El sol entraba por la ventana de la habitación de Ron.
Por primera vez en mucho tiempo...
no había prisa.
Harry Potter abrió los ojos lentamente.
No había entrenamiento.
No había instrucciones.
No había exámenes.
Solo silencio.
Un silencio tranquilo.
A su lado, Ron seguía dormido, completamente desordenado entre las sábanas.
-Vacaciones... -murmuró Harry, casi como si no lo creyera.
Desde la otra cama, Hermione ya estaba despierta, sentada con un libro... aunque no pasaba la página.
-Se siente raro, ¿no? -dijo sin levantar la mirada.
Harry asintió.
-Demasiado.
Ginny, aún medio dormida, habló desde su cama:
-Acostúmbrense... porque esto es lo más normal que vamos a tener.
Ron abrió un ojo.
-Si lo normal es dormir hasta tarde... me gusta.
Desde el pasillo, un golpe seco interrumpió la calma.
-¡A DESAYUNAR, NIÑOS!
La voz de Molly Weasley resonó por toda la casa.
Ron cerró los ojos con fuerza.
-Cinco minutos más...
-¡RONALD WEASLEY, YA!
Ron se incorporó de golpe.
-¡Ya voy!
Ginny soltó una risa, aún medio dormida.
-Nunca falla.
Hermione cerró su libro por fin.
-Algunas cosas no cambian... y eso es bueno.
Harry sonrió mientras se levantaba.
-Definitivamente.
La cocina de la Madriguera estaba llena de vida.
Platos moviéndose solos.
Olores a pan recién hecho, huevos y té caliente.
Sillas que se acomodaban solas.
-Siéntense, siéntense -dijo Molly sin dejar de moverse-. Y nada de desaparecer antes de terminar.
Ron ya estaba sentado.
-Ni lo intentaría.
-Mentira -dijo Ginny, sentándose junto a Harry.
Hermione tomó su lugar con calma.
-Siempre lo intenta.
-Pero nunca funciona -añadió Harry.
Ron los miró.
-Me encanta cómo todos están en mi contra desde temprano.
Arthur Weasley estaba revisando un objeto extraño sobre la mesa.
-Encontré esto otra vez... -dijo curioso-. Creo que es muggle.
El objeto soltó una pequeña chispa.
Ginny lo miró.
-Papá... eso es claramente mágico.
Arthur parpadeó.
-Ah... bueno. Igual es interesante.
George apareció en la puerta, apoyado en el marco.
-Buenos días, personas responsables.
Ron alzó una ceja.
-Llegó el menos indicado para hablar.
George ignoró el comentario y miró la mesa.
-¿Qué tenemos hoy? ¿Comida normal o algo que pueda explotar?
-Comida -respondió Molly firmemente.
George suspiró.
-Cada día más decepcionante.
Ginny sonrió.
-Puedes intentar no volarla esta vez.
George tomó una tostada.
-No prometo nada.
La tostada soltó una pequeña chispa.
Todos se quedaron en silencio.
-...no fui yo -dijo George.
Ron lo señaló.
-¡Sí fuiste tú!
-Bueno... tal vez un poco.
Las risas llenaron la cocina.
Hermione tomó una taza de té.
-Esto sí lo extrañaba.
Ron asintió mientras comía.
-Comida real... sin presión... sin gritos...
George intervino:
-Habla por ti. Yo puedo gritar si quieres.
-No, gracias -respondieron varios al mismo tiempo.
Harry observó la escena.
Molly sirviendo comida sin parar.
Arthur revisando objetos extraños.
Ron discutiendo con George.
Ginny riéndose.
Hermione tranquila, pero presente.
Todo era... normal.
Y eso lo hacía diferente.
-Entonces -dijo George de repente-, ahora que son aurores oficiales...
Ron levantó la mirada.
-Sí...
George sonrió de lado.
-¿Ya pueden arrestarme o todavía no?
Ron lo pensó un segundo.
-Depende.
-¿De qué?
-De si tocas mi comida.
George soltó una risa.
-Entonces sigo libre.
Molly cruzó los brazos.
-Nadie va a arrestar a nadie en mi cocina.
-Por ahora... -murmuró George.
-GEORGE.
-Ya, ya.
Ginny miró a Harry.
-¿Sabes qué es lo mejor?
-¿Qué?
-Que no tenemos que hacer nada hoy.
Harry sonrió.
-Sí.
Ron levantó su vaso.
-Propongo que hagamos exactamente eso.
Hermione negó con la cabeza.
-Eso no es un plan.
-Es el mejor plan que he tenido.
George levantó su taza.
-Brindo por eso.
-¿Por no hacer nada? -preguntó Ginny.
-No -respondió George-.
Pausa.
-Por seguir aquí.
El ambiente cambió un segundo.
No triste.
Pero sí real.
Harry asintió.
-Por seguir aquí.
Ron levantó su vaso también.
-Sí... por eso.
Hermione sonrió suavemente.
-Por eso.
Ginny hizo lo mismo.
-Por nosotros.
-Oigan... -dijo Ron de repente, dejando su vaso-. Hay algo que no les hemos contado.
Hermione levantó la mirada.
