Capítulo 15: Rojo contra rojo
Los días pasaron como si fuera un parpadeo, llegando el ansioso día que todos esperaban: el encuentro de todos los participantes que habían logrado ganar y llegar a la siguiente etapa. El Torneo de lo Oculto volvía a comenzar.
Una voz tenue y firme volvió a resonar por todo el Reino del Oculto:
—La semana de descanso ha concluido. Es hora de comenzar la segunda fase del Torneo de lo Oculto.
Todas las criaturas de la oscuridad oían detenidamente cómo, nuevamente, el torneo daba inicio. Rápidamente, todas dejaron lo que estaban haciendo y se unieron otra vez para ver el espectáculo. Las criaturas regresaban incluso desde el mundo humano para ver el desenlace de este torneo. Ninguna criatura quedó exenta de observar cómo se desarrollaban las nuevas batallas. Todos ya conocían a los participantes y estaban intrigados por saber cómo se debatirían nuevamente en estas peleas que serían más feroces que las anteriores.
El presentador apareció nuevamente desde la nada, flotando en el cielo:
—Hola a todos. Como ya lo he dicho, es hora de comenzar la segunda fase de este torneo. Todos estos participantes fueron los elegidos para pasar a la siguiente fase. Dentro de esos 12, se batirán nuevamente en una batalla, pero esta vez hay una nueva regla: la batalla solo concluirá cuando la muerte del oponente sea confirmada. Esta vez es una pelea a muerte.
Todas las criaturas, al escuchar que era una batalla a muerte, quedaron perplejas… pero al instante su emoción se desbordó. Ahora tendrían que darlo todo en estas batallas, ya que sus vidas dependían de ello. No era como antes, donde podían salir con vida. Esta vez no.
—Ahora, sin más preámbulos, ¡empieza el torneo! Y con ello, nuestros primeros participantes…
En el centro del estadio comenzaba a formarse un pequeño orbe rojo que aumentaba cada vez más y más su tamaño. Los espectadores se daban cuenta de lo que se trataba. Ese orbe rojo era sangre. Entonces todos empezaron a comprender de quién se trataba.
—¡Nuestro próximo participante es el rey de los vampiros, el inmortal Drácula!
Al anunciarlo, el orbe explotó, revelando a Drácula, quien nacía desde el orbe de sangre. Su mirada era feroz y su sonrisa elevaba la sangre de los espectadores.
En medio del caos que causó Drácula, comenzaron a sonar unas campanas con un ritmo que calmaba a todo el mundo. Desde el cielo bajaba un trineo rojo jalado por renos.
—Nuestro próximo participante es el espíritu de la bondad y la felicidad: ¡El Gran Santa Claus!
—¡Ho, ho, ho! —bajaba desde el cielo con su característica risa, mientras Drácula lo veía ansiosamente, lamiéndose los labios como si se tratara de comida.
Al bajarse de su trineo, Santa Claus se dirigió al centro del estadio. Frente a frente: Drácula y Santa Claus.
La multitud, intrigada por saber quién de estos dos saldría victorioso —ya que habían visto sus anteriores combates—, se encontraba al borde de sus asientos. Eran dos de las criaturas más fuertes que existían, y la intriga por saber qué sucedería era inmensa.
Santa Claus, con su cálida sonrisa y una mirada compasiva, observaba a Drácula, mientras que Drácula, con una mirada inquietante, lo veía como si fuera una presa.
—¡Que la batalla comience! —anunciaba el referí.
—Hola, Santa. Es un placer conocerte. Me presento formalmente: mi nombre es Drácula. Siempre sentí una intriga muy grande sobre ti, sobre cómo sabría tu sangre... una sangre llena de magia y poder.
—Lo siento, Drácula, pero tendrás que seguir con esa intriga, ya que no puedo darte mi sangre… porque has sido un niño malo. Y siempre lo has sido.
Al escuchar eso, Drácula solo sonrió levemente y empezó su ataque. Rápidamente reunió sangre en la palma de su mano, convirtiéndola en una espada de sangre, y se lanzó hacia Santa Claus.
Pero Santa, prevenido, ya había levantado un escudo mágico. El escudo y la espada chocaron entre sí. Drácula siguió blandiendo la espada una y otra vez contra el escudo, intentando romperlo a la fuerza.
Mientras tanto, Santa Claus empezaba a recitar un hechizo. Al ver que no era efectivo, Drácula invocó otra espada hecha de sangre, y con ambas manos comenzó un ataque aún más feroz, una y otra vez Intentando romper su defensa, el escudo de Santa empezaba a mostrar grietas y signos de que estaba a punto de quebrarse. Con un tajo doble, Drácula atravesó finalmente la defensa de Santa, pero este dio un salto hacia atrás antes de recibir daño alguno. Justo en ese instante, terminó su hechizo: grandes nubes comenzaron a formarse en el cielo y, desde ellas, empezó a caer nieve.
La multitud sabía lo que venía. Santa ya había usado esto en su primer combate. Pero Drácula no tenía idea de lo que sucedía; estaba sorprendido y atento a lo que viniera.
—¿Qué es esto, Santa? ¿Crees que me vas a vencer con esto? No sé cómo lograste tu primera victoria, pero conmigo eso no funcionará.
—Ya lo veremos —respondió Santa.
Santa levantó una mano y, suavemente, dijo:
—Ejército eterno de nieve, levántate nuevamente.
De la nieve empezó a formarse, uno tras otro, muñecos de nieve, como si fueran un ejército. Drácula, intrigado, comenzó a reír:
—¡Jajaja! ¿Es en serio, Santa? ¿Esto es con lo que quieres vencerme? ¿Unos simples muñecos de nieve? Debiste tener suerte en tu primera batalla, pero esa suerte se ha acabado. Porque te ha tocado contra mí.
Con sus dos espadas de sangre, Drácula empezó a avanzar lentamente con una mirada confiada y una sonrisa arrogante. Nuevamente, se abalanzó contra los muñecos de nieve. Pero al impactar al primero... una gran explosión lo lanzó por los aires, lastimándolo levemente.
—Así que este es tu truco… ya veo. No está mal. Ahora entiendo cómo ganaste antes. Tal vez no fue solo suerte... pero aun así, no será suficiente.
Editado: 27.08.2025