🌕 Capítulo 4: La Luna y el Guardián
El torneo apenas había comenzado, pero ya tenía su primer vencedor. Zeus, el dios del relámpago, se había alzado sobre Thor, el dios del trueno. El público seguía eufórico, pero sabía que esto solo era el principio.
El presentador levantó la voz:
—¡Nuestros siguientes combatientes ya han llegado!
Desde lo alto del cielo, se escuchó un graznido imponente, un rugido que resonó como un trueno. Las nubes se abrieron y descendió majestuosa una criatura mítica: cabeza de águila, cuerpo de león, alas que cubrían el sol.
—¡El Grifo! —gritó el presentador—. Símbolo de sabiduría y fuerza, protector de secretos ancestrales.
Con otro graznido, el Grifo aterrizó en medio del estadio, su mirada firme, su porte digno. Estaba listo para luchar.
Pero entonces… el cielo cambió. Una gran luna llena emergió en el firmamento, y un aullido desgarrador estremeció la arena. La temperatura bajó. El ambiente se volvió tenso, inquietante.
Desde la entrada, una figura salvaje irrumpió corriendo en cuatro patas. Al llegar al centro de la arena, se alzó sobre dos piernas. Musculoso, cubierto de pelo gris, colmillos afilados y ojos amarillos como fuego.
—¡El Hombre Lobo! —anunció el presentador—. La bestia de las noches oscuras. Mitad hombre, mitad pesadilla.
La multitud rugió. La Luna contra el Guardián.
¡Que el combate comience! El Hombre Lobo, impaciente, cargó con furia bestial contra el Grifo, buscando degollarlo con sus garras. Pero el Grifo, con su sabiduría, invocó una ráfaga de viento que lo hizo retroceder, evitando el golpe por poco.
Con un graznido lleno de determinación, el Grifo tomó vuelo, sabiendo que en el aire tendría la ventaja.
El Hombre Lobo saltó con potencia, tratando de alcanzarlo, pero el Grifo volaba en círculos, esquivo, veloz. Entonces, desapareció de su vista. El Hombre Lobo, desconcertado, buscaba con la mirada.
¡Zas! El Grifo descendió en picada como un rayo dorado, intentando taclearlo desde el cielo. Pero los sentidos agudos del Hombre Lobo le permitieron esquivar y golpear una de sus patas traseras.
El Grifo chilló de dolor, pero no se detuvo.
El Hombre Lobo aprovechó la oportunidad y, con velocidad animal, se subió a su lomo, hundiendo las garras en su espalda. El Grifo giró violentamente en el aire, tratando de sacudírselo. Pero el licántropo se aferró con fuerza.
Desesperado, el Grifo cayó en picada, llevando su espalda hacia el suelo. Ambos impactaron con brutalidad.
Una cortina de polvo cubrió la arena.
Al despejarse, se vio a un Grifo sangrando de varias heridas y a un Hombre Lobo con las manos rotas y escupiendo sangre, pero aún de pie.
El Grifo intentó invocar una cuchilla de viento, pero el Hombre Lobo, incluso con sus piernas, esquivó con agilidad. Mientras el Grifo tramaba su siguiente movimiento, sobre la arena comenzaba a formarse un gran tornado.
El Hombre Lobo, gracias a su factor de curación, comenzaba a recuperarse. Sus brazos, aunque lentamente, sanaban. El Grifo lo sabía: debía actuar antes de que fuera tarde.
Con un movimiento repentino, se abalanzó hacia su oponente, lo sujetó con sus dos patas delanteras y lo llevó volando hacia lo alto.
El Hombre Lobo, desesperado, lo mordía en el cuello, intentando zafarse. Pero el Grifo no se detuvo.
Ascendían cada vez más… Hasta que el Hombre Lobo se dio cuenta de su destino: Justo encima de ellos giraba el gran torbellino que el Grifo había preparado.
—¡Nooo! —aulló, pero era tarde.
El Grifo lo lanzó con todo su poder hacia el centro del tornado.
¡BOOOOM!
Un estallido sacudió los cielos. Ambos combatientes cayeron como meteoritos, estrellándose contra la arena.
El silencio reinó. Incluso el factor de curación del Hombre Lobo parecía no hacer efecto.
El Grifo, sangrando pero consciente, intentó ponerse de pie.
—La victoria... es mía... —murmuró.
El Hombre Lobo, con dificultad, se incorporó también. Ambos estaban al límite.
—Esta pelea… está por terminar. —dijo el árbitro, sonriendo.
El Grifo intentó reunir una vez más el poder del viento. El Hombre Lobo, a toda velocidad en cuatro patas, corrió hacia él con todo lo que tenía.
Y entonces… silencio.
Un corte limpio. Una cabeza en el aire.
La multitud quedó paralizada. El Grifo… había sido decapitado.
El Hombre Lobo, de rodillas, alzó una mano sangrante hacia la luna y aulló con fuerza, su cuerpo temblando pero su espíritu intacto.
—¡El ganador es… el Hombre Lobo!
El presentador alzó la voz con solemnidad:
—Y esta es… la primera muerte en la arena. El Guardián ha caído. La bestia se ha alzado.
El público no podía creerlo. A pesar de la sabiduría y estrategia del Grifo, el instinto salvaje y la astucia brutal del Hombre Lobo lo habían superado.
El torneo del oculto cobraba su primera víctima… Y apenas era el segundo combate.
Editado: 27.08.2025