El TrÍo De Oro La Generación de Héroes

Capitulo 11: vacaciones

La habitación de Hermione Granger estaba en silencio.
Nada se movía. Nada explotaba. Nadie discutía sobre ajedrez mágico ni sobre comida.
Solo se escuchaba el leve sonido de las páginas al pasar.
Hermione estaba sentada sobre su cama, todavía con ropa cómoda, rodeada por varios libros que había dejado abiertos desde que volvió a casa.
La luz de la tarde entraba suavemente por la ventana.
Frente a ella descansaba uno de los libros que había comprado en el Callejón Diagon.
"Reformas modernas en la cooperación mágica internacional".
Hermione lo observó unos segundos.
Luego suspiró apenas.
-Bueno... supongo que es hora de leerlo de verdad.
Tomó el libro y comenzó a pasar las primeras páginas lentamente.
Mientras tanto, a varios kilómetros de ahí...
-¡Eso es trampa! -protestó Ron.
-No puedes decir "trampa" cada vez que vas perdiendo -respondió Harry sin levantar la vista del tablero.
El pequeño departamento estaba bastante desordenado.
Dos tazas vacías sobre la mesa. Papeles del Ministerio tirados en un sillón. Una chaqueta colgada torcidamente sobre una lámpara.
Y en medio de todo eso, Harry y Ron jugaban ajedrez mágico en el suelo de la sala.
-Tu caballo literalmente me insultó -dijo Ron señalando el tablero.
-Eso significa que vas perdiendo.
-Eso significa que tu caballo tiene problemas de actitud.
Harry soltó una pequeña risa.
Por la ventana entraba el ruido lejano de Londres mágico.
La noche había caído sobre Londres.
El pequeño departamento seguía igual de desordenado que horas antes... quizá un poco peor.
Una caja vacía de dulces sobre la mesa. Dos chaquetas tiradas en el sofá. Y varias piezas de un juego mágico moviéndose solas por el suelo.
-¡Eso no cuenta! -protestó Ron.
-Claro que cuenta -respondió Harry, riéndose.
En medio de la sala, ambos estaban sentados frente a un viejo tablero encantado parecido al ajedrez mágico... aunque bastante más caótico.
Las piezas cambiaban de lugar solas. Algunas desaparecían. Y otras intentaban hacer trampa descaradamente.
Ron señaló una de las piezas. -¡Tu mago acaba de esconderse debajo de la mesa!
La pequeña figura levantó la cabeza desde el borde del tablero y gritó: -¡Estrategia!
Harry soltó una carcajada.
-Hasta el juego sabe que vas perdiendo.
Ron abrió la boca para responder- cuando alguien llamó a la puerta.
Harry levantó la mirada. -Debe ser Antony.
Ron se puso de pie lentamente. -Espero que esta vez no se haya perdido otra vez.
Abrió la puerta.
Y efectivamente... Antony estaba ahí, sosteniendo una pequeña bolsa y con expresión cansada.
-Buenas noches -dijo apenas entrando.
Ron cerró la puerta detrás de él. -¿Qué te pasó ahora?
Antony dejó escapar el aire lentamente. -Tomé el autobús nocturno equivocado.
Hubo un segundo de silencio.
Harry parpadeó. -¿Cómo se toma el autobús nocturno equivocado?
-No lo sé -respondió Antony honestamente-. Pero terminé en Gales durante veinte minutos.
Ron soltó una carcajada inmediata.
-¡¿Qué?!
Antony dejó la bolsa sobre una silla.
-El conductor dijo que "técnicamente seguíamos en ruta".
Harry ya se estaba riendo también.
-Eso suena exactamente a algo que pasaría en el Autobús Noctámbulo.
Antony negó con la cabeza, todavía agotado. -Creo que una maleta me golpeó tres veces.
Ron se cruzó de brazos. -Entonces sí tuviste un viaje normal.
Antony soltó una pequeña risa cansada.
Entonces miró alrededor del departamento.
Y se quedó en silencio unos segundos.
Harry lo notó inmediatamente.
-Sí... está un poco desordenado.
-"Un poco" -repitió Antony mirando una taza peligrosamente inclinada sobre unos papeles.
Ron se cruzó de brazos. -Eso se llama decoración artística.
Antony negó con la cabeza divertido... y comenzó a recoger algunas cosas del suelo casi por reflejo.
Harry levantó una ceja. -No tienes que hacer eso.
-Lo sé.
Acomodó varios pergaminos sobre la mesa.
-Pero honestamente ya me estaba estresando verlo.
