El Torneo De Lo Oculto

Capítulo 49: El miedo

Capítulo 49: El miedo

Mientras que el conejo de Pascua caía nuevamente desde el cielo, una gran cortina de polvo se asentaba poco a poco. Mientras que el conejo de Pascua miraba con una gran sonrisa, los espectadores miraban con horror la imagen frente a ellos.

Cronos seguía de pie en medio del estadio, pero su estado era muy grave, teniendo quemaduras por todas partes. La sangre caía de todo su cuerpo. Algunas partes de su cuerpo mostraban la carne viva e incluso, si se miraba detenidamente, hasta podían verse los huesos de Cronos en la parte de sus manos.

—Aun en este estado, no creo poder seguir peleando. Así que, con mi último regalo, me retiro de esta velada —decía el conejo de Pascua con un tono burlón.

Mientras que el conejo de Pascua se retiraba, Cronos se recuperaba del impacto de la explosión de ese huevo mágico. En su cabeza solo corrían las palabras que había dicho el conejo de Pascua y, sobre todo, la forma en que lo dijo, como si se burlara de él.

—¡Maldito miserable! ¿Te atreves a burlarte de mí? —lo decía con ira, mostrando una gran sed de sangre.

Todos los espectadores sintieron el peligro detrás de esas palabras. Cronos estaba realmente enojado.

Antes de que el conejo de Pascua llegara a la entrada, Cronos rápidamente desapareció y apareció justo enfrente del conejo de Pascua y, con su mano como si fuera un gran garrote, la blandió hacia él.

Con el estado en el que se encontraba, el conejo de Pascua era incapaz de defenderse. Ni siquiera había podido sentir la presencia y la sed de sangre de Cronos que iba dirigida hacia él.

Pero antes de que Cronos pudiera impactarlo, el réferi intervino, poniéndose en medio de ellos y, con un solo dedo, detuvo el ataque de Cronos.

—¡Apártate! Esto no tiene nada que ver contigo. ¡Mataré a ese conejo aunque sea lo último que haga!

Cronos se había dejado llevar completamente por su ira.

—Lo siento, pero esta pelea ya ha acabado. Así que detente ahora. Tus asuntos resuélvelos en otra parte. En mi arena no puedes hacer...

—¡Dije que te movieras, imbécil!

Cronos concentró gran cantidad de poder en su mano, un poder que no había mostrado en su batalla contra el conejo de Pascua. Esta vez, Cronos estaba luchando con todo lo que tenía, cegado por la rabia.

—Si eso es lo que quieres, entonces está bien —murmuraba el conejo de Pascua mientras sacaba un huevo mágico con intenciones de luchar hasta el último aliento.

Cronos lanzó su golpe devastador, mientras que el conejo de Pascua lanzaba un huevo mágico dorado, pareciendo ser su última carta.

Pero, en el medio, nuevamente se interpuso el réferi, recibiendo los dos impactos directos.

Una gran onda de choque estalló por todo el campo.

Todos se preguntaban qué pasó. ¿Se había herido al réferi? ¿O incluso lo habían matado? Todos tenían curiosidad por saber lo que había pasado.

Y, en medio del campo, se veían al conejo de Pascua y a Cronos, pero sus caras reflejaban temor y horror puro.

El conejo de Pascua había caído de espaldas de la impresión, mientras que Cronos por fin había recuperado la cordura.

—Dije que en mi arena no.

Se escuchaba una voz, pero no era la voz calmada que siempre se escuchaba. Era una voz que infundía miedo a cualquiera que la escuchara.

Nadie se atrevía a levantar la mirada ante esa voz. Solo unos pocos pudieron soportar la presión y alzar la mirada para ver lo que había pasado, y lo que veían los hizo nuevamente agachar la cabeza.

Pero la imagen que vieron se quedó grabada completamente en sus mentes.

La figura del árbitro parecía no tener forma. Esta vez se veían en él unos grandes dientes afilados y unos ojos negros y vacíos que no podían ver su profundidad. De su cabeza parecían haber salido seis largos cuernos como los de un demonio, y sus manos eran alargadas, con sus dedos como espadas.

La figura que conocían de réferi era completamente distinta a la que veían ahora.

—Hay cosas peores que la muerte, y se las puedo mostrar a cualquiera de ustedes. Mi última advertencia: si no obedecen, conocerán lo que es el verdadero sufrimiento y desearán haber muerto.

Esa voz llegó a todos en el estadio.

El conejo de Pascua ya no podía ni siquiera levantarse por el profundo miedo que le recorría el cuerpo, mientras que Cronos se arrodillaba como un niño asustado, sin atreverse a hacer nada. Su cuerpo temblaba y su instinto gritaba:

No lo mires.

Las palabras que él dijo no son de mentiras.

—Bien, ahora podemos continuar.

Regresaba la voz normal de siempre, la que siempre ha estado narrando y explicando los combates.

La presión que ejercía desapareció de un momento a otro y, cuando por fin pudieron levantar la cabeza, todos los espectadores vieron nuevamente la figura que normalmente tenía ese réferi: una figura oscura, sin forma definida, con unos ojos de color azul tan profundos como el océano.

El árbitro de repente aplaudió y la arena volvió completamente a su forma original.

—Retírense. Es hora de seguir con las próximas batallas —lo decía el árbitro al conejo de Pascua y a Cronos.

Ambos se levantaron rápidamente del suelo y, con rapidez y con gran dificultad debido a sus heridas, salieron y desaparecieron de la arena, dejando un camino de sangre y miedo.

—Bien. Así está mejor. Ahora, para nuestros próximos participantes, que pasen al frente.

Era como si lo que sucedió hace un momento nunca hubiera pasado. Todo volvía a la normalidad, pero el miedo seguía estando ahí.

Desde las puertas se escuchó un aullido que resonó por todo el campo. Sus pasos se acercaban cada vez más y más. Por el sonido, todos pudieron determinar que se trataba de una criatura en cuatro patas.

Hasta que, por fin, se reveló desde la entrada.

Con gran tamaño apareció un gran lobo de pelaje gris, con grandes garras y grandes colmillos. Arrastraba de sus patas unas cadenas y, con unos ojos brillantes y dorados que parecían ver a través de todo, nuevamente aulló frente a todos mientras mostraba su ferocidad.



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En el texto hay: fantasia, accion, sodrenatural

Editado: 17.08.2026

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