A la mañana siguiente, las consecuencias del choque nocturno con Martín aún repercutían en la mente de Emma. Sentada en su escritorio, intentaba concentrarse en las muestras de mármol y las paletas de colores para la residencia Suárez-Sosa, pero las palabras de Peter y la firmeza con la que la había defendido de Martín no dejaban de dar vueltas en su cabeza.
El sonido de su teléfono la sacó de sus pensamientos. Era su madre.
—Emma, querida —la voz de Martha sonaba inusualmente suave, casi cautelosa—. Tu padre y yo queríamos saber cómo estabas después de anoche. Nos preocupamos cuando Martín nos llamó diciendo que habías salido con ese muchacho tan precipitadamente.
Emma apretó los dientes, manteniendo la calma.
—Estoy perfectamente, mamá. Y Peter no es "ese muchacho", es mi pareja. Lo que Martín haga o diga responde únicamente a su incapacidad para aceptar un "no".
—Lo entendemos, hija, pero debes comprender que para tu padre esto es un cambio muy repentino —explicó Martha con un suspiro—. Eric quiere invitar a Peter a un almuerzo privado este domingo en el club de campo. Sin presiones, solo para conocer más sobre su trabajo y su familia. Martín no estará presente.
Emma lo pensó un instante. Aceptar el almuerzo era la oportunidad perfecta para que Peter terminara de consolidar su papel ante su padre y cerrara definitivamente la puerta a las pretensiones de Martín.
—Está bien, mamá. Iremos el domingo.
Dos horas más tarde, Emma llegó a la propiedad en remodelación para revisar los avances del proyecto. Al estacionar, notó que el jardín lucía impecable, pero Peter no estaba por ninguna parte. En su lugar, Victoria Suárez caminaba de un lado a otro por la entrada, revisando un mazo de documentos con gesto preocupado.
—Señorita Burguès, qué bueno que llega —dijo Victoria, ajustándose sus gigantescas gafas de sol—. Necesito que firme las especificaciones finales del plano de la planta baja. La firma principal debe aprobar los presupuestos esta misma tarde.
—Por supuesto. ¿Dónde está el propietario? Pensé que estaría supervisando —preguntó Emma mientras tomaba la carpeta, intentando sonar casual.
—El señor Sosa tuvo que atender una reunión ejecutiva de emergencia en la sede central —respondió Victoria con total naturalidad, mientras hojeaba sus papeles—. Los desarrollos del grupo inmobiliario en el sur están exigiendo toda su atención esta semana. Ya sabe cómo es coordinar a más de quinientos empleados.
Emma se congeló con el bolígrafo a milímetros del papel.
—¿El... grupo inmobiliario? —repitió Emma, frunciendo el ceño—. ¿De qué está hablando, Victoria?
Victoria se quitó las gafas de sol y la miró con absoluta perplejidad.
—De Sosa Real Estate, por supuesto. ¿No lo sabía? El señor Peter Sosa es el fundador y accionista mayoritario de la firma. Esta casa es solo una de las decenas de propiedades históricas que su imperio está restaurando en la ciudad.
Las palabras resonaron en los oídos de Emma como un golpe de eco. La imagen del "jardinero" en jeans ajustados, la propuesta impulsiva de pagarle un sueldo para hacerse pasar por su novio, las risas contenidas de Peter al aceptar la tarjeta y su soltura impecable durante la cena con sus padres... todo encajó en un segundo de aplastante claridad.
Emma sintió que la sangre le hervía en las venas. No había contratado a un trabajador necesitado de dinero; había hecho el ridículo más absoluto frente a uno de los magnates inmobiliarios más influyentes del país, y él le había seguido el juego deliberadamente.
—¿Dónde está ahora? —preguntó Emma, con una voz peligrosamente serena.
—En la torre corporativa Sosa, en el piso directivo —contestó Victoria, desconcertada por el cambio drástico en la expresión de la diseñadora.
Sin agregar una sola palabra, Emma le devolvió la carpeta a Victoria, dio media vuelta y caminó hacia su vehículo a pasos agigantados. La furia y la humillación se mezclaban en su pecho mientras encendía el motor.
El trato había comenzado como una mentira para salvar su libertad, pero Peter Sosa acababa de cruzar la línea al convertirla en el chiste de su propia historia.
Editado: 05.08.2026