto y de complexión fornida, de hombros anchos. Tenía cabello café puntiagudo, y ojos serenos también color café.

- ¡A comer! – Le secundó Yahiko, un chico de estatura baja, de entre diez y once años, cabello negro, también algo puntiagudo, y tez ligeramente morena.

Ellos dos fueron los primeros en lanzarse en dirección a la hoguera como animales hambrientos.

- ¡Quietos ustedes dos! – Los detuvo la estructura de Kendo, mientras empuñaba el abanico que usaba, y los señalaba con él a modo de amenaza. Ambos se detuvieron en seco como si se tratara de la más letal de las armas, aunque más que por el abanico, parecía que lo que los había detenido había sido la mirada casi asesina de Kaoru. – ¡Es un pescado para cada uno!, ni uno más. Si alguno de ustedes se come más que eso, alguien se quedará sin comer. ¿Está claro?

- ¿Por qué nos estás diciendo estas cosas a nosotros? – Exclamó Yahiko, aparentemente algo ofendido.




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