Capítulo 37: terror vs divinidad
Todo el público miraba con gran impacto el cuerpo del Minotauro y, a la vez, la mala condición en la que había dejado a Quetzalcóatl.
Una batalla impresionante entre estos dos individuos. Aunque los resultados fueron los que esperaban, el camino a ellos fue completamente distinto a lo que pensaban.
Con gran lentitud, Quetzalcóatl se arrastró fuera de la arena. No tenía energías ni para flotar; las heridas que tenía eran intensas.
—Bien, continuamos con el torneo —anunciaba el referí.
Mientras quedaba un aplauso, el cuerpo del Minotauro desaparecía por completo, restaurando nuevamente el campo a su forma original.
Tan frío e impresionante como siempre, ese era el referí.
—Nuestros próximos participantes… ¡que pasen!
Una fuerte luz, acompañada de un calor abrasador, empezaba a aparecer en el cielo oscuro. Una gran bola de fuego se mostraba desde lo lejos, descendiendo poco a poco en el centro del coliseo.
—¡Nuestro próximo participante: el dios del sol y creador de vida!
—¡Con un físico musculoso y su cetro divino… el todopoderoso Ra!
La bola de fuego se fue apagando y, de ella, apareció una figura que parecía humana, con cabeza de halcón.
Con gran energía, emitió un chillido agudo que golpeó a todos los espectadores.
La multitud enloquecía.
—¡Otro dios falso está participando!
Se escuchaban esas palabras por todo el estadio.
En medio del bullicio, un pequeño espíritu intentaba preguntar a los demás qué significaba eso de “dios falso”, ya que no lo entendía. Pero nadie le hacía caso.
Solo uno le hizo caso.
—Así que no sabes qué es un dios falso…
—Sí… no lo sé. ¿Puedes decirme?
Al voltear, el pequeño espíritu se dio cuenta de que se trataba del referí, hablándole desde el cielo.
El pequeño espíritu, asustado, intentó esconderse, pero el referí rápidamente lo detuvo.
—Tranquilo, no es necesario que te escondas. Yo estoy aquí para resolver cualquier duda, y hablo para todos. Díganme… ¿cuántos de ustedes no saben lo que significa un dios falso?
Algunos espíritus y otros tipos de criaturas levantaron la mano con inseguridad. Se veía que todos eran criaturas recién nacidas en el mundo oscuro.
—Está bien. Para todos ustedes, el término “dios falso” se refiere a las criaturas más longevas que se han hecho un nombre en el mundo de la luz. Fueron nombradas dioses en ese mundo, pero en este no lo son.
—Son fuertes, más que la mayoría, como si fueran dioses reales, pero siguen siendo falsos. De ahí viene el término “dios falso”. Tal vez sean dioses en ese mundo… pero en el nuestro no lo son.
—¿Tienes alguna otra duda, pequeño espíritu?
—No… gracias por decírmelo —decía el pequeño espíritu con una pequeña voz temblorosa.
—Bien, basta de interrupciones. Es hora de continuar. ¡Que pase nuestro próximo participante!
El calor abrasador que se sentía por la llegada de Ra empezaba a calmarse. La temperatura del coliseo comenzaba a bajar.
Desde la entrada se escuchaba claramente cómo algo afilado y grande era arrastrado desde el fondo, acercándose cada vez más.
De la oscuridad salió una mujer de cabello largo y negro que le cubría la cara, con una piel pálida, sosteniendo unas tijeras de gran tamaño.
—Para nuestro próximo participante… un espíritu vengativo de gran temor.
—Su nombre… Kuchisake-onna.
—O mejor conocida como… ¡la mujer de la boca rasgada!
Con un vestido blanco manchado de sangre hacía su aparición.
Mientras el referí la presentaba, la mujer de la boca rasgada empezaba a reír de una forma escalofriante, helando los corazones de los espectadores.
Pero aun así, Ra la observaba con fastidio.
—¡Bien, ahora que la batalla comience!
Daba inicio a la batalla.
Ra lentamente levantó su mano, apuntando hacia la mujer de la boca rasgada. De ella empezó a formarse una pequeña bola de fuego.
—¿Un espíritu impuro se atreve a desafiarme a mí, un dios falso… una criatura pura?
Con gran disgusto, Ra lanzó su ataque hacia ella.
Pero la mujer de la boca rasgada, sin titubear, usando sus tijeras gigantes, deshizo el ataque de la bola de fuego.
Con rapidez, Ra empezó a lanzar más y más bolas de fuego consecutivas, pero la mujer de la boca rasgada seguía cortándolas una tras otra, mientras se acercaba lentamente hacia él.
La mujer de la boca rasgada
Al estar frente a Ra, con una voz suave y delicada preguntó:
—¿Soy bonita?
Ra, con una cara de disgusto, respondió:
—Eres patética. Apártate de mi vista.
Al acabar de decirlo, Ra intentó golpearla, encendiendo su puño en fuego.
Pero la mujer de la boca rasgada, siendo más rápida, blandió sus tijeras, dándole un golpe directo y mandándolo a volar. Como si se hubiera transportado, apareció detrás de él antes de que tocara la pared del coliseo, volviéndolo a golpear por la espalda, mandándolo hacia el cielo y repitiendo el mismo movimiento para, al fin, estrellarlo contra el piso, el sonido del cuerpo de Ra siendo azotado en la tierra, se escuchaba por todo el coliseo
La velocidad de la mujer de la boca rasgada era inmensa, que incluso Ra tenía dificultad para seguirla.
Nuevamente, la mujer de la boca rasgada se acercó a él y, mientras se acercaba, volvió a preguntar:
—¿Soy bonita?
Pero antes de llegar hacia él, un gran muro de fuego se levantó ante ella.
—No estuvo mal para ser una criatura impura —le respondía Ra mientras se levantaba del piso y se limpiaba la sangre de la boca—. No estuvo mal… pero eso es todo.
La resistencia del dios del sol era fuerte; apenas había recibido daño de los tres golpes que había recibido.
—Ahora es mi turno.
De un salto, salió encendido en llamas, intentando tener una pelea cuerpo a cuerpo contra ella, lanzando ataques uno tras otro, mientras que la mujer de la boca rasgada intentaba protegerse con sus grandes tijeras, haciéndola retroceder poco a poco.
Editado: 04.05.2026