Todo el mundo parecía estar congelado, Vanya miraba fijamente el punto en el bosque donde Noah había desaparecido, corrió detrás de Mark como un lobo gigante color gris, no pudo observarlo con detenimiento pero Vanya ya no sentía pavor de los hombres lobo, ni vampiros ni brujas ni locas mujeres con ametralladoras que intentaban matarla, no parecía que ella estuviera en sus cabales.
Si hace unos meses alguien le hubiese dicho que encontraría a su padre y que además estaría con Noah por siempre, en una casa de ensueños, rodeada de personas que la necesitan, pero con el pequeño detalle de que ambos su padre y su esposo se transforman a voluntad en enormes lobos y que estás personas que la necesitan, son brujas, una de ellas siendo una vampira que la odia porque Vanya es la causante de la muerte de su madre y la otra es una asesina entrenada por su padre, y que básicamente quieren protegerla para que un magnate loco no se vuelva inmortal.Vanya habría tenido un colapso quizá habría estado de pie mirando el bosque por varios minutos sintiendo su propia respiración al tiempo que el oxígeno se escapa de los pulmones, casi como lo que le está pasando ahora.
— Vanya, ve por Noah—, una mano delgada tomo su antebrazo y la otra acunó su rostro, sabía que había alguien frente a ella pero lo único podía hacer era ver ese punto en dónde Noah desapareció entre las ramas, un frondoso verde que parecía oscurecer con el tiempo.
Su cuerpo empezó a temblar sus manos cerraban y abrían con desesperación, como si intentará recuperar ese calor que sentía cuando Noah la tenia entre sus brazos, —Mirame, concéntrate en mi voz Vanya—, la voz de esta mujer era tranquilizante pero aún así Vanya no podía apartar la mirada, entonces sintió la mano de esta mujer en su mejilla, de repente su toque se desvaneció, y luego de nuevo estaba ahí pero está vez hizo arder su mejilla quemaba horrible, sus ojos cambiaron de enfoque casi hasta el otro lado del claro
Entonces finalmente observo a no una sino tres mujeres que la veían con preocupación, Clarisa, Florence y Josephine quien estaba justo en frente, — No te moviste por media hora, estabas en shock—, Vanya tocó su mejilla ardía pero también estaba húmeda, entonces comprendió, también estaba llorando, — Me golpeaste—, su voz de alguna manera sonaba diferente y su garganta raspaba, — Bueno, Clarisa intento mecerte en sus brazos para que dejarás de llorar pero no funcionó, luego Florence trato de hacer que caminaras pero empezaste a gritar como loca y yo odió los gritos—, Josephine movió los hombros haciendo un gesto como descartando el decir "lo siento", —Vamos a la casa niñas—, Clarisa envolvió sus brazos al rededor de Vanya y comenzaron a caminar lentamente, una vez dentro se encontró con que Hazel estaba en la cocina esperando por ellas, Josephine llegó poco después con las dos bolsas de armas una de ellas y la otra de Noah y su padre.
Para distraer su mente Vanya secó sus ojos y soltó su cabello solo para volver a trenzar y ocuparse en algo, se sentía abrumada por tanta atención. Clarisa la dejo en una de las sillas del comedor mientras Florence ponía una tetera en el fuego, Clarisa saco una vajilla para té, el cabello de Vanya era largo pero no tanto como para fingir que estaba concentrada, cuando terminó pudo ver a Josephine desplegar sus armas en el comedor, — las armas no van aquí—, Florence dejo la bandeja con cierto enojo y comenzó a servir tazas de té, le dió una a ella y las demás las dejo ahí, Josephine las vio de reojo y volvió a su tarea de contar municiones.
— No tenemos suficientes, Mark solo tiene un cartucho para la escopeta y un revolver cargado lo demás está vacío y yo solo tengo repuestos para las clock—, Clarisa no respondió, nadie lo hizo, Vanya miro hacia la ventana y pudo ver que el cielo comenzaba a nublar, — tenemos magia—, ofreció Hazel— es igual de inservible que si te pones a rezar, son demasiados, los hombres de Fergus y los nuestros, tenemos que¿Seis días hasta la luna de sangre?—, Florence bebió de su taza y Clarisa se dió vuelta hacia un muro con demasiadas fotografías todavía había espacio por llenar pero justo en medio había una foto con seis personas abrazadas, tres hombres y tres mujeres, Clarisa regreso con un marco entre sus manos y se detuvo a lado de Vanya— Ella es Katherine—, la mujer que había en esa fotografía era su madre.
Vanya dejo de respirar por un segundo antes de verla de observarla con detenimiento, paso sus dedos por el contorno del marco desgastado por el tiempo, pero no importaba era su madre, cabello castaño color chocolate, rizos rebeldes como los de ella ojos verdes frondosos como el bosque fuera de esa casa, su boca pequeña y delgada Vanya no pudo evitar sonreír por encontrar partes de ella en si misma, estaba sonriendo sentada en el cesped detrás había un árbol con un tronco gigante, — Ese árbol está del otro lado del lago ahí tus padres se casaron, yo los case—, lágrimas empañaron el marco, — gracias, de verdad por todo—, dijo mientras abrazaba a su madre
— Clarisa—, Josephine presionó para traerlas de vuelta pues en tres días ya no habría casa, ni árbol, ni Vanya, sino hacían un plan hoy, ahora, — Tres días, para la luna de sangre—, Hazel finalmente tomo su taza y la bebió sin mirar a Vanya ni un momento regreso a un lado de Florence en los bancos de la barra, Clarisa tomo la mano de Vanya— No vas a morir hoy, no aquí no con nosotras, te espera una gran vida, una granja por lo que pude ver—, Vanya suspiro— ¿Cómo?.
— Mi madre es una chismosa, no debemos ver el futuro, es muy peligroso, dices algo al viento y basta con solo eso para cambiarlo todo—, Clarisa chasqueo su lengua y se concentro de nuevo en Vanya— Hay una cabaña en el lago, pero también un cobertizo con un auto solo pueden ir dos—, ante el anuncio de Clarisa el ambiente de hizo más lúgubre — Tú eres inocente, no fue tu culpa nada de lo que ha pasado, ninguna de las muertes, fui yo quien decidió ayudar a una amiga, sabía el precio y aún así seguí adelante yo te condené a una vida así Vanya, esto lo menos que puedo hacer—, Vanya nego con la cabeza — Quiero luchar, quiero estar aquí no importa cómo pero no puedo huir dejarlas para morir—, Josephine tomó su taza, estaba tibia pero aún así bebió, sabía que probablemente sería la última taza de té que tomaría y Florence si que sabía hacer té.