Tres días después...
El verano seguía avanzando lentamente sobre Inglaterra.
Hermione Granger caminaba por una de las calles de Londres muggle su cabello estaba moviéndose ligeramente con el viento.
La ciudad seguía viva como siempre. Personas entrando y saliendo de cafeterías. Autos pasando junto a la acera. El ruido constante de conversaciones, pasos y música lejana saliendo de algunas tiendas.
Hermione no tenía prisa.
Caminaba simplemente porque quería hacerlo.
Había salido temprano de casa.
Pasó frente a una librería y disminuyó el paso casi por reflejo.
Sonrió apenas.
-Claro... eso tenía que pasar.
Terminó entrando.
El pequeño lugar olía a papel viejo y café recién hecho. Las estanterías estaban llenas hasta arriba y apenas había unas pocas personas recorriendo los pasillos en silencio.
Hermione caminó lentamente entre los libreros, pasando los dedos por algunos títulos distraídamente.
Historia. Política. Derechos sociales. Incluso algunos libros sobre leyes muggles.
Tomó uno de ellos por curiosidad y hojeó un par de páginas.
Y sin darse cuenta... comenzó a pensar otra vez, enn todo lo que todavía faltaba cambiar.
Y ella quería formar parte de eso.
Hermione cerró suavemente el libro y volvió a colocarlo en su lugar.
Por un momento simplemente observó alrededor.
Todo se sentía tranquilo. Normal. Muy distinto a Hogwarts.
Y aun así... esa tranquilidad ya no le parecía vacía.
Le parecía merecida.
Mientras tanto...
Muy lejos de Londres, Harry Potter caminaba entre árboles altos y senderos tranquilos cerca de las afueras de Ottery St. Catchpole.
El aire era fresco. Solo se escuchaban hojas moviéndose y algunos pájaros a lo lejos.
Harry llevaba las manos en los bolsillos mientras avanzaba sin realmente pensar hacia dónde iba.
A veces necesitaba eso.
Silencio.
Después de años viviendo rodeado de ruido, peligro y expectativas... la tranquilidad todavía se sentía extraña.
Pero ya no incómoda.
Se detuvo un momento junto a un pequeño lago rodeado de árboles. El agua reflejaba el cielo despejado de la tarde.
Harry observó el reflejo unos segundos.
Y por primera vez en mucho tiempo... no pensó en la guerra.
Mientras tanto...
La Madriguera estaba mucho más tranquila de lo normal.
El ruido de platos y conversaciones suaves llegaba desde la cocina mientras la luz cálida de la tarde entraba por las ventanas.
Ron estaba sentado en la mesa junto a Arthur Weasley, revisando distraídamente una revista de Quidditch mientras bebía té.
-¿Entonces ya decidiste qué harás con el departamento? -preguntó Arthur levantando la mirada de uno de sus aparatos muggles desmontados.
Ron se encogió ligeramente de hombros.
-Supongo que seguir viviendo ahí un tiempo.
Arthur asintió lentamente.
-Tiene sentido. Te acerca al Ministerio.
Ron dejó la revista sobre la mesa.
-Sí... además Harry ya prácticamente vive ahí también.
Desde la cocina, Ginny soltó una pequeña risa.
-"Prácticamente", dice.
Ron ignoró el comentario con dignidad exagerada.
Molly apareció unos segundos después con una bandeja entre las manos.
-Todavía no entiendo cómo sobreviven solos.
-Estamos perfectamente bien -respondió Ron.
Ginny levantó una ceja.
-Ron casi incendia una sartén hace cuatro días.
-Eso fue una vez.
-Fueron dos -corrigió Ginny.
Arthur ocultó una sonrisa detrás de su taza.
Ron suspiró dramáticamente.
-Nadie en esta casa respeta mi autoridad.
Y justo en ese momento...
Tres lechuzas distintas cruzaron el cielo.
Una descendió cerca del pequeño lago donde estaba Harry. Otra aterrizó sobre la mesa de la Madriguera. Y la tercera golpeó suavemente una ventana de la librería donde Hermione seguía mirando libros.
