El calor del fuego era asfixiante, y el humo se arremolinaba en el aire, dificultando la respiración. Yisus sintió cómo su corazón latía con fuerza mientras luchaba por liberar al hombre atrapado. “¡Vamos, aguanta!”, gritó, empujando con todas sus fuerzas.
“¡No puedo! ¡Me duele demasiado!” respondió el hombre, su voz llena de desesperación.
“¡No te rindas! ¡Voy a sacarte de aquí!”, exclamó Yisus, sintiendo que el tiempo se deslizaba entre sus dedos.
Detrás de él, Clara miraba con ansiedad desde la entrada. “¡Yisus, tenemos que irnos! ¡El edificio está a punto de colapsar!”
“¡No puedo dejarlo!”, gritó, sintiendo que su determinación se intensificaba. Con un último esfuerzo, logró levantar la viga lo suficiente para que el hombre pudiera arrastrarse hacia un lado. “¡Ahora, sal de aquí!”
El hombre, aunque débil, hizo un esfuerzo por moverse, y en un instante que pareció eterno, logró salir del peligro inminente. “¡Gracias! No sé cómo agradecerte”, dijo, jadeando mientras se apoyaba contra la pared.
Yisus sintió una mezcla de alivio y adrenalina. “No es momento para agradecimientos. ¡Vamos, todos afuera!”
Mientras se apresuraban hacia la salida, un estruendo resonó detrás de ellos, y el techo comenzó a caer. “¡Corre!”, gritó Yisus, y todos se lanzaron hacia la puerta justo a tiempo. El polvo y los escombros volaron en todas direcciones, pero lograron salir ilesos.
Una vez fuera, el aire fresco les golpeó la cara, y Yisus se dio la vuelta para ver el edificio en llamas. Clara estaba a su lado, respirando con dificultad. “¿Estás bien?”, preguntó ella, su rostro pálido.
“Sí, estoy bien”, respondió Yisus, sintiendo que la adrenalina comenzaba a desvanecerse. “Pero el grupo necesita ayuda. ¿Dónde están?”
“¡Aquí, aquí!” gritó el joven, corriendo hacia ellos con la mujer y el niño. “Están a salvo, Yisus. ¡Lo logramos!”
“Gracias a Dios”, murmuró Yisus, sintiendo que una ola de alivio lo envolvía. Pero antes de que pudieran relajarse, un sonido familiar resonó a lo lejos: el de motores en marcha.
“¿Qué es eso?”, preguntó el robusto, mirando hacia el horizonte.
“Parece que hay vehículos acercándose”, dijo Clara, su voz llena de preocupación. “¿Crees que son más de ellos?”
“Podría ser”, respondió Yisus, sintiendo que la tensión regresaba. “Necesitamos movernos y encontrar un lugar seguro. Vamos, todos juntos”.
Mientras se alejaban de la escena, la adrenalina seguía corriendo por sus venas. El grupo se movía rápido, pero Yisus sabía que necesitaban un plan. “Debemos encontrar un refugio donde podamos rearmarnos y organizarnos”, dijo, su voz resonando con autoridad.
“¿Y qué pasa con el refugio del que hablaste antes?”, preguntó Clara, mirando a su alrededor.
“Está un poco más al norte, cerca de la estación de tren. Pero tenemos que ser cautelosos”, respondió Yisus. “Si esos hombres armados vienen hacia nosotros, no podemos permitir que nos atrapen”.
Sombra, el perro, ladraba de vez en cuando, como si percibiera el peligro inminente. Mientras el grupo avanzaba, Yisus pudo ver las luces de un vehículo a lo lejos, acercándose rápidamente. “Rápido, escondámonos detrás de esos escombros”, ordenó.
Se agacharon detrás de un montón de ladrillos, el corazón de Yisus latiendo con fuerza. A medida que el vehículo se acercaba, pudo distinguir un camión militar, su pintura desgastada por el tiempo. “¿Quiénes son?”, murmuró.
“Solo hay una manera de averiguarlo”, dijo Yisus, manteniendo la calma. “Si son hostiles, debemos estar listos para defendernos”.
El camión se detuvo, y varios hombres armados descendieron, sus rostros cubiertos con paños. “Revisen la zona”, ordenó uno de ellos, y los demás comenzaron a buscar en los alrededores.
Yisus sintió que la tensión aumentaba. “No podemos quedarnos aquí. Si nos encuentran, no habrá forma de salir”.
“¿Qué hacemos?”, preguntó Clara, nerviosa.
“Vamos a intentar rodearlos”, dijo Yisus, señalando un camino lateral. “Si podemos evitar el enfrentamiento, mejor”.
El grupo se movió en silencio, intentando no hacer ruido mientras esquivaban los escombros. Pero mientras avanzaban, un ladrido rompió el silencio. Sombra, al ver a un hombre acercarse, salió corriendo hacia él.
“¡No!” gritó Yisus, pero era demasiado tarde. El hombre armado se giró, apuntando su arma hacia el perro.
“¡Detente!” exclamó Yisus, sintiendo que el pánico lo invadía. “¡No le hagas daño!”
El hombre miró a Sombra, y antes de que pudiera disparar, Yisus se lanzó hacia él, golpeándolo con fuerza en el estómago. “¡Corre, Clara!” gritó mientras forcejeaban.
Clara, sin pensarlo, fue hacia Sombra, quien ladraba furiosamente. “¡Ven aquí, Sombra!” lo llamó, y el perro rápidamente corrió hacia ella.
Mientras Yisus luchaba con el hombre armado, el robusto se unió a la pelea, tratando de ayudarlo. “¡Sujétalo!” gritó, y juntos lograron desarmar al hombre, quien cayó al suelo aturdido.
“¡Vamos, sigamos!” exclamó Yisus, sintiendo la prisa en su pecho. El grupo se movió rápidamente, sabiendo que el tiempo se estaba agotando.
Una vez a salvo detrás de un grupo de escombros, Yisus respiró hondo. “Eso fue demasiado cerca”, murmuró, mirando a Clara y al resto del grupo.
“¿Estás bien, Yisus?” preguntó Clara, su voz llena de preocupación.
“Sí, estoy bien”, respondió, aunque su mente estaba llena de pensamientos. “Pero debemos seguir adelante. Si este grupo está aquí, hay más por venir”.
“¿Y si intentamos hablar con ellos?”, sugirió el robusto, mirando a Yisus. “Tal vez podamos negociar”.
“No creo que sea una buena idea. No todos están dispuestos a negociar, especialmente si están armados”, dijo Yisus, sintiendo que la tensión aumentaba nuevamente.
“¿Qué tal si los sorprendemos? Podríamos intentar tomar su camión y escapar”, propuso Clara, su mirada llena de determinación.
“Es arriesgado, pero podría funcionar”, admitió Yisus, sintiendo que la adrenalina comenzaba a fluir nuevamente. “Si logramos tomar el control, podríamos usarlo para llegar al refugio más rápido”.