El Trato era no enamorarse

Capítulo 10: La trampa de Martín

El lunes por la mañana, la noticia del "compromiso consolidado" de Emma con el empresario Peter Sosa ya corría como pólvora entre los círculos de la alta sociedad. En su estudio de diseño, Emma intentaba concentrarse en las muestras de telas, pero la textura de sus propios labios todavía guardaba el recuerdo del beso de la tarde anterior en el club de campo.

Un golpe seco en la puerta del despacho rompió su trance. Sin esperar invitación, Martín Station entró a la oficina. Vestía un traje impecable, pero el desvelo y la rabia contenida eran evidentes en las ojeras oscuras que rodeaban sus ojos.

—Martín —dijo Emma, levantándose de inmediato y manteniendo la mesa de dibujo como barrera—. No recuerdo haberte agendado una cita.

—No necesito una cita para hablar con mi prometida —respondió él, caminando a pasos lentos por el espacio mientras acariciaba con cinismo la superficie de los muebles—. O debería decir... ¿la prometida del "magnate" Sosa?

Emma frunció el ceño, detectando el veneno en su tono.

—Si viniste a hacer otra rabieta como la de la otra noche en la carretera, te sugiero que te retires antes de que llame a seguridad.

—Oh, no es ninguna rabieta, Emma —sonrió Martín, sacando un sobre de manila del interior de su saco y arrojándolo sobre el escritorio de ella—. Es un regalo de bodas anticipado.

Emma miró el sobre con desconfianza antes de abrirlo. Adentro había varias fotografías de alta resolución. En ellas se veía a Peter vestido con jeans gastados, la visera oscura y la camiseta en la mano, cortando el césped de la residencia Suárez-Sosa. En otra imagen, aparecía Emma entregándole la tarjeta de presentación en la mano el primer día que se conocieron.

—Contraté a un investigador privado en cuanto el "jardinero" apareció en la cena de tus padres —dijo Martín, disfrutando cada segundo de la reacción de Emma—. Una historia fascinante, ¿no crees? La arrogante e intocable Emma Burguès, desesperada por la cláusula del testamento de su padre, contrata a un trabajador de la propiedad para hacer de su novio de mentira.

—Peter es el dueño de Sosa Real Estate —contestó Emma con voz fría, aunque el pulso le jugaba una mala pasada—. Esas fotos no prueban nada más que su gusto por trabajar en sus propias finanzas.

—¿Ah, sí? ¿Y qué dirá tu padre cuando vea la fecha exacta en la que lo "contrataste" y los extractos que demuestran que le ofreciste un sueldo? —intervino Martín, inclinándose sobre el escritorio—. Para Eric Burguès, el honor y la honestidad de la familia lo son todo. Si le entrego esto, no solo te desheredará por intentar engañarlo con una farsa, sino que el shock de saber que su única hija lo manipuló terminará de arruinar su salud.

A Emma se le heló la sangre. El punto débil de su padre siempre había sido el orgullo familiar y su condición cardíaca.

—¿Qué quieres, Martín? —preguntó Emma, manteniendo la barbilla en alto a pesar del pánico inminente.

—Quiero que canceles ese circo con Sosa antes del fin de semana —dijo él con una sonrisa calculadora y posesiva—. Anunciarás nuestro compromiso oficial en la gala benéfica del sábado. Si lo haces, este sobre desaparecerá y tu herencia estará a salvo. Si no... tu padre recibirá estas fotos en la puerta de su casa el domingo por la mañana.

Martín dio media vuelta y caminó hacia la salida. Antes de cruzar la puerta, se detuvo y miró a Emma sobre el hombro.

—Tienes hasta el sábado, Emma. Elige bien si vas a salvar tu capricho o a tu familia.




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