Capítulo 44: Deseos de ganar
Aunque la pelea había comenzado, ni la sirena ni la señora Claus se movieron de su lugar. La mente de la sirena todavía estaba alterada por las palabras del réferi. El miedo que sintió en ese momento era difícil de borrar, siendo la primera en sentir el poder del ser que supera incluso a un dios falso.
Al percatarse del hecho de que la mente de la sirena no estaba en la pelea, la señora Claus hizo su primer movimiento. Metió sus manos en sus bolsas, sacando galletas de ellas, y con fuerza las lanzó hacia la sirena.
Las galletas, al tocar a la sirena, generaron una gran explosión.
Desde la nube de polvo que se alzó tras el impacto, la sirena salió disparada, con quemaduras en algunas partes de su piel. Pero, sin desaprovechar el momento, la señora Claus nuevamente lanzó sus galletas explosivas.
Esta vez, la sirena las esquivó antes de que la tocaran.
El impacto recibido antes había hecho que su mente volviera a la normalidad, concentrándose en la pelea. Dando un salto hacia la señora Claus, extendió sus manos y de ellas brotaron sus garras para un ataque directo.
Al mirar que sus galletas no lograban darle y que su oponente se acercaba, tomó una horquilla que sujetaba su cabello blanco como la nieve y la convirtió en un bastón. Con él dio un gran golpe al suelo, desatando una avalancha de nieve hacia la sirena, evitando su ataque y deteniéndola.
La avalancha de nieve se tragó por completo a la sirena.
La señora Claus, aprovechando que su ataque fue efectivo, nuevamente golpeó el suelo con su bastón, haciendo que por toda la nieve brotaran pinchos de hielo, convirtiéndolo todo en una trampa de pinchos de hielo.
Todos en las gradas quedaron impresionados por la rapidez y el ingenio de la señora Claus mientras veían el campo de pinchos, esperando ver una señal de la sirena.
La señora Claus, al mismo tiempo, miraba detenidamente, esperando a la sirena. En una mano portaba su bastón, mientras que en la otra sostenía sus galletas explosivas.
Hasta que los picos de hielo empezaron a destruirse uno tras otro.
La señora Claus lanzaba sus galletas en los lugares en los que había movimiento, pero los picos de hielo seguían destruyéndose y se acercaban cada vez más y más, la sirena evitaba los ataques de la señora Claus.
Hasta que de la nieve salió disparada como una bala la sirena.
Pero ahora, en lugar de sus piernas, se había transformado en una cola de pez. Había logrado nadar en la nieve.
Con sus largas garras atacó a la señora Claus, cortando su brazo y haciendo que dejara caer sus galletas al piso, generando una explosión que consumió a las dos.
Tras el impacto de la explosión, la señora Claus y la sirena salieron disparadas a lados opuestos.
Cada una dejaba ver heridas en sus cuerpos, pero en especial sobresalía la herida del brazo de la señora Claus que la sirena había logrado hacerle, mientras que la sirena presentaba algunas quemaduras y pequeños cortes por todo su cuerpo.
Con rapidez, la señora Claus levantó su bastón.
De él se generó un brillo azul que hizo temblar el campo.
La nieve empezó a moverse y de ella se formaron muñecos de nieve uno tras otro, formando un ejército.
La sirena, viendo el ejército que se formaba a su alrededor, empezó a cantar con una hermosa voz.
La música se colaba por todas partes, haciendo que los espectadores de bajo nivel cayeran en su hechizo, mientras que los que tenían un nivel alto resistían con dificultad los poderes cautivadores de la sirena.
Antes de que eso se convirtiera en un problema en el estadio, el réferi nuevamente levantó su barrera, evitando que la canción de la sirena llegara a descontrolar al público.
Al momento que apareció la barrera, los espectadores volvieron a la normalidad, quedando confundidos por lo que había pasado, mientras que los que pudieron resistir su canto se asombraban de lo poderoso que era.
—¿Acaso su plan era hacer su propio ejército con nosotros?
Decía uno de los espectadores hipnotizados.
Mientras que la sirena, al percatarse de que su canto no tenía efecto ni en el público ni en los muñecos de nieve, empezó a impacientarse mientras pensaba en qué es lo que haría.
La señora Claus levantó nuevamente su bastón y lo apuntó hacia la sirena.
La señora Claus dio la orden y los muñecos de nieve empezaron a moverse al unísono.
La sirena nuevamente, con sus garras, empezó a enfrentarse al ejército de nieve, destruyendo uno por uno. Pero al destruir uno, uno completamente nuevo volvía a crearse y nuevamente se formaba para el ataque.
La sirena, al ver que esta pelea no tenía fin y que su energía empezaba a bajar cada vez más y más, dejó de atacar.
Su cuerpo empezaba a ser cubierto por escamas y, con su cola, empezó a enrollarse en una bola, concentrándose únicamente en la defensa.
Mientras que los muñecos de nieve se acercaban más y más a ella, empezaban a atacar todo su cuerpo.
El cuerpo de la sirena desapareció poco a poco dentro del ejército de nieve, mientras que la señora Claus empezaba a concentrar su energía en su bastón para un ataque final.
Desde el centro del ejército se empezó a escuchar una música, pero esta era diferente a la anterior. Era un ruido horrible, más que una música, haciendo detener al ejército y haciendo que se desmoronara por completo.
Incluso llegó hasta la señora Claus, intentando resistir esa horrible música mientras mantenía su energía en su bastón.
Sus oídos empezaron a sangrar, pero aun con ese dolor la señora Claus no se detuvo y siguió concentrando su energía en su bastón.
De la nieve empezó a levantarse una figura.
Al caer la nieve, la figura de la sirena mientras cantaba se reveló, pero esta vez era distinta.
Sus escamas eran negras y su hermosa apariencia se había transformado en una horrible bestia.
Editado: 22.06.2026