Zeus, aún en el suelo, alzó su mano hacia el cielo. Las nubes negras descendieron formando un tornado de rayos. El dios olímpico saltó hacia su interior, fortaleciéndolo desde adentro e intentando absorber al Rey Mono con su fuerza.
Wukong se aferró al suelo, clavando su báculo profundamente en la tierra para resistir, mientras el tornado aumentaba de poder. Entonces, hizo crecer su báculo hasta las alturas y, aprovechando la ventaja, observó la posición de Zeus.
Saltó directo hacia el ojo del tornado, donde estaba el dios, y en pleno aire se arrancó pelos de la cabeza, haciéndolo flotar y transformándose en miles de copias de sí mismo que cayeron desde arriba.
Zeus, viendo el peligro, fusionó su tornado con rayos, aumentando su poder destructivo. Varias copias de Wukong fueron arrastradas y destruidas, pero el Rey Mono usó las que quedaban como escalones para acercarse a su rival.
Al llegar a la altura de Zeus, Wukong aumentó su tamaño hasta volverse gigantesco. Uniendo sus manos, lanzó un golpe devastador que impactó de lleno contra Zeus, enviándolo contra el suelo y disipando el tornado de rayos.
El Rey Mono no se detuvo. Desde lo alto, con su enorme tamaño, se dejó caer para rematarlo. Pero Zeus, aunque malherido y tosiendo sangre, lo interceptó con un bloqueo de fuerza titánica.
Wukong intentó aplastarlo con su peso, pero Zeus comenzó a crecer también, igualando su tamaño. Ahora, dos titanes se alzaban en el campo de batalla, dejando a la multitud completamente sorprendida.
El Rey Mono lanzó la ofensiva, golpeando con sus puños una y otra vez, mientras Zeus se defendía con todas sus fuerzas, intentando mantenerse firme ante la furia del que desafiaba el cielo
El enojo en el rostro de Zeus empezaba a notarse. Sus ojos se tornaron blancos nuevamente y la energía eléctrica volvió a recorrer su cuerpo.
Los ataques del Rey Mono comenzaron a disminuir. Los relámpagos que envolvían a Zeus ahora también lo afectaban, desgastándolo, mientras el Rey Mono llamaba a su báculo mágico para atacar.
Pero antes de que pudiera llegar a él, un gran relámpago cayó sobre todo el campo, generando una explosión masiva que se expandió en todas direcciones. El impacto mandó a volar tanto a Zeus como a Wukong.
Ambos se incorporaron con dificultad. El cuerpo de Zeus mostraba un notable deterioro, y el de Sun Wukong no estaba mejor: los golpes recibidos y la energía del trueno recorrían sus cuerpos, dañándolos a cada instante. El tamaño de ambos volvió a la normalidad, perdiendo su forma de titanes.
Zeus se elevó nuevamente hacia el cielo, pero esta vez se sumergió por completo en las nubes negras, mientras que el Rey Mono apenas podía mantenerse en pie.
—Mono idiota… querías una batalla… pues ahora te la daré. Esta vez lo haré en serio —rugió Zeus con una voz colmada de furia.
Las nubes comenzaron a tomar forma hasta transformarse en un gigantesco Zeus.
—Veamos qué puedes hacer con esto, mono…
Un Zeus colosal descendió desde el cielo. El Rey Mono, con rapidez, hizo crecer su báculo e intentó un ataque directo, pero para su sorpresa, el arma atravesó el cuerpo del gigante como si fuera humo.
—¡Jajajaja! ¿Eso es todo lo que tienes, mono? —rió Zeus.
—¿Qué clase de truco es este, Zeus?
—¿De qué truco hablas? Este es mi poder.
—Sea lo que sea… ¡te derrotaré! —respondió Sun Wukong.
Arrancando pelos de su cabeza, lo lanzó en todas direcciones, generando nuevas copias de sí mismo que, como un ejército, arremetieron contra el Zeus gigante.
Sin embargo, ningún ataque surtía efecto. Todas las ofensivas atravesaban el cuerpo del Zeus colosal, mientras que sus golpes y relámpagos sí dañaban y destruían una tras otra a las copias del Rey Mono.
Wukong retiró a sus duplicados y los reorganizó, lanzando un ataque conjunto: todos hicieron crecer sus báculos mágicos al mismo tiempo, apuntando a cada rincón del campo sin dejar ningún punto libre. El asalto fue tan intenso que el Zeus gigante se deshizo brevemente, revelando al verdadero Zeus.
En ese instante, el Rey Mono saltó al aire, transformándose en un gran dragón chino. Se enroscó alrededor del dios, atrapándolo y comenzando a estrangularlo con su cuerpo.
Pero Zeus no se rendía tan fácilmente. Descargó relámpagos contra el dragón, mientras Wukong reforzaba la presión de su abrazo. El Rey Mono ordenó a sus copias continuar el ataque, pero Zeus liberó una de sus manos, elevándola hacia el cielo.
En lo alto comenzó a formarse un gran orbe de relámpago. Cada vez que una copia del Rey Mono intentaba acercarse, era destruida por las descargas que provenían de aquel orbe.
El dragón Wukong no soltaba a Zeus, pero el dios, envuelto en relámpagos, seguía alimentando su ataque. Abajo, los clones de Wukong se reunieron en un solo punto y, con magia de fuego, cada uno comenzó a formar una bola de fuego, fusionándolas hasta crear un enorme orbe ígneo en el suelo.
En el cielo, el orbe de trueno crecía. En la tierra, el orbe de fuego se intensificaba. Y en medio de ambos, el Rey Mono, en forma de dragón, mantenía prisionero a Zeus.
Con un rugido, Zeus hizo descender su último ataque al mismo tiempo que Wukong ordenaba a sus clones lanzar el orbe de fuego. Los dos proyectiles colosales chocaron en el aire, envolviendo a ambos combatientes en una colisión descomunal.
La explosión se tragó todo a su alrededor, incluyendo a Zeus, al Rey Mono y a todas las copias. Los espectadores se pusieron de pie, intentando ver quién quedaba en pie tras aquel cataclismo.
Entre el polvo y los escombros, dos figuras comenzaron a aparecer… una estaba de rodillas y la otra de pie.
Editado: 27.08.2025