El tritón del capitán

02—El rugido del mar

El trueno sacudió el casco del barco, haciendo vibrar cada tabla como si el océano entero quisiera partirlo en dos.

Kael no apartó la mirada del tritón. El filo de su espada brillaba bajo la luz azulada de un relámpago, pero en sus ojos había más preguntas que furia.

-¿Eres tú? -murmuró, apenas audible, como si hablara consigo mismo-. ¿Has llamado a la tormenta?

Las olas golpearon el casco con tal fuerza que el barco entero se inclinó. Los hombres en cubierta gritaron, el sonido de las velas desgarrándose se mezcló con el rugido del viento.

-Habla, criatura. Si tienes lengua humana... hazlo ahora.

Aeris, con el pecho agitado y la sangre aún tiñendo el agua alrededor de sus heridas, dejó escapar una risa baja, áspera. No era burla, pero sí un desafío.

-¿Yo? -su voz era clara, aunque un poco ronca por el dolor-. El mar no necesita que lo llamen, capitán. Solo se despierta cuando está cansado de cargar con parásitos como ustedes.

Kael clavó la punta de la espada en el suelo para afirmarse.

-¿Parásitos, dices? -preguntó con voz baja, peligrosa.

-Sí. -Aeris alzó la barbilla con orgullo, aunque estaba herido y desnudo-. Los humanos creen que pueden robarle todo al mar: su fuerza, sus criaturas, su libertad. Pero el mar siempre se cobra su precio.

El capitán apretó los dientes. Afuera la tormenta rugía más fuerte, como si las palabras del tritón fueran un eco de la furia del océano.

Aeris respiraba con dificultad. Sus labios estaban pálidos y su mirada fija en el hombre que lo observaba como a un animal raro. Su orgullo seguía allí, en el modo en que sostenía la mirada, pero su cuerpo no le respondía como debía.

-Déjame salir... -su voz sonó ronca, apenas audible-. No entiendes... si me quedo aquí, moriré.

Kael no respondió de inmediato. Su silueta se alzaba firme frente al tritón en el suelo.

-Un botín como tú... -dijo al fin, con voz grave-. ¿Crees que lo voy a tirar al mar como si nada?

Aeris apretó los dientes, Cada movimiento parecía arrancarle dolor.

-No soy... un botín -escupió con rabia contenida, aunque su cuerpo temblaba.

Arriba, los gritos de la tripulación atravesaron el suelo. Pasos apresurados retumbaban, y la madera crujía bajo el embate del viento y el agua.

-¡Capitán! -una voz se coló por la escotilla-. ¡Si no nos vamos ya, nos vamos a hundir!

Otro relámpago iluminó el interior. Kael alzó apenas la cabeza hacia la voz, pero no apartó la vista del tritón. El mar rugía como un animal encadenado, y todo indicaba que no le quedaba mucho tiempo.

Se inclinó hacia adelante.

-Entonces tendrás que vivir lo suficiente para que decida qué hacer contigo -susurró.

Aeris lo miró con una mezcla de furia y miedo. La tormenta rugió, el barco se inclinó peligrosamente de nuevo y un barril rodó por el suelo

Kael se incorporó de golpe y guardó la espada.

-¡Mantengan el rumbo! -rugió hacia la escotilla-. Nadie abandona este barco hasta que yo lo diga.

Aeris, en el suelo comprendió que estaba atrapado entre dos tormentas: la del océano y la del hombre frente a él.



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Editado: 25.08.2025

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