El Torneo De Lo Oculto

Capítulo 36: El toro y la serpiente

Capítulo 36: El toro y la serpiente

La multitud enloqueció, ansiosa por ver lo que pasaría a continuación.

De la entrada del coliseo se escuchaban un par de pisadas fuertes y pesadas que cada vez se acercaban más y más, hasta que reveló su figura con un gran rugido que se escuchó por todo el coliseo, enmudeciendo a todos a su alrededor.

—¡Nuestro primer participante, el guardián del laberinto!

Una de las criaturas más feroces y fuertes: mitad toro y mitad humano, con un pelaje negro como la oscuridad misma y sus grandes cuernos blancos.

—¡Con ustedes… el Minotauro!

Todos a su alrededor gritaban con ovaciones al Minotauro, mostrando respeto y miedo mientras lo miraban, como seguía caminando con pasos firmes hacia el centro del coliseo.

Al llegar al centro, levantó su mano, concentrando su fuerza en ella. El piso empezó a temblar y resquebrajarse, y de la tierra empezó a formarse una gran hacha.

El Minotauro la tomó con su mano con fuerza, blandiéndola con gran precisión, generando una gran onda de choque, demostrando su fuerza ante todos.

Toda la multitud quedó estremecida ante el gran poder que habían presenciado.

Con gran calma, el Minotauro colocó su hacha en su hombro mientras miraba detenidamente la entrada por la que saldría su oponente.

—Bien, nuestro próximo participante… ¡que pase al frente!

Todos en el coliseo esperaban con ansias al retador que se enfrentaría al Minotauro, pensando en quién sería el mejor oponente.

Mientras esperaban, se empezó a escuchar un siseo por los cielos, y como si fuera un meteorito, cayó desde el cielo, levantando polvo por todas partes.

El Minotauro, sin inmutarse, solo miraba hacia donde había caído, esperando ver a su rival.

De entre el polvo aparecieron dos grandes ojos brillantes y dorados.

El Minotauro, con un gruñido, no paraba de ver los grandes ojos de su rival, hasta que el polvo fue asentándose poco a poco y su figura fue revelándose.

Grandes plumas rojas y verdes se revelaban, hasta que todos pudieron verlo por completo.

—¡Nuestro próximo participante es la serpiente emplumada y el señor del viento!

—¡Con ustedes… Quetzalcóatl!

Con un gran siseo, se presentaba al torneo, mirando fijamente con una mirada fría en dirección hacia el Minotauro.

El público no podía contener la emoción de ver a estos dos grandes competidores: uno de ellos con gran fuerza y resistencia, otro con gran agilidad e inteligencia.

—¡Que el combate comience! —anunciaba el referí.

Quetzalcóatl, con gran rapidez, empezó a crear tornados a su alrededor, intentando marcar distancia contra el Minotauro.

Pero el Minotauro, con gran calma, tomó su hacha y la blandió con gran fuerza hacia los tornados, creando una gran ráfaga de viento que colisionó con ambos ataques.

Quetzalcóatl rápidamente se lanzó hacia el cielo y, desde su boca, empezó a lanzar bolas concentradas de viento.

El Minotauro rápidamente esquivaba los ataques con gran agilidad, de Quetzalcóatl sin perderlo de vista.

Quetzalcóatl, al ver que sus ataques eran incapaces de golpear al Minotauro, intentó atacarlo con un ataque más rápido.

Desde su cola lanzó cuchillas de viento, más rápidas que las bolas de viento.

El Minotauro cruzaba sus brazos, intentando defenderse.recibiendo cada impacto con su cuerpo, Gracias a su piel gruesa y su formidable defensa, las cuchillas de viento solo le provocaron rasguños; no tenían suficiente poder para penetrar su defensa.

Quetzalcóatl, al percatarse de que sus ataques no eran eficaces, concentró nuevamente el viento por todo su cuerpo, envolviéndolo y formando un tornado a su alrededor, tratando de embestir al Minotauro.

Bajó con gran velocidad directo hacia él.

El Minotauro, al percatarse de sus intenciones, rápidamente tomó su hacha con ambas manos y la blandió con toda su fuerza contra Quetzalcóatl.

Pero antes de que lo pudiera hacer, Quetzalcóatl fue más rápido y lo golpeó con gran fuerza, mandándolo a volar hacia los muros de la arena y tirándolo al suelo.

Pero Quetzalcóatl, al querer acabarlo rápidamente, volvió con un segundo ataque mientras el Minotauro seguía en el suelo.

Justo cuando su segundo ataque iba a impactarlo, el Minotauro extendió su mano hacia Quetzalcóatl y, concentrando su fuerza en el piso, la tierra empezó a

levantarse y formando grandes agujas de tierra a su alrededor, intentando protegerse.

Aun con eso, Quetzalcóatl golpeó nuevamente al Minotauro, generando una explosión entre ellos. La visión de todos los espectadores estaba bloqueada por el gran impacto, hasta que el polvo se asentó.

Todos observaron con gran atención cómo Quetzalcóatl tenía enrollado su cuerpo en el Minotauro, aun con las agujas de tierra incrustadas en su cuerpo.

Todos pensaban que la diferencia de poderes era grande, ya que sabían que el Minotauro era fuerte, pero Quetzalcóatl era visto como un dios falso. Aunque fuera falso, todavía era visto como un dios del viento, y su fuerza era superior a la del Minotauro.

—Ríndete ahora, no tienes por qué morir. Eres fuerte, lo admito, pero no lo suficiente. Lograste herirme, y eso ya es un gran logro —decía Quetzalcóatl con una voz tranquila.

—¿Eso crees? Pues ya lo veremos…

El Minotauro lo decía con una sonrisa, mientras tosía sangre.

El pelaje del Minotauro se empezaba a volver rojo, y sus grandes cuernos blancos se volvían negros.

Quetzalcóatl, intrigado por los cambios del Minotauro, empezó a sujetarlo con más fuerza, pero con la fuerza del Minotauro empezaba a zafarse del agarre de Quetzalcóatl.

Con un gran rugido, el Minotauro se zafó por completo, tomando al mismo momento la cola de Quetzalcóatl y empezando a blandirlo como si fuera su arma.

Lo golpeaba contra el piso una y otra vez, hasta que finalmente, con gran fuerza, saltó hacia el cielo y, con toda su fuerza, lo estrelló contra el piso.



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En el texto hay: fantasia, accion, sodrenatural

Editado: 04.05.2026

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