Ron señaló a Harry. -¿Ves? Te dije que necesitábamos alguien responsable aquí.
-Tú dijiste que necesitábamos un elfo doméstico.
-La idea sigue siendo buena.
Antony soltó una risa mientras movía una silla a su lugar.
Por primera vez desde que lo conocieron... ya no parecía incómodo estando ahí.
Parecía acostumbrarse lentamente al ruido, las bromas y el caos constante alrededor de Harry y Ron.
Harry volvió a mirar el tablero encantado.
-¿Quieres jugar?
Antony observó cómo una de las piezas intentaba golpear a otra con una espada diminuta.
-...¿Ese juego es seguro?
-No mucho -respondió Ron-. Por eso es divertido.
Mientras tanto...
La habitación de Hermione seguía iluminada apenas por una lámpara junto a la cama.
El libro descansaba abierto entre sus manos.
Las páginas avanzaban cada vez más despacio.
Hermione terminó un último párrafo... y finalmente cerró el libro con suavidad.
El cuarto quedó en silencio.
Miró la portada unos segundos.
Luego dejó escapar un pequeño suspiro cansado.
-Creo que eso es todo por hoy...
Se recargó lentamente contra la pared detrás de ella.
Pero incluso después de cerrar el libro... su mente seguía trabajando.
Leyes mágicas. Criaturas olvidadas. Cambios pendientes.
El mundo mágico estaba reconstruyéndose.
Y quizá...
ella también estaba empezando a encontrar su lugar dentro de él.
Hermione volvió a abrir el libro a la mañana siguiente.
La luz del sol entraba suavemente por la ventana de su habitación, iluminando las páginas abiertas sobre sus piernas.
La casa seguía en silencio. Sus padres aún no despertaban del todo.
Hermione acomodó mejor la almohada detrás de ella y comenzó a leer otra vez.
"Las reformas posteriores a la guerra deberán incluir también la protección y representación de criaturas mágicas tradicionalmente ignoradas..."
Sus ojos se detuvieron ahí.
Y entonces-
Un recuerdo cruzó su mente.
Flash.
La cocina de Hogwarts.
Elfos domésticos moviéndose rápidamente entre ollas enormes y platos flotando por el aire.
Una Hermione más joven observándolos indignada.
-Deberían recibir un salario -decía firmemente.
Ron soltaba un suspiro cansado desde la mesa.
-Hermione... otra vez no.
Flash.
Montones de gorros tejidos escondidos por toda la sala común de Gryffindor.
Hermione sonriendo satisfecha mientras intentaba "liberar" elfos domésticos.
Flash.
Dobby sosteniendo varios calcetines distintos con una sonrisa enorme.
-Dobby es un elfo libre.
Flash.
La playa. La arena fría. Harry cavando una tumba en silencio.
"Here lies Dobby. A free elf."
Hermione bajó lentamente la mirada hacia el libro otra vez.
El mundo mágico había cambiado muchísimo desde la guerra.
Pero algunas cosas...
seguían igual.
Mientras tanto...
El departamento de Harry y Ron estaba completamente en silencio.
Demasiado silencio.
Hasta que-
¡CLANG!
Algo cayó al suelo.
-¡Eso no fue mi culpa! -gritó Ron desde la cocina.
Harry apareció medio dormido en la puerta.
-¿Cómo logras hacer ruido apenas despiertas?
Ron sostenía una sartén con expresión ofendida.
-Intentaba cocinar.
Harry observó el humo que salía lentamente detrás de Ron.
-Eso parece un ataque mágico.
-Es desayuno.
Harry soltó una pequeña risa y se dejó caer en una silla cercana.
El pequeño departamento seguía desordenado, aunque ahora había varias cosas acomodadas perfectamente en una esquina gracias a Antony la noche anterior.
Ron puso dos platos sobre la mesa.
-Bueno... quizá están un poco quemados.
Harry miró el contenido.
-"Un poco" es una palabra muy generosa.
Ron ignoró el comentario y se sentó frente a él.
Durante unos segundos solo se escuchó el ruido de cubiertos y el tráfico lejano afuera de la ventana.
Luego Harry habló.
-Oye, Ron...
-¿Hm?
Harry movió distraídamente el tenedor.
-¿Alguna vez has pensado qué vas a hacer después?
Ron levantó una ceja. -¿Después de qué?
-Después de todo esto. Las vacaciones... el Ministerio... todo.
Ron se quedó pensando unos segundos.
-Supongo... se encogió un poco de hombros. -No realmente.
Harry asintió lentamente.
-Yo sí un poco.
Ron levantó la mirada.
