Capítulo 51: Emociones
La multitud no podía entender ni comprendía lo que estaba sucediendo. Aun con el estado en el que se encontraba Fenrir, se podía ver que la pelea aún no terminaba y que ninguno de los dos participantes se había rendido o retirado. Pero la pregunta que aquejaba a todos era: ¿por qué la pelea se terminó? Y, más aún, ¿por qué Fenrir, que parecía que iba a ser vencido por Buda, salió siendo el ganador?
Los murmullos cada vez se hacían más ruidosos, hasta que Buda habló.
—No entiendo cómo es que he perdido.
Mientras que Fenrir lo miraba con curiosidad, sus heridas empezaban a recuperarse.
—Vaya, ¿de verdad lo preguntas? —lo decía el árbitro con una voz clara que se alzaba para todos—. Es la segunda vez que alguien me desafía tan abiertamente. Primero fue esa pequeña sirena y ahora tú. ¿Crees que no me daría cuenta de que el último golpe no fue dirigido a tu oponente, sino a mí?
Todos, al escucharlo, no podían creerlo. El silencio que se levantó en todo el estadio era completamente irreal. Ni un pequeño suspiro se escuchaba. Nadie podía creer que de verdad Buda intentara golpear al árbitro.
—A la pequeña sirena la dejé pasar porque entendió su lugar y no lo volvió a hacer, pero tú no pararías, ¿cierto? Puedo saberlo solo mirándote.
En ese momento, todos se dieron cuenta de que aquella sonrisa que ya habían visto antes se reflejaba nuevamente en Buda, confirmando las palabras del árbitro.
—Ya veo. Aunque fui cuidadoso, aun así lo notaste. Como se esperaba de un ser que despertó una emoción en mí. No, de hecho, ahora que lo siento, no solo una, sino dos emociones. Me has mostrado el temor y la alegría. Después de mucho, puedo volver a sentirlo: la emoción de la alegría. Y no puedo evitar preguntarme: ¿cuántas emociones más podrás despertar en mí? No me importa el título de Dios verdadero. Solo quiero experimentar más y más estas emociones. ¡Muéstrame más!
Lo decía con una cara que reflejaba sus deseos, perdiéndose en la locura.
Buda juntó sus manos, se puso en posición de loto y de sus manos empezó a irradiar una energía divina y dorada. De ella comenzó a formarse una flor de loto dorada.
—Veamos cómo te va con esto.
Buda lanzó su ataque directamente hacia el árbitro.
—¡Loto celestial! —gritó Buda.
Mientras que el árbitro solo lo miraba, sin intentar esquivarlo, la flor de loto impactó directamente contra su cuerpo, envolviéndolo en una poderosa energía y causando un gran impacto.
La energía del loto celestial empezó a formar una esfera dorada que consumió por completo al árbitro. La esfera empezó a abrirse y a transformarse en un gran loto dorado.
—Sé que eso no es suficiente para alguien como tú, así que toma algo más de mí. ¡Mi palma del nirvana!
Buda concentró toda la energía que le quedaba en su palma. De ella se formó una palma de energía gigante, más grande y fuerte que la que había utilizado antes, haciendo colisionar ambos ataques contra el árbitro.
El impacto sacudió por completo todo el reino donde se celebraba el torneo. En medio de esta batalla se encontraban Fenrir y el público, que miraban cómo se desarrollaba esta situación.
Fenrir, con el tiempo, se había recuperado, pero el impacto de los ataques de Buda hizo retroceder al gran lobo, haciendo que se protegiera, ya que no contaba con la protección de la barrera que protegía a los espectadores. Fenrir tuvo que luchar contra el impacto de esos ataques, mostrando su fuerza y resistencia.
Aunque esos ataques no eran dirigidos hacia él, el daño colateral era enorme.
Nadie podía ver qué era lo que había sucedido entre el polvo y la tierra. La visibilidad era casi inexistente. Pero, antes de que pudieran ver algo, esa presión que ya habían sentido antes volvía a aparecer.
Todos en el público rápidamente agacharon la mirada, sin intenciones de mirar hacia esa dirección.
—¡Sí, sí, sí! ¡Esa es! ¡Esa sensación! ¡Esa emoción! —gritaba Buda con una expresión de miedo y excitación.
Incluso Fenrir, que se encontraba en un rincón del estadio, miraba con dificultad hacia donde se encontraba aquella presión que hacía que su pelaje se erizara de miedo.
Buda, eres un idiota o el más valiente que he visto para intentar algo contra esa cosa.
Lo decía Fenrir en su mente.
De verdad no me esperaba esto. Que alguien se atreviera a atacarme directamente... De verdad es algo que no esperaba. Pero siempre hay una primera vez.
Pero si no doy un ejemplo de lo que sucede cuando alguien sobrepasa los límites contigo, ¿tal ves? Se repita y se convierta en una molestia. Así que, ya que quieres experimentar emociones, haré tu deseo realidad.
Se escuchaban claramente las palabras del árbitro, haciendo temblar de miedo a todos los que lo escucharon, incluido Fenrir y Buda.
En ese momento, Buda miraba sus temblorosas manos y sentía cómo sus instintos gritaban por el peligro que se acercaba, pero a él no le importaba.
Buda solo quería experimentar más emociones.
—¡Déjame sentir las emociones que creí perdidas! ¡Hazlo! —gritaba Buda.
En medio de sus gritos, el árbitro apareció delante de Buda con aquella apariencia que una vez ya había mostrado y que nadie se atrevía a mirar directamente.
—Aquí están las emociones que tanto querías experimentar: dolor, sufrimiento y agonía.
Tras decir eso, el árbitro, con una de sus garras, tocó la frente de Buda.
En ese momento, en todo el coliseo se escucharon los gritos desgarradores de Buda, cayendo a la arena mientras se movía con desesperación.
Los gritos que eran escuchados por todos en el coliseo provocaban miedo y desesperación. Nadie se atrevía a levantar la vista. Un sentimiento de impotencia se colaba en todos, y el único testigo de estos eventos fue Fenrir, que miraba todo sin poder hacer nada.
Entre los gritos de Buda, el árbitro nuevamente habló:
Editado: 08.09.2026