A las ocho en punto de la mañana, el sol apenas comenzaba a calentar el frente de la propiedad. Emma bajó de su vehículo luciendo impecable: anteojos oscuros, un traje sastre en tono marfil y el cabello recogido en un moño perfecto. En su mano derecha sostenía una carpeta de cuero donde llevaba impreso un contrato improvisado, con términos muy claros sobre lo que esperaba de su "empleado".
Caminó por el sendero principal esperando encontrar al tipo de la tarde anterior sudando entre las plantas. Sin embargo, la escena era distinta.
Peter estaba sentado en los escalones del porche, vistiendo una camiseta blanca limpia pero sencilla, jeans oscuros y botas de trabajo. Sostenía una taza de café humeante en la mano y la observaba llegar con una mezcla de diversión y calma calculada.
—Puntual. Me gusta —dijo Peter, tomando un sorbo de café sin levantarse.
Emma se detuvo a dos pasos de él, cruzándose de brazos.
—Para que esto funcione, necesitamos disciplina —sentenció ella, sacando la carpeta de cuero—. Aquí están las cláusulas de nuestro acuerdo. Lo redacté anoche.
Peter alzó una ceja, dejando la taza sobre el escalón.
—¿Un contrato escrito? Qué profesional, señorita Burguès.
—Es para resguardar a ambas partes —respondió Emma con frialdad—. Te resumiré lo esencial: te pagaré una suma mensual fija, más una bonificación al finalizar el período. A cambio, serás mi novio ante mis padres, mi círculo social y, especialmente, ante un individuo llamado Martín Station. No habrá contacto físico salvo el estrictamente necesario en público —como tomarme de la mano o un beso en la mejilla—, nada de preguntas sobre mis finanzas y, sobre todo, cero involucramiento emocional. El trato era no enamorarse.
Peter se levantó despacio, haciendo gala de una estatura y una presencia que a Emma, por un breve segundo, le costó ignorar.
—Entendido —dijo él, sonriendo de lado—. ¿Y qué pasa con mi guardarropa? Supongo que el "jardinero" no encaja muy bien en tus cenas de gala.
—Exacto. Esta tarde pasará un sastre por mi estudio para tomarte las medidas. Te conseguiré trajes adecuados para que no desentones —Emma le extendió un bolígrafo elegante junto con el documento—. Firma al pie de la última página.
Peter tomó el bolígrafo. Miró el papel un segundo, sabiendo que la firma de "Peter Sosa" en un documento informal de la diseñadora sería una anécdota inolvidable cuando se revelara la verdad sobre sus empresas inmobiliarias. Firmó con trazo firme y le devolvió el papel.
—Contrato sellado —murmuró Peter, dando un paso hacia ella y extendiendo su mano derechamente masculina, con la piel ligeramente áspera por el trabajo—. Aunque entre caballeros, prefiero cerrar los tratos con un apretón de manos.
Emma dudó un instante. Miró su mano y luego los ojos oscuros de Peter, que sostuvieron su mirada sin pestañear. Finalmente, deslizó su mano sobre la de él. El contraste de la piel suave de Emma con la calidez firme de Peter envió una pequeña descarga eléctrica por su brazo que la obligó a soltarlo casi de inmediato.
—Bien —dijo Emma, aclarándose la garganta y reacomodando su carpeta—. Tu primera "prueba" será este viernes. Cenaremos en casa de mis padres. Te enviaré la ubicación y la ropa a primera hora. Intenta no llegar tarde... y aprende a usar el tenedor correcto para el pescado.
Peter soltó una carcajada baja mientras la veía dar media vuelta y caminar a pasos agigantados hacia su auto.
—Descuida, Emma —murmuró para sí mismo, viendo cómo el vehículo arrancaba a toda velocidad—. Haré que esa cena sea inolvidable.
Editado: 05.08.2026