El aire de la superficie era denso y húmedo. Peter sentía cómo cada respiración atravesaba su garganta como si inhalara vapor de selva.
—¿Hace cuánto no salían por esta vía? —preguntó mientras ajustaba su máscara.
—Años —respondió Rina—. El Protocolo Edén estaba sellado desde la catástrofe.
—Y aún así, venimos por acá —suspiró Peter—. Claramente, el apocalipsis también afectó el sentido común.
Subieron por una escalera oxidada, hasta una escotilla semienterrada entre raíces y escombros. Cuando Rina la empujó, una bocanada de luz dorada los cegó momentáneamente. El sol, real y cruel, brillaba sobre un mar de vegetación descontrolada.
La ciudad había sido devorada. Torres colapsadas, autopistas partidas por la mitad, árboles gigantescos creciendo entre los restos de edificios. Lo que antes fue un centro urbano ahora parecía un templo olvidado por el tiempo… o por los dioses.
Y entonces, el rugido.
Grave. Cercano.
Los cuatro se detuvieron.
—Eso fue un T-Rex —susurró Peter—. O alguien muy enojado con indigestión.
Rina levantó su rifle y miró hacia los árboles más cercanos. El follaje temblaba. Algo grande se movía entre la maleza. Peter tragó saliva.
—No hagas chistes. No hagas chistes —se repetía a sí mismo.
Y entonces lo vio.
Una criatura enorme, con plumas negras como carbón, patas de ave y ojos inteligentes. No era un T-Rex, pero sí algo que se parecía: un híbrido entre un raptor y un ave del infierno. Su hocico olfateaba el aire, su cuerpo ágil se deslizaba entre los árboles como si fuera parte del entorno.
—¿Qué… es eso? —preguntó Elías.
—Un Deinonyx Alpha, creo —susurró Sandro—. Modificado genéticamente. No es natural. Ninguno de ellos lo es ya.
El bicho alzó la cabeza. Olfateó. Y chilló. Un sonido agudo, casi metálico.
—Nos vio —dijo Peter.
—No… aún no —corregió Rina—. Pero está cazando.
Y entonces todo se volvió un caos.
El Alpha se lanzó entre los árboles con una velocidad brutal. Rina disparó, pero el proyectil se desvió. Sandro cayó. Elías corrió hacia un hueco en el concreto. Peter apenas pudo esquivar un zarpazo que le rasgó la mochila.
—¡Al ducto! —gritó Rina.
Corrieron, tropezando entre raíces y concreto roto. Elías saltó primero a un antiguo sistema de ventilación inclinado. Peter se lanzó después, pero no lo suficiente. El Alpha lo alcanzó de una patada. Sintió las garras rasgarle la espalda.
Todo se volvió negro.
Despertó en su cama, empapado en sudor. La camioneta vibraba por el viento nocturno.
—¡No no no no! ¡Otra vez no! —dijo jadeando, tocándose la espalda. El dolor fantasma ardía como fuego.
Tomó aire. Se sentó. Buscó su laptop.
—"Cómo vencer a una criatura mutada parecida a un velociraptor con inteligencia táctica" —tecleó.
Los resultados fueron… decepcionantes.
—Muy bien, ciencia. No me falles ahora —refunfuñó mientras abría tres pestañas de Wikipedia y un video de un nerd con gafas explicando ADN de dinosaurio.
Al volver a dormir, Peter despertó exactamente en el mismo punto donde había caído.
—¿Otra vez acá? ¿Me están cargando?
Su cuerpo no tenía heridas. Pero su mente sí las recordaba.
—¡Peter! —gritó Rina desde una grieta más adelante—. ¡Apurate!
Corrió. Esta vez no dudó. Se metió de lleno por el túnel, esquivando piedras, usando el mismo truco que había leído: evitar el contacto visual, moverse en zigzag, y cubrir su olor con barro.
Y funcionó. A duras penas, pero funcionó. El Alpha lo perdió en la vegetación. Por ahora.
Al llegar al refugio temporal que el grupo improvisó bajo una losa caída, Rina lo miró con asombro.
—¿Cómo hiciste eso?
—Wikipedia. Y desesperación. Pero más lo segundo.
Sandro se frotaba las manos, temblando.
—Ese bicho no es de esta era. Hay rastros de laboratorio en sus mutaciones. Alguien los creó. O los mezcló.
—¿Quién haría eso? —preguntó Elías.
Peter miró hacia el horizonte. Entre las nubes, una silueta metálica asomaba como una torre. Una instalación lejana. Iluminada. Viva.
—Alguien que todavía quiere jugar a ser dios —dijo Peter.
Y entonces volvió a mirar al cielo. Se preguntó cuántos mundos más lo esperaban con estas reglas nuevas.
Y qué clase de monstruos se suponía que tenía que enfrentar… o liberar.