El Torneo De Lo Oculto

Capítulo 45: La belleza contra la alegría

Capítulo 45: La belleza contra la alegría

Al sentir la fuerza que emanaba de la señora Claus, la sirena dejó de cantar y, con velocidad, extendió sus garras hacia adelante y atacó a la señora Claus. Pero antes de que pudiera tocarla, una galleta gigante de un hombre de jengibre cayó del cielo recibiendo el ataque.

La señora Claus, mientras se recuperaba en el suelo, dio la orden a su hombre de jengibre que atacara, dándole un gran golpe a la sirena y mandándola a volar por los aires, escupiendo un gran chorro de sangre.

La sirena, al intentar retomar el control de la pelea, se enterró en la nieve, empezando a nadar en ella y aumentando su velocidad, mientras que el hombre de jengibre resguardaba a la señora Claus. Un segundo hombre de jengibre caía del cielo. La señora Claus le ordenó rápidamente que buscara y atacara a la sirena.

El hombre de jengibre, mientras intentaba encontrar a la sirena, ella con sus garras despedazaba poco a poco a la galleta. Era demasiado rápida y el hombre de jengibre era muy lento para detenerla.

Pero mientras la señora Claus observaba la batalla había comprendido algo muy importante de su oponente, y era que cuando cantaba sus movimientos eran muy lentos y que no podía cantar y luchar al mismo tiempo. Si lo hubiera podido hacer ya hubiera ganado antes y no hubiera perdido el tiempo cuando ella estaba concentrando su energía. Solo cuando dejó de cantar sus movimientos cambiaron por completo.

Con eso en mente, no permitió que la sirena tuviera la oportunidad de cantar nuevamente. Pequeños soldados de jengibre cayeron del cielo uno tras otro, intentando desgastar a la sirena.

Ella, al ver las intenciones de la señora Claus, dejó de lado a los hombres de jengibre y fue directo hacia ella. Mientras evitaba los ataques, los destruía y avanzaba.

Los hombres de jengibre rápidamente empezaron a formar un muro defensivo intentando parar a la sirena, pero la sirena no paraba; su rapidez y sus garras la volvían imparable.

Al verse en peligro, la señora Claus hizo que su gran hombre de jengibre la levantara en el aire para evitar su ataque, pero la sirena salió disparada de la nieve y en el aire soltó un gran grito que destrozó al gran hombre de jengibre, dejando caer a la señora Claus al suelo.

Pero antes de que cayera al piso, los pequeños hombres de jengibre la detuvieron, evitando el impacto.

Antes de que la sirena hiciera su próximo ataque, la señora Claus golpeó su bastón contra el suelo. De él, un gran pilar de nieve la levantó en el cielo, evitando por completo a la sirena.

Pero la sirena nuevamente atacó al pilar de nieve, aunque el pilar, cada vez que era atacado, se restauraba, haciéndolo imposible de derribar.

La sirena intentaba derribarlo con sus garras una y otra vez, pero nada funcionaba. La sirena no podía llegar hacia la señora Claus.

Pero en ese momento la señora Claus señaló hacia el cielo y del cielo empezaron a caer galletas explosivas, cayendo una tras otra. Todo el campo se llenó de pequeñas explosiones.

La sirena intentó evitarlas nuevamente metiéndose en la nieve, pero las explosiones ocurrieron en todo el campo, alcanzando a la sirena.

La visibilidad del campo era completamente nula. Las explosiones generaron una cortina de polvo muy densa, por lo que la señora Claus no sabía en qué estado se encontraba la sirena.

Pero de algo sí estaba segura, y era que la pelea no había acabado. De ser así, el réferi ya hubiera declarado al ganador, pero eso no pasaba.

Y en lo que pensaba era en terminar ya la pelea, ya que su energía estaba a punto de acabarse y su Aurora de Deseos no duraría mucho tiempo.

Mientras pensaba en una manera de ganar, del polvo un látigo de agua salió disparado con gran velocidad, envolviendo a la señora Claus y jalándola con gran fuerza hacia el suelo.

La señora Claus fue impactada con fuerza contra el suelo. La sangre brotaba de la cabeza de la señora Claus mientras se paraba nuevamente con gran dificultad.

La sirena salía desde el polvo con grandes heridas.

—Gracias por darme el arma necesaria para acabar contigo, anciana —decía la sirena con una voz ronca.

La señora Claus, al escucharla, no entendía a lo que se refería hasta que se dio cuenta de que había agua en el piso. La nieve se había derretido con las múltiples explosiones que ella había generado.

Ahí se dio cuenta de que la sirena no había usado el agua hasta ahora.

—Ya entiendo. Tú no puedes crear agua, solo puedes controlarla. Antes no había agua, por lo que no podías usarla, Y esta agua se formó por la nieve derretida, ¿no es así? —decía la señora Claus con una voz temblorosa y cansada.

—Nada mal. Sí que eres lista. Lo entendiste todo con solo unas palabras. Así es, no puedo crear agua, solo controlarla. Pero tú me diste la suficiente. No esperaba que alguien como tú me diera tanta pelea, pero se terminó.

La sirena empezó a canalizar su fuerza, haciendo que el agua a su alrededor empezara a levantarse y comenzara a girar alrededor de ella.

—No es mucha, pero es suficiente para acabar contigo, anciana.

Con voz cansada, la señora Claus respondió:

—Eso ya lo veremos, pequeña traviesa.

Levantando su mano hacia el cielo, empezó a caer una lluvia de galletas nuevamente, empezando a generar por todo el campo explosiones.

La sirena trataba de evadirlas, pero eran demasiadas y el agua que la rodeaba empezaba a desvanecerse por cada impacto de las galletas.

Sin más opciones, la única solución que se le ocurrió fue acabar con su oponente antes de que se le acabara lo poco de agua que había logrado recolectar.

Extendió el agua por todo su cuerpo como si fuera una armadura y fue directo hacia la señora Claus, preparando sus garras para el ataque.

Las galletas impactaban su cuerpo detonando explosiones, pero aun así la sirena no se detuvo y siguió hacia adelante sin perder de vista a su objetivo.



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En el texto hay: fantasia, accion, sodrenatural

Editado: 29.06.2026

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