Las tres llevaban exactamente el mismo sobre.
Negro.
Sin remitente.
Harry frunció ligeramente el ceño mientras la lechuza dejaba caer la carta frente a él antes de alejarse. Hermione tomó el suyo con curiosidad inmediata. Y Ron levantó una ceja apenas vio el color del sobre.
-Bueno... eso no da nada de miedo -murmuró.
El papel era más grueso de lo normal. Elegante. Casi demasiado elegante.
Hermione pasó los dedos por el borde del sobre unos segundos antes de abrirlo. Harry observó el suyo con desconfianza inmediata. Ron directamente lo giró varias veces buscando algún nombre.
No había nada.
Ni sello. Ni firma. Ni marca del Ministerio.
Solo una frase escrita con tinta plateada en el frente:
"Ven solo."
Hubo un pequeño silencio en los tres lugares.
Hermione frunció más el ceño. Harry bajó lentamente la carta. Y Ron soltó una pequeña risa nerviosa.
-Sí... definitivamente esto parece una pésima idea.
Dentro del sobre solo había una dirección escrita cuidadosamente.
Nada más.
Unas horas después...
Hermione estaba sentada en su habitación con la carta abierta frente a ella.
La había leído al menos cinco veces.
Y seguía sin gustarle.
-Esto definitivamente parece una trampa... -murmuró.
La dirección seguía escrita exactamente igual. Sin explicación. Sin firma. Nada.
Hermione volvió a girar el sobre entre sus manos.
¿Por qué ella?
Y más importante... ¿por qué pedirle que fuera sola?
Mientras tanto...
Harry seguía sentado cerca del pequeño lago, observando el sobre negro entre sus manos mientras el viento movía suavemente los árboles alrededor.
La carta descansaba abierta sobre sus piernas.
"Ven solo."
Harry frunció ligeramente el ceño.
No reconocía la letra.
Y eso le molestaba más de lo que quería admitir.
Durante unos segundos pensó simplemente en ignorarla.
Pero algo no terminaba de encajar.
Porque si alguien realmente quisiera hacerle daño... habría formas mucho más fáciles de intentarlo.
Mientras tanto...
Ron seguía en la cocina de la Madriguera con la carta apoyada frente a él sobre la mesa.
Ginny lo observaba desde el otro lado.
-¿Y quién la mandó?
Ron levantó ligeramente la carta.
-Ese es exactamente el problema. No lo sé.
Arthur bajó un poco el periódico.
-¿Tiene alguna marca del Ministerio?
-Nada.
Molly frunció ligeramente el ceño.
-No me gusta eso.
Ron volvió a mirar la dirección escrita en tinta plateada.
Y honestamente... a él tampoco.
Al día siguiente, poco antes del atardecer...
Hermione llegó primero al lugar indicado.
El camino era silencioso. Rodeado de árboles altos y enormes rejas negras visibles a la distancia.
Hermione caminó lentamente, con una mano cerca de su varita dentro del abrigo.
No le gustaba nada de eso.
Y entonces escuchó pasos acercándose.
Levantó la mirada rápidamente.
Harry apareció al otro lado del camino.
Los dos se detuvieron casi al mismo tiempo.
Hermione abrió ligeramente los ojos.
-¿Harry?
Harry parecía igual de confundido.
-¿Qué haces aquí?
Hermione frunció el ceño.
-Podría preguntarte lo mismo.
Y antes de que cualquiera pudiera decir algo más-
-Por favor díganme que ustedes también recibieron una carta rara.
Ron apareció caminando unos metros detrás de ellos, sosteniendo el mismo sobre negro en la mano.
Hermione parpadeó.
Harry también.
Y entonces los tres entendieron algo al mismo tiempo.
Ninguno había sido invitado solo.
Ron observó a ambos unos segundos.
-...Bueno. Esto ya da mucho más miedo.
Hermione cruzó los brazos.
-Definitivamente.
Harry levantó lentamente la mirada hacia el frente.
Más allá de las enormes rejas negras... una gran mansión comenzaba a verse entre los árboles.