Harry dudó apenas un segundo antes de hablar.
-He pensado en decirle a Ginny que vivamos juntos.
Ron abrió ligeramente los ojos.
-Vaya...
Harry soltó una pequeña risa incómoda.
-Sí. Suena raro cuando lo digo en voz alta.
-No raro -respondió Ron-. Solo... adulto.
Harry se rió por la nariz.
-Eso es exactamente lo raro.
Ron se recargó en la silla, pensativo.
-Bueno... supongo que yo también he pensado algo así con Hermione.
Harry sonrió apenas.
-¿Sí?
Ron asintió lentamente.
-No ahora mismo quizá... pero sí en algún momento.
Hubo una pausa cómoda.
Luego Ron señaló el plato de Harry.
-Por cierto... si sobrevives mi desayuno, probablemente sobrevivas cualquier cosa.
Harry miró la comida quemada.
-Eso no me tranquiliza en absoluto.
Los días comenzaron a pasar lentamente.
Sin prisas. Sin batallas. Sin entrenamientos interminables.
Solo vacaciones.
Hermione pasaba gran parte del tiempo en su habitación, casi siempre con el libro abierto entre las manos.
A veces leía sentada en la cama. Otras veces junto a la ventana, mientras la lluvia golpeaba suavemente el cristal o el sol iluminaba las páginas.
Y mientras avanzaba capítulo tras capítulo...
más pensamientos comenzaban a llenar su cabeza.
Las leyes mágicas. Las criaturas olvidadas. Las reformas que todavía faltaban.
Cada página parecía recordarle algo distinto.
Flash.
El Ministerio de Magia años atrás. Umbridge caminando orgullosamente frente a las jaulas de criaturas mágicas.
Flash.
Buckbeak encadenado.
Flash.
Kreacher inclinando la cabeza en Grimmauld Place.
Flash.
Dobby sonriendo feliz por recibir un simple calcetín.
Hermione cerraba el libro por momentos... solo para quedarse pensando.
Porque después de la guerra, el mundo mágico parecía finalmente dispuesto a cambiar.
Y por primera vez...
ella sentía que quizá podía ayudar a lograrlo.
A veces incluso bajaba el libro lentamente y miraba alrededor de su habitación.
Todo parecía tan tranquilo.
Demasiado distinto a Hogwarts. Distinto al Ministerio. Distinto a los meses anteriores.
Y aun así...
su mente seguía moviéndose igual de rápido.
Una tarde, volvió varias páginas hacia atrás. Releyó un pequeño apartado sobre regulaciones mágicas internacionales. Luego otro sobre derechos de criaturas mágicas.
Hermione frunció apenas el ceño.
Había demasiadas leyes. Demasiadas reglas.
Y muchas parecían escritas por personas que jamás habían intentado entender realmente a quienes afectaban.
Bajó lentamente el libro hasta su regazo.
Y sin darse cuenta...
comenzó a imaginarse ahí.
Sentada en una oficina del Ministerio. Discutiendo leyes. Intentando cambiar cosas.
No por fama. No por reconocimiento.
Simplemente porque era lo correcto.
Hermione dejó escapar un pequeño suspiro.
Luego sonrió apenas.
Porque por primera vez desde el final de la guerra...
el futuro comenzaba a verse un poco más claro.
Los días comenzaron a pasar con una tranquilidad extraña. Sin explosiones. Sin batallas. Sin cartas urgentes del Ministerio.
Solo verano.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Hermione Granger no sabía exactamente qué hacer consigo misma.
Una mañana, volvió a abrir el libro que había comprado en el Callejón Diagon.
Seguía sentada sobre su cama, con las piernas cruzadas y varias hojas sueltas alrededor. La ventana estaba abierta y una corriente suave movía apenas las cortinas del cuarto.
Hermione acomodó mejor el libro entre sus manos.
-Bien... -murmuró para sí misma-. Continuemos.
Y volvió a leer.
Las páginas hablaban sobre reformas mágicas modernas. Criaturas mágicas. Leyes antiguas. Cambios que el Ministerio llevaba décadas evitando.
Pero cuanto más avanzaba...
más cosas comenzaban a volver a su mente.
Flashbacks pequeños. Momentos sueltos.
Las cocinas de Hogwarts.
Cientos de elfos domésticos trabajando sin descanso.
Las miradas nerviosas de algunos cuando ella intentaba hablarles.
La voz de Ron años atrás: "Ellos quieren trabajar."
Y después...
Dobby.
"Dobby es un elfo libre."
Hermione bajó lentamente el libro un momento.



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Editado: 16.05.2026

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