El acoso de Alondra se volvió sistemático. Desesperada, Daniela intentó buscar apoyo. En una ocasión, esperó a que un profesor terminara su clase para explicarle la situación, pero él respondió con frialdad: "Estamos en la universidad. No son niños de primaria. Resuélvelo tú misma. No estoy aquí para ser mediador".
La indiferencia no fue un evento aislado; se convirtió en un muro. Daniela documentó todo en un diario y solicitó hablar con el coordinador, quien también la despachó, sugiriendo que "ignorara" el conflicto. El sistema universitario, preocupado solo por su imagen y sus resultados, dejó a Daniela totalmente desamparada ante su agresora.