Capítulo 43: La gran sorpresa
Mientras que la figura de la momia se desvanecía, el estadio seguía en completo silencio por el shock de la anterior pelea. Pero el silencio fue interrumpido por un aplauso que ya era bien conocido. El cuerpo del cíclope se desvanecía y el campo volvía a estar nuevamente en su forma inicial.
—Bien, tenemos que seguir con el siguiente combate.
Lo decía el réferi levantando su voz ante todo el coliseo.
Al escucharlo, la multitud salió de su trance. Ya empezaron las conjeturas de cómo había ganado la momia. Algunos decían que si no hubiera sido porque el cíclope había bajado la guardia ante la momia, tal vez hubiera sido un resultado totalmente diferente. Pero otros analizaban que el poder de la momia pertenecía a alguien de rango A, no de rango C, y no le encontraban respuesta a esto.
¿Acaso siempre las momias escondieron su poder?
Esa era la pregunta que rondaba en las cabezas de las criaturas, pero era rápidamente descartada por la gran historia que había tenido ese mundo. Hace mucho tiempo ya hubieran revelado su poder si fuera cierto que las momias escondieran su fuerza, y no hubieran sido tratadas como uno de los peldaños más bajos de ese mundo.
Las dudas siguieron una tras otra, pero ninguna respuesta era lo suficientemente buena para explicar lo que había pasado.
Mientras que algunos buscaban la respuesta, otros, como el pequeño demonio que había preguntado por la momia, estaban felices, ya que en ese momento miraban cómo una criatura débil podía enfrentarse a una criatura fuerte, y eso lo emocionaba. No solo a él, sino a todas las criaturas débiles que presenciaron el combate; les daba esperanza de poder enfrentarse a alguien más fuerte.
—Bien, para nuestros próximos participantes, que pasen al frente.
Desde la entrada se escuchaba un canto por todas partes que envolvía a cada espectador en el coliseo. Las mentes de todo el mundo empezaban a calmarse. Los pensamientos que tenían se desvanecían por completo al escuchar esa canción. En su mente no había nada más que esa tonada, hasta que empezó a salir una criatura con forma de mujer hermosa, de cabello largo y azul, vistiendo un vestido largo que le llegaba hasta los pies.
De su cabeza se asomaban dos especies de aletas en lugar de sus orejas. Caminaba con elegancia hacia el centro del coliseo mientras observaba detenidamente al réferi con gran curiosidad.
"Así que este es el famoso réferi que está a cargo de este torneo, con un poder que supera incluso al de un dios falso. No es gran cosa a simple vista", lo decía en su mente mientras seguía mirándolo detenidamente.
—Para nuestra próxima participante la conocen como la Reina de los Mares, la Voz del Océano, la Encantadora de Piratas, la Voz de la Oscuridad. ¡Con ustedes, la sirena!
El público la ovacionaba como si fuera una celebridad del mundo de los humanos. Así mismo era el comportamiento en ese momento. Todos en el campo parecían hipnotizados.
En ese momento, la sirena alzó nuevamente su voz discretamente, enfocando su poder a una sola criatura: al réferi.
La sirena intentaba hipnotizarlo con su hermosa canción mientras en su cabeza pensaba:
"Si logro hacer que el réferi se ponga de mi lado, no necesitaré el título de dios verdadero. Con tenerlo a mi lado será suficiente para gobernar el mundo."
Pero en medio de sus pensamientos, una voz en su cabeza resonó.
—¿Eso crees? Pues, lastimosamente, tus canciones no tienen ningún efecto ante mí. Aunque me impresionas al querer manipularme. Nadie se ha atrevido a hacer algo como esto antes.
En ese momento, la voz de la sirena se congeló mientras miraba con temor en dirección hacia donde se encontraba el réferi.
La multitud, que estaba disfrutando de su canción, se quedó extrañada al ver que había parado de golpe, sin entender por qué había detenido su canto.
Con un susurro, la sirena pronunció:
—¿Puedes escuchar mis pensamientos?
—No solo los tuyos, sino los de todos en este mundo.
Lo decía una voz en su cabeza.
—Bien, para nuestro próximo participante, que pase al frente.
Levantaba nuevamente la voz el réferi, dejando de lado los intentos de la sirena al tratar de controlarlo.
Mientras el réferi anunciaba al próximo participante, todos quedaban extrañados por la expresión que reflejaba la sirena. No entendían a qué se debía, pero parecía como si la sirena ya hubiera perdido el encuentro aun sin saber quién era su oponente.
Desde el cielo se escuchaba el sonido de unas campanas tintineando, una sonada muy bien conocida en ese mundo. Todos reconocían ese tono, pero al mismo tiempo pensaban que era imposible que se tratara de ese tipo, hasta que del cielo empezó a descender un gran trineo rojo arrastrado por unos renos.
Todos esperaban ver a la persona vestida de rojo saliendo de ese trineo, pero todos sabían que eso era imposible. Ese ser ya había muerto en este torneo.
Hasta que el trineo descendió completamente hacia el suelo y de él no salió el ser vestido de rojo, sino una viejecita que igualmente vestía de rojo. En su mirada había tristeza y, a la vez, una fuerza inquebrantable.
—Para nuestra próxima participante la conocen como la Reina del Polo Norte, la Madre de los Duendes, la Dama que Viste de Rojo. ¡Con ustedes, la señora Claus!
El público no podía creerlo. Que la mismísima señora Claus participaría en el mismo torneo en que perdió a su amado esposo.
El público no sabía qué hacer. Por un lado estaba la sirena, que era amada por su canto y su belleza, y por el otro la señora Claus, una anciana de corazón puro que no parecía pertenecer a este mundo, sino al mundo de la luz.
Ella era un símbolo como el unicornio o el Qilin, una de las pocas criaturas del mundo oscuro que mostraban que en ese mundo no solo había maldad, sino también bondad y pureza.
No solo porque nacieron en un mundo donde no había luz sus corazones estaban llenos de oscuridad, sino que albergaban su propia luz.
Editado: 22.06.2026