Y entonces Hermione abrió ligeramente los ojos.
-Esperen...
Ron también la reconoció.
El ambiente cambió por completo.
Porque frente a ellos...
estaba la Mansión Malfoy.
Las enormes rejas negras de la mansión comenzaron a abrirse lentamente frente a ellos.
El ruido metálico rompió el silencio del camino.
Ron dio un paso atrás casi por reflejo.
-No. Nope. Esto definitivamente es una mala idea.
Hermione ya tenía una mano sobre su varita dentro del abrigo.
-Harry...
Pero Harry seguía mirando la mansión al fondo del camino.
Las ventanas estaban encendidas.
No parecía abandonada.
No parecía una emboscada.
Y eso era justamente lo extraño.
-Ya llegamos hasta aquí -dijo finalmente-. Quiero saber qué está pasando.
Ron lo miró incrédulo.
-Sí, porque seguir a una invitación anónima hasta la Mansión Malfoy siempre termina bien.
-Tú viniste también.
-¡Porque pensé que eras tú quien la había mandado!
Hermione soltó aire lentamente.
-Solo... entren atentos.
Los tres sacaron sus varitas.
Y comenzaron a avanzar.
El camino de piedra crujía suavemente bajo sus pasos.
Mientras avanzaban, la enorme Mansión Malfoy se hacía cada vez más visible entre los árboles oscuros.
Hermione observaba todo atentamente.
Las estatuas a los lados del camino. Las ventanas iluminadas. El silencio.
Demasiado silencio.
Ron caminaba con la varita firmemente levantada.
-Si sale un mortífago de algún arbusto, pienso correr y dejarlos atrás.
-Qué valiente de tu parte -murmuró Hermione.
-Gracias.
Harry seguía mirando hacia adelante.
Algo se sentía... distinto.
La mansión ya no tenía aquel aire frío y amenazante que recordaba de la guerra.
Seguía siendo imponente. Seguía siendo intimidante.
Pero ya no se sentía llena de oscuridad.
Cuando finalmente llegaron frente a las enormes puertas de entrada, los tres se detuvieron.
Hubo unos segundos de absoluto silencio.
Y entonces-
Las puertas comenzaron a abrirse solas.
Ron levantó la varita inmediatamente.
-No me gusta eso. No me gusta nada eso.
Hermione dio un pequeño paso hacia adelante.
El interior de la mansión estaba iluminado apenas por varias lámparas altas. Todo parecía perfectamente ordenado.
Pero vacío.
Harry frunció ligeramente el ceño.
-¿Hola...?
Nadie respondió.
Ron miró alrededor con tensión evidente.
-Esto oficialmente se convirtió en la peor idea que hemos tenido.
-Hemos tenido peores -dijo Harry.
-Harry, una vez saltamos a un lago siguiendo una araña.
-Buen punto.
Hermione estaba a punto de hablar cuando escucharon pasos acercándose desde el fondo del enorme pasillo.
Lentos.
Firmes.
Los tres levantaron las varitas al mismo tiempo.
Y unos segundos después...
Draco Malfoy apareció al final de las escaleras.
Vestía completamente de negro y mantenía la misma postura orgullosa de siempre. Pero algo en él se veía diferente.
Más cansado quizá.
O simplemente... más serio.
Draco bajó la mirada hacia las tres varitas apuntándole.
Y soltó aire lentamente.
-Sí... honestamente esperaba esa reacción.
Nadie bajó la varita.
El silencio se volvió pesado casi de inmediato.
Ron fue el primero en hablar.
-¿Tú mandaste las cartas?
Draco asintió una sola vez.
-Sí.
Hermione frunció ligeramente el ceño.
-¿Y por qué exactamente pensaste que esto no parecía sospechoso?
Draco miró alrededor de la mansión unos segundos.
-Porque si les decía directamente que era yo... probablemente ninguno habría venido.
Ron no respondió.
Solo mantuvo la varita levantada, observándolo con evidente desconfianza.
Harry seguía mirándolo atentamente.
Draco no parecía nervioso. Pero tampoco arrogante como antes.
Era extraño.