El tren ya estaba listo.
El silbido del Expreso de Hogwarts rompió la calma de la estación mientras el vapor se elevaba lentamente sobre el andén. Era un sonido familiar... pero para muchos, ese año se sentía diferente.
Hermione Granger subió al tren en silencio.
Por un momento se detuvo en la entrada, observando el interior.
Los nuevos estudiantes reían, hablaban, corrían por los pasillos... llenos de una energía que no parecía saber nada de lo que había ocurrido antes de ellos.
Y eso, de alguna manera, era bueno. Se sentía como si nunca hubiera pasado nada.
Hermione avanzó entre los vagones hasta encontrar su lugar.
Pero no tardó mucho en ser interrumpida.
-¡Hermione!
Una voz conocida la hizo voltear.
Neville Longbottom estaba allí, con una sonrisa tranquila... pero distinta a la de antes. Ya no era el chico inseguro. Ahora había algo firme en él.
-Neville -dijo Hermione, sonriendo-. No pensé que te vería aquí antes de llegar a Hogwarts.
-Bueno... -respondió él encogiéndose de hombros-. Hay que asegurarse de que todo esté listo para los nuevos alumnos... ya sabes.
Hermione asintió.
-Sí... "nuevos alumnos".
Ambos miraron por la ventana un momento.
El tren comenzó a moverse.
-Hay que entrar a tomar nuestros asientos -dijo Neville.
Hermione asintió con la cabeza.
Mientras tanto, en otro lugar del mundo mágico...
El silencio era completamente distinto.
Ron Weasley caminaba de un lado a otro frente a la puerta del Ministerio de Magia.
-No es para tanto... no es para tanto... -murmuraba para sí mismo.
Harry Potter lo observaba en silencio con una expresión tranquila.
-Ron... solo son pruebas -dijo Harry.
-"Solo son pruebas" -repitió Ron-. Harry, son pruebas para ser auror.
Se detuvo un segundo.
-Auror... eso suena mucho más serio cuando lo dices en voz alta.
Harry soltó una leve sonrisa.
-Ya has sobrevivido a cosas peores.
-Sí, pero ahí no había que impresionar a nadie con hechizos perfectamente controlados... además era distinto, teníamos que encontrar los horrocruxes y vencer a Voldemort -respondió Ron, nervioso.
Harry lo miró con calma.
-Ron... tú mismo lo dijiste. Teníamos que derrotar a Voldemort, uno de los magos más poderosos de la historia. Tú puedes con unas simples pruebas de magia. Solo concéntrate. Estás listo.
Ron respiró hondo.
Por primera vez, dejó de moverse.
-Okey... listo.
Pero no sonaba convencido.
Solo... decidido a intentarlo.
Mientras tanto, el Expreso de Hogwarts había llegado a su destino.
Todos estaban a punto de bajar, esperando las indicaciones de un profesor.
Y entonces, Hermione y Neville escucharon una voz familiar.
-¡Todos fuera del tren! ¡Los de primer año, síganme!
Era Rubeus Hagrid.
Hermione se giró de inmediato.
Por un segundo no pensó.
Solo corrió.
-¡Hagrid!
Lo abrazó con fuerza apenas lo alcanzó.
Hagrid se quedó sorprendido un instante... y luego sonrió ampliamente, devolviéndole el abrazo con cuidado.
-¡Señorita Hermione! -dijo con su voz grave y cálida-. ¡Mire nada más! ¡Ya no es una alumna perdida por los pasillos!
Hermione soltó una pequeña risa sin separarse del abrazo.
-Te extrañé -dijo simplemente.
Hagrid asintió, emocionado.
-Y yo a ustedes... más de lo que se imagina.
Entonces miró a su alrededor, como si buscara algo.
-Por cierto... ¿dónde están Harry Potter y Ron Weasley? Quería saludarlos.
Hermione bajó un poco la mirada.
-No vinieron... -respondió-. Decidieron saltarse el último año. Van al Ministerio... quieren convertirse en aurores.
Hagrid soltó un pequeño suspiro.
-Oh... es una lástima. Pero me alegra saberlo. Es una tarea difícil... pero ellos siempre fueron valientes.
Hermione asintió.
-Me da mucho gusto verte, Hagrid.
Hagrid sonrió con orgullo.
-El castillo está en buenas manos otra vez... la profesora McGonagall lo dejó como nuevo... pero no es lo único que volvió a estar bien.
Hermione lo miró en silencio.
Sabía exactamente a qué se refería.
Hagrid giró hacia los estudiantes que bajaban del tren.
-Vamos, señorita Hermione... Hogwarts nos espera.
Y con una sonrisa tranquila, comenzó a guiar a los alumnos hacia el castillo una vez más.