El Torneo De Lo Oculto

Capítulo 50: La calma y la destrucción

Capítulo 50: La calma y la destrucción

La curiosidad de Buda fue tanta que no se dio cuenta de que en su rostro había aparecido una sonrisa. El público rápidamente lo notó, ya que Buda nunca expresaba ninguna emoción. Mientras ellos pensaban que estaba feliz por enfrentarse a un enemigo en igualdad de poder que él, la realidad era que, en su cabeza, solo aparecía la imagen del árbitro.

—Bien, que comience la batalla —anunciaba el árbitro.

Fenrir, con rapidez, se abalanzó hacia Buda intentando morderlo, pero Buda, con gran calma, lo evitaba. Pero el gran lobo no se rendía. Con velocidad intentaba golpear a Buda una y otra vez, pero sus ataques no lo alcanzaban. Era como si Buda supiera el momento exacto en el que debía moverse hacia un lado. Era como si pudiera ver el futuro, viendo de dónde venían los golpes de Fenrir.

En medio de su golpe, Buda, con una palma dorada, lo golpeó en el costado, haciendo retroceder al gran lobo. Pero Fenrir solo se sacudió por un momento debido al aturdimiento. No había recibido ningún daño de la palma dorada de Buda; su gran pelaje había recibido el impacto como si fuera una armadura.

Dándose cuenta de que los ataques de Buda no surtían efecto en él y con más motivación, Fenrir volvió nuevamente al ataque, pero esta vez más rápido que antes. Ahora no le preocupaba que Buda intentara golpearlo. Su patrón de ataque se hizo más frenético y más salvaje, corriendo de un lado a otro de manera desenfrenada, volviéndose cada vez más caótico, pero siendo efectivo.

Fenrir empezaba a acercarse cada vez más y más. Sus garras empezaban a alcanzarlo y la túnica que llevaba Buda empezaba a rasgarse.

Al percatarse de esto, Buda levantó nuevamente una mano y, concentrando su poder en ella, liberó varias palmas doradas a la vez, intentando hacer retroceder a Fenrir.

Las palmas impactaban en él una tras otra, haciendo retroceder poco a poco a Fenrir. Pero Fenrir, enojado, soltó un gran aullido, disipando la energía de las palmas que lo golpeaban.

Mientras que Buda, en ese instante, se colocaba en posición de loto y canalizaba su fuerza en todo su cuerpo, haciéndolo brillar de un color dorado.

Fenrir, al verlo indefenso, no desaprovechó el momento y, de un gran salto, intentó morder su cuello.

Pero alrededor de Buda se levantaron grandes brazos dorados hechos de energía, tomando a Fenrir por el cuello e interceptándolo.

Las grandes manos lo levantaron hacia el cielo. Fenrir intentaba zafarse de su agarre, pero las manos lo tenían muy sujeto. Desde el cielo, las grandes manos lo lanzaron hacia el piso con gran fuerza.

Una y otra vez lo levantaban y lo azotaban contra el suelo, hasta que, en la décima vez, Fenrir mostró la sangre que salía de su hocico.

—Vaya, parece que estás más calmado ahora. Sabía que tu gran pelaje no te salvaría esta vez —lo decía Buda mientras seguía sosteniendo el cuerpo de Fenrir.

Mientras que él solo gruñía y seguía luchando por zafarse, su ira iba aumentando, al igual que su tamaño. Empezaba a crecer más y más.

Buda, al percatarse de que sus manos no iban a ser suficientes para retenerlo, dio su último golpe. Con una mano lo sostuvo del cuello y, con la otra, formó una gran palma dorada, más poderosa de la que había hecho antes y de gran tamaño, lo suficiente para golpear por completo el cuerpo de Fenrir.

—Veamos si puedes aguantar esto, Fenrir.

Lo decía en su mente, no en palabras, atacando con esa gran palma dorada al gran lobo y mandándolo a volar contra las paredes del estadio, dejando una gran marca de palma en los muros. En medio de ella se asomaba el cuerpo de Fenrir, aplastado por ella.

—Aún no he terminado,

Ahora, con sus dos palmas, empezó a golpear a Fenrir una y otra vez mientras estaba atrapado en las paredes del Coliseo, golpeándolo sin parar.

Los espectadores, sorprendidos por la ráfaga de golpes que lanzaba, no estaban seguros de si la pared del Coliseo aguantaría todo ese poder o si destrozarían el Coliseo por completo.

Pero cuando veían al réferi con su tranquilidad habitual, dejaron de preocuparse.

Las grandes palmas doradas seguían cayendo como lluvia y, en medio de esa lluvia, se encontraba Fenrir.

Hasta que una de sus palmas, de repente, empezó a destruirse.

Buda, al sentir que algo no andaba bien, detuvo su ataque y tomó distancia.

Desde los escombros empezaba a surgir Fenrir.

Pero esta vez su pelaje había cambiado a un negro total. Sus ojos brillaban con un color rojo, al igual que sus dientes. Su pelaje parecía más grueso y su tamaño era el doble que cuando comenzó el combate.

Buda estaba curioso por la nueva apariencia de Fenrir, pero eso era todo. No sentía miedo ni terror, al contrario de los espectadores, que podían sentir el aura de Fenrir, la cual los llenaba de terror y pavor.

—¡Esta es la verdadera forma del lobo devorador de dioses!

Empezaban a escucharse esas palabras por todo el campo.

En un instante, el gran lobo desapareció de su lugar, apareciendo justo al frente de Buda.

Convocó nuevamente sus grandes manos de energía, intentando detenerlo otra vez, pero esta vez, antes de que las manos llegaran hasta Fenrir, Fenrir soltó un gran aullido, destrozando las manos de energía por completo.

Sin perder la calma, Buda esta vez formó un gran cuerpo de energía dorada, igualando el tamaño de Fenrir.

Así comenzó la nueva batalla.

Fenrir se lanzó hacia el cuello del gigante, mientras que Buda atacaba una y otra vez con sus grandes palmas doradas.

Los grandes dientes de Fenrir ahora empezaban a desgarrar incluso la energía, mientras que su gran pelaje resistía cualquier ataque que lo golpeara.

Cada vez que Fenrir lograba destrozar una parte del gigante de energía, Buda rápidamente lo rehacía y seguía con su ataque.

Al mismo tiempo, era una lucha en la que el primero en ceder podría ser consumido.



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En el texto hay: fantasia, accion, sodrenatural

Editado: 17.08.2026

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