Blue Swen fue incapaz de descansar en toda la noche. Principalmente, por la falta de costumbre a tanto lujo a su alrededor.
La habitación en la que lo acomodaron era gigantesca. Con ventanales amplios de cristal y una cama extensa, sobre la cual, pensó el niño. Debería dormir plácidamente unas diez personas.
Una exageración hasta cierto punto.
Al serle imposible, incluso con su cansado cuerpo totalmente agotado, dormir en las suaves sábanas y el magnífico colchón. Se acurrucó en el sillón más cercano a la puerta. Su cabeza solo daba vueltas, junto a los recuerdos de toda una vida. Las verdades escuchadas ese día, no aliviaba el pesado cuestionario que tenía sobre su persona. En vez de cerrar un capítulo de su historia, se abría otro. Uno del que no se sentía preparado para afrontar.
Un padre
¿Podía aferrarse a esa historia?
¿Debía confiar en ese hombre que se hacía llamar su padre?
¿Qué sería de su vida a partir de ese momento?
Una familia, no era precisamente un deseo secreto. Siempre fueron él y su madre. Luego, su tía ... ese ya era un tema cerrado y no quería hablar de ello.
Para cuando pudo cerrar sus ojos sin ser atormentado por sus ideas, la puerta replicó con dos golpes. Levantándose con dificultad, no tuvo tiempo de contestar, una mujer de cabello tan rojo y brillante como nunca lo había visto en su vida entró con un pequeño gato gordo entre brazos.
— "Ber deto moro" ... significa buenos días, querido — comenzó ella a hablar con un tono suave . A pesar de ello, su voz sonaba desinteresada — Blue, ¿me equivoco?
— Si, así es, ¿usted es? — caminó la mujer con gracia. El vestido naranja y el cabello recogido la hacían lucir como una señora importante.
— Diane Dawson, ese es mi nombre y supongo que ... seré tu madrastra — Blue se quedó mudó ¿Madrastra? Un escalofrío recorrió su espalda. ¿Debía asustarse de aquella mujer o solo eran sus nervios hablando?
— Es un placer, yo
— No te equivoques, no tengo malos sentimientos contra ti. Eres apenas una pobre alma, víctima de las circunstancias que te rodearon — levantó el mentón con arrogancia — No te aferres a la idea del desprecio, no tengo tiempo para eso. Solo espero tu cooperación ante la situación emergente. Decirte que te comportes, sería una ofensa, todos los Dawson estáis locos. Me pregunto niño....¿cuánto te tomará perder totalmente la cordura?
Blue no sabía cómo contestar.
— .... por ahora — continuó ella — Solo vine a darte la bienvenida. Hay algo de ropa en el armario, ponte lo que te haga sentir más cómodo. Si necesitas ayuda, toca la campanilla justo al lado de tu cama. Al terminar sal, hay una sirvienta en la puerta que te llevará al comedor. Date prisa por favor, todos están esperando por ti.
Se dió vuelta y se fue. Dejando al niño preocupado ante el concepto de "todos esperan por ti"
°°°°
El comedor era esplendoroso, mágico incluso. En las paredes existían tantos cuadros como en los pasillos. La evidente diferencia, estos se movían.
A la derecha una pintura de un barco. Este se veía como las olas chocaban cobra los bordes del cuadro. El bote de madera, le recordó la embarcación en la que antes había estado atrapado. En el lado izquierdo, una niña abría su sombrilla y cubría su cuerpo, ante el viento que la hacia retroceder unos pasos. Nunca en su vida, vió cosa similar.
En la larga mesa, el duque se encontraba sentado al frente, a los laterales los trillizos uno consecutivo del otro. Siendo Black la más cercana al duque. En el otro lado, una niña pequeña pelirroja entre los cinco y seis años tenía un libro enorme sobre la mesa. Miró a Blue y este se sorprendió al comprobar sus ojos tan rojos. Cercano al duque, del mismo lado, frente a la albina. Una niña aún más joven, un bebé casi, uno que bien no pasaba de los dos o tres años.
Poseía un tono naranja de pelo, rizado y erizado, acompañado de unos ojos marrones, grandes y expresivos. Sonreía con inocencia mientras saboreaba la brillante cucharita.
— ¡Un Nené! — gritó cuando sus ojos se posaron. La niña se puso de pie en su silla, dando pequeños golpes en la mesa.
— Siéntete, Latte — le ordenó la duquesa.
— Mamá, a Nené — repitió con entusiasmo
— Latte, escucha a tu madre — le dijo el duque con voz suave — Siéntate donde quieras, Blue — El niño iba a lugar en el lado de los trillizos, junto a White — No ahí, no.
De repente las sillas sobrantes desaparecieron y el resto se reubicaron solas. Moviéndose mágicamente y sentándose justo al lado de su padre.
— Familia, este es Blue. Vuestro nuevo hermano. A partir de hoy, un miembro permente de nuestra familia — la mención de aquella palabra, se escuchó terrorífica — Bien, espero que te sientas bienvenido. Ahora, ya conoces a los trillizos y a mi esposa.
Blue asintió.
— Está es Margaritte — dijo señalando a la pelirroja, con su rostro serio, apenas reaccionó a la presentación — Y este animalito de aquí es Viola Teys — agarró las mejillas de la pequeña niña y está sonrió ante el acto de cariño.
— A Tate — dijo ella levantado su manita y señalando al niño.
— Ella dice que le digas Latte, es la unión de sus dos nombres y a la otra llámala Magui — le susurró Black al oído.
— ¡Hermana! — gritó la pelirroja poniéndose el rostro totalmente rojo — ¡Aún no poseemos esa confianza!
La risa escandalosa de Grey salió seguido de los gritos de su hermana menor.
— Ella no le gusta su apodo, simplemente. No entiendo porque se empeñan en asignarse apodos cuando portan nombres magníficos.
White chasqueo la lengua ante el comentario de Diane.
— Blue no tiene un apodo. Ese es su nombre.
El chico escuchaba pero no comprendía lo que sucedía, a su alrededor.
— Lo que mi "maravillosa y escandalosa" hija intenta decir, es que Black , Grey y White no son los nombres de los trillizos.
— ¿No? — preguntó el niño con la duda. Desde el principio se habían presentado de ese modo.
Editado: 12.05.2026