El trapo perfecto

Capítulo 1 – El comienzo del viaje

Todo empezó con un deseo sencillo y extraño a la vez: encontrar un trapo perfecto, un símbolo capaz de unirlos y darles identidad. Para unos jóvenes sin más brújula que la curiosidad, esa búsqueda se transformó en destino.

El viaje los llevó a las montañas de Liechtenstein, al distrito de Oberland, donde la ciudad de Triesenberg parecía guardar secretos entre sus calles tranquilas. Allí, los ancianos les hablaron de un castillo perdido en el tiempo, un lugar que había conocido la grandeza y caído en la desgracia.

Intrigados, siguieron las indicaciones hasta llegar a las ruinas. Lo que encontraron fue sobrecogedor: muros partidos, piedras ennegrecidas y un aire pesado que parecía conservar el eco de gritos antiguos. Entre los escombros, un atril solitario sostenía un libro cubierto de polvo.

Al abrirlo, descubrieron un relato fragmentado:
Una princesa y su caballero real habían habitado ese lugar. Unidos por un amor joven pero fuerte, habían desafiado las costumbres de su tiempo. Pero los celos de un príncipe vecino convirtieron esa historia en tragedia. En un ataque sangriento, mató a los reyes e incendió el castillo, jurando que nadie sería feliz donde él no lo fuera.

El relato se interrumpía en un punto inquietante: narraba que meses después, la princesa y el caballero regresaron, contemplaron las ruinas y se adentraron en el bosque cercano.

La última línea del libro estaba incompleta:

“Y entonces se escuchó una frase…”

Nada más. El resto había desaparecido, como arrancado a propósito.

Los jóvenes intercambiaron miradas. ¿Qué frase podía ser tan importante como para borrar la verdad? ¿Qué destino aguardaba en esas palabras que alguien había querido ocultar?

Buscando alivio del calor, se refugiaron bajo la sombra de un árbol. Pero ni la frescura ni el descanso pudieron acallar la inquietud: la aventura que habían iniciado era mucho más grande de lo que habían imaginado. Y aunque todavía no lo sabían, en ese preciso instante habían cruzado un umbral.

El viaje en busca del trapo perfecto acababa de transformarse en una leyenda.

El susurro del bosque

De pronto, uno de los mayores del grupo escuchó una voz masculina que lo llamaba desde lo profundo del bosque. No era un grito, sino un susurro que parecía deslizarse con el viento, seductor y enigmático. Sin poder resistirse, avanzó como hipnotizado, ignorando los ruegos de sus compañeros que, alarmados, corrieron tras él.

El bosque los recibió con solemnidad. Los árboles, altos y antiguos, formaban un techo de ramas que apenas dejaba pasar la luz, como si custodiaran un secreto que solo unos pocos elegidos podían descubrir. Cada paso sobre las hojas secas resonaba como un eco sagrado, y mientras avanzaban, la sensación de estar atravesando un umbral invisible se hacía más fuerte. Comprendieron que aquello no era un simple bosque: era un pasaje, un puente hacia lo desconocido.

Finalmente, encontraron a su compañero en un claro oculto, un lugar que parecía haber sido escenario de antiguas pruebas. Muñecos de paja, ennegrecidos por el tiempo, se erguían como guardianes silenciosos. Un viejo tablero de tiro se mantenía en pie, y en su centro un papel amarillento resistía milagrosamente al paso de los años. En él se veían puntajes y símbolos que ninguno pudo comprender, pero que irradiaban un aire de importancia.

Los jóvenes se miraban unos a los otros, intentando descifrar el significado de aquel hallazgo. Entonces, uno de ellos sacó una libreta y comenzó a escribir. No quería que nada de lo que estaban viviendo se perdiera; si algún día alguien deseaba revivir ese momento, tendría en esas páginas un registro fiel de la aventura que recién comenzaba.

El viento sopló con fuerza, como si despertara la memoria del lugar. Los jóvenes sintieron que aquel claro no era un simple sitio de entrenamiento, sino un altar olvidado, testigo de una historia que los unía al destino de la princesa y el caballero.

Las aves levantaron vuelo hacia lo más alto del cielo, como si supieran que algo grande se estaba acercando. Y en las ruinas del castillo, una ráfaga de viento recorrió cada rincón, y con ella resonaron los golpes de espadas, como ecos de una batalla que se negaba a morir.

El silencio posterior fue absoluto, y en sus corazones nació la certeza de que habían dado el primer paso verdadero en la búsqueda del trapo perfecto.

El sendero oculto

Tras dejar constancia en la libreta de lo vivido, los jóvenes se dispusieron a abandonar el claro. Pero entonces, uno de ellos notó algo extraño entre la hierba alta: un trazo de tierra desnuda, apenas visible, como si hubiera sido marcado por pasos antiguos. Al apartar las ramas que lo cubrían, descubrieron que no era casualidad, sino el inicio de un sendero oculto que se adentraba aún más en lo profundo del bosque.

El camino se retorcía bajo la penumbra de los árboles, casi invisible para cualquier mirada desprevenida. No había señal alguna de adónde conducía, pero irradiaba una fuerza magnética que los atraía con la misma intensidad que el misterioso susurro escuchado antes.

Se miraron en silencio, comprendiendo sin necesidad de palabras que aquel sendero era la continuación inevitable de su destino. El bosque parecía abrirse solo para ellos, como si quisiera guiarlos hacia el corazón de un secreto que aguardaba siglos para ser descubierto.

Con paso firme, dieron el primer movimiento sobre la senda, con la libreta bien guardada y el presentimiento de que lo que hallaran al final cambiaría para siempre la historia del trapo perfecto.

A medida que avanzaban, los más jóvenes del grupo comenzaron a preguntarse si lo que estaban viviendo era real o simplemente un sueño. El entorno tenía un aire mágico, casi irreal, como si hubieran entrado en un paisaje tejido por las manos de un hada madrina. Cada hoja que caía, cada destello de luz filtrado entre las ramas, parecía coreografiado para ellos.



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En el texto hay: ficcion, amidtad, grupodeamigos

Editado: 23.02.2026

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