Todos los estudiantes estaban en el Gran Comedor.
Neville Longbottom le preguntó a Hermione Granger:
-¿Dónde están Harry y Ron? Esperaba verlos por aquí.
Hermione respondió:
-Hagrid me preguntó lo mismo... decidieron no venir. Quieren ser aurores.
Neville frunció un poco el ceño.
-¿Aurores? Eso es algo difícil... serían aurores muy jóvenes.
Antes de que Hermione pudiera responder, un sonido interrumpió la conversación.
Las puertas del Gran Comedor se abrieron.
-Mira... son los de nuevo ingreso -dijo Hermione con nostalgia, recordando su propio primer día en Hogwarts.
Los nuevos estudiantes entraron y se sentaron en sus lugares.
El Gran Comedor quedó en completo silencio.
Minerva McGonagall observó a todos los estudiantes con su habitual firmeza... pero esta vez había algo distinto en su mirada.
Más cansancio.
Más orgullo.
Y algo que rara vez mostraba: emoción contenida.
-¡Silencio! -dijo con voz clara.
El murmullo desapareció de inmediato.
-Comienza un nuevo año en Hogwarts. El castillo está de pie una vez más... más fuerte que nunca.
Hizo una pausa breve.
-Pero no podemos olvidar por qué estamos aquí.
Su voz bajó un poco, volviéndose más solemne.
-Este castillo... ha visto días oscuros. Hemos perdido amigos, compañeros, alumnos... personas que tenían toda una vida por delante.
Se hizo un silencio aún más pesado.
-Y aun así... Hogwarts no cayó.
McGonagall miró alrededor del Gran Comedor.
-Porque cuando la oscuridad llegó... ustedes eligieron la luz.
Algunos estudiantes bajaron la mirada. Otros escuchaban con total atención.
-No fueron solo hechizos o varitas lo que salvó este lugar -continuó-. Fue el valor. La lealtad. Y la decisión de no rendirse, incluso cuando todo parecía perdido.
Su voz se volvió más firme otra vez.
-Por eso hoy no solo recordamos a los que se fueron... también honramos a los que se quedaron y lucharon.
McGonagall hizo una pausa larga.
-Guardaremos un minuto de silencio por los que perdimos.
El Gran Comedor entero quedó inmóvil.
Un silencio profundo.
Real.
Doloroso... pero respetuoso.
Después del minuto, McGonagall habló de nuevo, esta vez con un tono más cálido.
-Y ahora... también debemos recordar algo importante.
Una leve pausa.
-La esperanza no murió con esta guerra.
Su mirada se suavizó apenas.
-Gracias a todos los que lucharon en la Batalla de Hogwarts... este mundo sigue en pie. Y gracias a ustedes... tiene futuro.
El salón estalló en aplausos.
Pero ella levantó la mano para calmarlos.
-No los llamo héroes para elevarlos por encima de los demás -dijo con firmeza-. Los llamo héroes porque eligieron hacer lo correcto... incluso cuando nadie los obligaba.
Su voz bajó un poco.
-Y eso... es lo que define a esta escuela.
McGonagall respiró hondo.
-La etapa oscura ha terminado... pero la reconstrucción apenas comienza.
Su mirada recorrió el salón una última vez.
-Y recuerden esto: Hogwarts no es solo un lugar de aprendizaje. Es un hogar. Y un hogar... siempre se reconstruye juntos.
El Gran Comedor estalló en aplausos.
Minerva McGonagall había terminado su discurso, y el ambiente estaba lleno de emoción, respeto y un nuevo sentido de esperanza.
Cuando los aplausos comenzaron a bajar poco a poco, un grupo de alumnas de primer año, sentadas cerca de una de las mesas, comenzaron a hablar en voz baja.
-Oye... ¿ya viste? -susurró una de ellas.
Su amiga la miró confundida.
-¿Qué?
La niña señaló discretamente hacia la mesa de los mayores.
-Ellos... son los héroes de la guerra.
La otra niña abrió los ojos sorprendida.
-¿Quiénes?
La primera bajó un poco más la voz.
-Los de séptimo... Neville Longbottom, Hermione Granger, Luna Lovegood, Seamus Finnigan...
Hizo una pausa.
-Y Ginny Weasley... aunque ella todavía no está en séptimo.
La niña dudó un segundo y añadió:
-Y también Cho Chang.
Las dos se quedaron mirando en silencio hacia ellos.
No los veían como estudiantes normales.
Los veían como algo más.
Como leyendas.
El Gran Comedor seguía lleno de murmullos suaves después del discurso.
Pero entre el ruido general, las palabras de las niñas se colaron sin querer hasta la mesa de los mayores.
Hermione Granger fue la primera en escucharlas.
Giró apenas la cabeza, como si no estuviera segura de haber oído bien.
Neville Longbottom también lo notó. Su expresión cambió un poco, entre sorpresa y incomodidad.
Luna Lovegood simplemente parpadeó, como si fuera algo completamente normal que la llamaran "heroína".
Seamus Finnigan soltó una pequeña risa nerviosa, bajando la mirada hacia su plato.
Ginny Weasley, en cambio, alzó ligeramente una ceja, como si le hiciera gracia... pero no dijo nada.
Hermione volvió la vista al frente.
-¿Héroes...? -murmuró en voz baja, casi para sí misma.
Neville bajó un poco la mirada.
-No sé si esa palabra es la correcta -respondió en el mismo tono.
Luna sonrió suavemente.
-A veces las palabras correctas son las que la gente decide usar -dijo con tranquilidad.
Seamus se encogió de hombros.
-Yo solo sé que no planeaba ser "héroe"... solo sobrevivir.
Ginny soltó una pequeña risa.
-Bueno... al menos lo dicen con entusiasmo.
Hermione guardó silencio un momento.
Miró hacia la mesa de los alumnos de primer año.
Ellos los observaban como si fueran algo enorme... algo inalcanzable.
Y eso le resultó extraño.
No incómodo... pero sí pesado.
Porque para ella, ellos no eran leyendas.
Solo eran personas que habían tenido que crecer demasiado rápido.
Neville suspiró suavemente.
-Ojalá supieran lo que realmente fue -dijo.
Hermione asintió, sin apartar la mirada.
-Sí... ojalá.