Sí las verdades llenaran una copa larga de vino. Blue Swen se ahogaría en ella sin lugar a dudas.
La leyenda del Gran Colosal.
La maldición de los Yukinoshita.
La maldición de su familia materna.
La ley de Ojos Rojos y ahora, Los Reyes de Picas y su culto de psicópatas.
Esa, sí era una historia para perder la poca cordura que le quedaba. Demasiadas puerta cerradas siendo abiertas sin detenerse. Mucha información para procesar en poco tiempo.
— ¿Estás bien? — le pregunto Raven Sinclaire, quién había tomado una posición sentada con las piernas cruzadas — La historia de la enorme y golosa serpiente. A Black le encantaba, se nota que son hermanos. Pero es eso solo una historia. Nadie sabe si la serpiente o esos reyes existieron en realidad.
El rubio comprendió en poco tiempo que Raven no tenía idea quién era el duque. Entonces.
— ¿Por qué le tienes miedo al duque?
— Otra vez, preguntas cosas obvias y no permites que mi historia llegue a tu persona. El duque es la persona más peligrosas de ese Imperio. Ni el Emperador actual se entromete en su camino. Hay rumores de que después del viejo muera, él podría tomar su lugar.
Blue mordió sus labios. Se había convertido en una desagradable costumbre. Ya sabía cómo planeaba el duque tomar el trono. Y en su plan estaba él. Eso supondría que cada palabra que salió de la boca de Trenton Morya era cierta.
¿Debía sacrificarse por Latte, cuando su padre ya planeaba sacrificarlo a él?
— Muy bien. Continuaré, ahí estaba yo. Descubriendo como la futura madre de mis hijos, estaba siendo torturada y tratada como una simple esclava. En resumen, huí de casa. Compre tres entradas al Coliseo, porque no pude ser contratado ni como limpiador. Nunca logré verla, ni a ella, White o Grey. Me quedé en una posada buscando alguna información útil. Me robaron y estafaron. Terminé trabajando como músico en la casa de Madame Letua y un día recibí una nota. Un intercambio de información. Para entonces los trillizos ya habían escapado del Coliseo. Pusieron una recompensa por sus cabezas. Me encontraba desesperado. Me pedían cierta información a cambio de decirme la dirección actual de esos tres. No poseía tal respuesta cuando la encontré, así que investigué y no pensé dos veces en reunirme con la persona de la nota. Por segunda vez, terminé estafado y encerrado en este agujero infernal.
— ¿Qué fue lo qué descubrirte? — la curiosidad de Blue se alzó como un mástil.
Raven Sinclaire, por su parte suspiró.
— No es algo relevante, Apenas fue un murmullo que el viento susurró en mi oído.
— ¿Qué? — la pregunta quedó colgada en el aire.
— El duque de Vorshe, GG Dawson, hizo un trato con la Reina de las Brujas. Un trato que iniciaría un nuevo capítulo en la historia y tú, amigo mío. Eres parte de él.
— ¿A qué te refieres?
— Ni idea. Tuve que dejar a una bruja medio inconsistencia de tanto alcohol que le dí solo para escuchar lo del trato. Luego casi fui violado por un aquelarre para confirmarlo.
— ¿Cuál sería el trato? — Raven se encogió de hombros y respondió con exageración.
— Oh niño. ¡Eso, ni el mismísimo Nos, lo sabe!
••••
El cabello rubio sedoso de White Dawson se encontraba cubierto por una fina capa de sangre. El rojizo líquido manchaba con pequeñas gotas el área del pecho de su blanca túnica, su pendiente derecho y su mejilla izquierda.
Arrastraba el inmóvil cadáver desde el pasillo del segundo piso que conducía a la habitación principal, donde su padre descansaba sobre un sillón mullido, con una base de oro puro.
Lanzó el cadáver hasta caer en los pies de este. Quién con la mirada fría, observó el cuerpo medio chamuscado de uno de los hombres tigres, que trabajaban para Conrad Higas a primera vista ,pero conspiraba con su enemigo en las sombras. Grey Dawson también se encontraba allí. Jalando la soga de la cual la niñera de Latte y Margaritte colgaba con la boca vendada, llorando de puro pánico.
Su padre no se mostraba contento. No creía que nadie en la mansión lo estuviera. Resultaba que el hogar Dawson, no tenía una rata, sino, un nido de ellas.
El trabajo encomendado, encontrar al menor de los Sinclaire, fue en vano. El bastardo se esfumó sin dejar rastros. White continuaba sin creer que siguiese vivo. Lo peor de regresar a casa con las manos vacías, era enterarse de la situación de dos de sus hermanos menores. El caos desatado parecía incontrolable. La pequeña espina de molestia clavada en su espalda, no era por el inesperado secuestro, más bien, por la actitud inexpresiva de su padre y hermana mayor. Como si ambos supieran que esto podría suceder.
Black tampoco mostraba señales de vida. Tal vez, perdiendo su tiempo rastreando a Raven Sinclaire. Averiguado, ¿quién podría haberse llevado al niño?. O simplemente, decapitando al próximo tonto que se cruzara en su camino.
White Dawson cerró los ojos, su corazón se detuvo y su alma durante algunos segundos, escapó de su cuerpo. El cuál a su vez, se auto incendiaba. Para cuando el cuerpo chamuscado, aún más que el cadáver que arrastraba, se convirtió en un polvo negro. Un fénix rojo surcó el cielo de la mansión y White Dawson regresó a la vida.
Poco a poco sus hueso tomaron forma, se llenaron de carne y a la vez de articulaciones. Su piel tardó más en crecer lisa, brillante y sin imperfecciones. Su cabello y ojos fueron los últimos en salir. Cuando lo hicieron el grito de la rubia retumbó en las paredes de la habitación dejando helado a su hermano y a su padre.
Abrió la boca y la saliva escurrió por su mentón. Sus cuerdas vocales no se habían regenerado completamente. Pero GG Dawson lo supo.
La rubia había tenido una visión, una terrorífica. Lo suficiente para hacerlo sonreír, asustando a sus dos hijos en el proceso.
Editado: 12.05.2026