-Eso suena preocupante.
-No lo es -respondió Harry-. Bueno... no tanto.
Ginny frunció ligeramente el ceño.
-Ahora sí suena peor.
Ron miró a Harry.
-¿Se lo decimos?
Harry asintió.
-Sí.
Hermione cruzó los brazos.
-Estoy escuchando.
Harry apoyó los brazos en la mesa.
-Durante el entrenamiento... conocimos a alguien.
-Se llama Antony -añadió Ron-. Entrenó con nosotros.
Ginny inclinó la cabeza.
-¿Otro aspirante?
-Sí -respondió Harry-. Pero... no era como los demás.
Hermione entrecerró los ojos, interesada.
-¿A qué te refieres?
Ron se recargó en la silla.
-Al principio estaba perdido. Dudaba en todo.
-Pero no se rindió -continuó Harry-. Siguió entrenando... incluso cuando claramente quería dejarlo.
Ginny sonrió un poco.
-Eso ya dice bastante.
Hermione asintió.
-¿Y?
Harry la miró.
-Pasó las pruebas.
Ron sonrió.
-Es auror... con nosotros.
Hermione abrió los ojos, sorprendida.
-¿En serio?
-Sí -respondió Harry-. Y... queríamos que lo conocieran.
Ginny se recargó en la mesa.
-Entonces tráiganlo.
Ron levantó las manos.
-Eso pensábamos.
Hermione sonrió apenas.
-Si es importante para ustedes... entonces también lo es para nosotros.
En ese momento, Molly apareció desde la cocina con expresión pensativa.
-Oh, cierto... casi lo olvido.
Todos la miraron.
-Necesito que alguien vaya al Diagon Alley.
Ron suspiró.
-Sabía que la paz no duraría.
Molly ignoró el comentario.
-Se acabaron varias cosas para la casa... y Arthur quería unas piezas para arreglar una radio mágica.
Arthur levantó la mano desde el otro lado de la cocina.
-Y quizá ver una tienda muggle que apareció cerca.
Ginny sonrió.
-Eso significa que terminará comprando algo inútil.
-¡No son inútiles! -protestó Arthur-. Una vez encontré un aparato que hacía pan saltar solo.
Hermione parpadeó.
-¿Una tostadora?
Arthur la señaló impresionado.
-¡Exacto!
Ron se levantó lentamente.
-Bueno... supongo que iremos.
Ginny también se puso de pie.
-Hace tiempo que no vamos todos juntos.
Harry asintió.
-Sí... estaría bien.
Poco después, el Callejón Diagon estaba lleno de vida.
Magos caminando entre tiendas.
Lechuzas cruzando el cielo.
Escobas exhibidas detrás de vitrinas brillantes.
El ruido de conversaciones llenaba el aire.
Hermione observó alrededor.
-Se siente distinto.
-Más tranquilo -dijo Ginny.
Harry caminaba en silencio, mirando las tiendas reconstruidas.
Algunas aún tenían marcas de reparaciones recientes.
Pero seguían ahí.
Firmes.
Ron metió las manos en los bolsillos.
-Extrañaba este lugar.
Pasaron frente a la tienda de túnicas, luego a una librería donde Hermione se detuvo apenas unos segundos más de lo normal.
-No -dijo Ron inmediatamente.
-Ni siquiera dije nada.
-Pero ibas a entrar.
Hermione sonrió un poco.
-Tal vez.
Ginny soltó una risa.
En ese momento-
¡PAM!
Algo golpeó una ventana cercana.
Todos voltearon.
Un periódico se había estampado contra el cristal antes de caer al suelo.
Harry se agachó y lo recogió.
Y se quedó quieto un segundo.
Ron lo miró.
-¿Qué pasa?
Harry levantó lentamente el periódico.
El enorme titular ocupaba casi toda la portada:
"El Ministerio anuncia reformas: eliminación de dementores en Azkaban"
Hermione abrió los ojos.
-¿Qué?
Tomó el periódico rápidamente.
-Esto es enorme...
Ginny se acercó.
-¿Qué significa exactamente?
Hermione comenzó a leer.
-"El Ministro Kingsley Shacklebolt confirmó que los dementores serán retirados permanentemente de Azkaban como parte de una reforma completa del sistema..."
Ron parpadeó.
-Vaya...
Harry observó el periódico en silencio.
Hermione siguió leyendo más abajo.
Y entonces se detuvo.
-Harry...
Él levantó la mirada.
-¿Qué?
Hermione giró un poco el periódico hacia ellos.
-También salen ustedes.
Ron se acercó rápido.
-¿Qué?
Hermione leyó:
-"Entre los nuevos aurores confirmados oficialmente por el Ministerio se encuentran Harry Potter, Ron Weasley y el recientemente incorporado Alex Antony..."
Ron abrió los ojos.
-¡¿Estamos en primera plana?!
Ginny soltó una pequeña risa.
-Bueno... eso explica por qué todos están mirando.
Harry levantó la vista.
Y recién entonces notó que varias personas alrededor los observaban.
No con miedo.
Ni con tensión.
Con admiración.
Eso era distinto.
Y extraño.