El motor del camión rugía como un monstruo hambriento mientras Yisus maniobraba por las calles desoladas. La adrenalina aún corría por sus venas, y su mente estaba ocupada en lo que acababan de lograr. Clara, a su lado, miraba por la ventana, el paisaje de ruinas desfilando rápidamente.
“¿Sabes a dónde vamos exactamente?”, preguntó, su voz un poco tensa.
“Sí, la estación de tren debería estar a unos minutos de aquí”, respondió Yisus, manteniendo los ojos en la carretera. “Si llegamos, podremos encontrar suministros y tal vez algo de información sobre otros grupos”.
“Espero que no haya más de los que nos atacaron”, añadió el robusto, que se había acomodado en la parte trasera con el joven y Sombra. “No quiero volver a enfrentar a esos tipos”.
“Lo sé”, dijo Yisus, sintiendo el peso de la responsabilidad. “Pero si queremos sobrevivir, debemos estar preparados para todo”.
Mientras avanzaban, el silencio del camión se volvió palpable. Cada uno de ellos reflexionaba sobre lo que acababan de vivir. Clara rompió el silencio. “¿Qué pasará después de esto? Si encontramos el refugio, ¿qué haremos luego?”
“Eso depende de todos nosotros”, respondió Yisus, mirando a través del espejo retrovisor. “Podemos reunirnos y decidir cómo seguir. Tal vez formar alianzas, buscar más sobrevivientes… incluso pensar en un nuevo comienzo”.
“¿Un nuevo comienzo?” repitió Clara, su voz llena de esperanza. “Eso suena… casi imposible”.
“Puede que lo sea, pero si no lo intentamos, nunca lo sabremos”, dijo Yisus, sintiendo que la luz de la esperanza comenzaba a brillar.
De repente, el camión se detuvo en seco. “¿Qué pasó?” preguntó el robusto, asomándose por el asiento delantero.
“Parece que hay un bloqueo en la carretera”, respondió Yisus, frunciendo el ceño. “Voy a tener que dar la vuelta”.
Mientras maniobraba, Clara notó algo en el horizonte. “Mira, hay una columna de humo. Podría ser un campamento o algo peligroso”.
“Podría ser una señal de otros sobrevivientes”, sugirió el joven, sus ojos brillando de emoción. “¿Deberíamos investigar?”
“Es arriesgado, pero podría valer la pena”, dijo Yisus, sintiendo que la curiosidad lo impulsaba. “Vamos a acercarnos con precaución”.
Con el motor en marcha, se dirigieron hacia la columna de humo. A medida que se acercaban, una imagen inquietante se perfilaba en la distancia: un grupo de personas reunidas alrededor de lo que parecía ser un fuego. Algunos parecían estar hablando, mientras otros parecían estar en guardia.
“¿Qué hacemos ahora?”, preguntó Clara, su voz llena de incertidumbre.
“Deberíamos acercarnos con cuidado. No sabemos si son hostiles o amistosos”, respondió Yisus. “Si se ven amenazantes, retrocederemos”.
El grupo asintió, y con el corazón latiendo fuerte, se acercaron al campamento. A medida que se acercaban, comenzaron a distinguir más detalles: las personas vestían ropa desgastada y algunas tenían heridas visibles. Yisus sintió que su corazón se encogía.
“¡Hey! ¡Nosotros somos sobrevivientes!”, gritó Yisus, levantando las manos en señal de paz. “No venimos a pelear”.
Los murmullos se detuvieron, y todos los ojos se volvieron hacia ellos. Un hombre alto, con una cicatriz en la mejilla y una mirada intensa, se acercó. “¿Quiénes son ustedes?”, preguntó con desconfianza.
“Nos llamamos Yisus y este es nuestro grupo. Venimos en busca de suministros y aliados”, explicó, sintiendo que el sudor le perlaba la frente. “Hemos pasado por mucho y solo queremos encontrar un lugar seguro”.
“¿Por qué deberíamos confiar en ustedes?”, dijo el hombre, cruzando los brazos. “Hemos visto demasiadas traiciones”.
“Lo entiendo”, respondió Yisus, mirando a su alrededor. “Pero hay una verdad en este mundo: todos estamos luchando por sobrevivir. No somos enemigos, solo personas que buscan esperanza”.
El hombre lo observó durante un momento que pareció eterno. Finalmente, asintió. “Está bien. Pero deben demostrar que están dispuestos a colaborar. Hay un problema que necesitamos resolver”.
“¿Qué tipo de problema?”, preguntó Clara, sintiendo que la tensión aumentaba.
“Un grupo rival ha estado acechando nuestras provisiones. Necesitamos asegurarnos de que no se lleven lo que hemos recolectado. Si nos ayudan, podemos compartir lo que tenemos”, explicó el hombre, su mirada firme.
“¿Y cómo podemos ayudar?”, preguntó Yisus, sintiendo que la oportunidad podía ser beneficiosa para ambos grupos.
“Necesitamos que nos ayuden a patrullar la zona. Si ven algo sospechoso, deben avisarnos. Juntos podemos protegernos mejor”, dijo el hombre.
“De acuerdo, estamos dentro”, respondió Yisus, sintiendo que la decisión era la correcta. “Pero necesitamos asegurarnos de que también haya suministros para nosotros”.
El hombre asintió. “Eso se puede arreglar. Vengan, les mostraremos el campamento”.
A medida que se adentraban en el campamento, Yisus sintió una mezcla de optimismo y nerviosismo. Este era un nuevo paso hacia lo desconocido, pero también una oportunidad para formar alianzas que podrían ser cruciales para su supervivencia.
Mientras recorrían el campamento, Clara se acercó a Yisus. “¿Crees que podemos confiar en ellos? No tengo una buena sensación”, susurró.
“No lo sé”, respondió Yisus, manteniendo la voz baja. “Pero si queremos sobrevivir, debemos arriesgarnos. La desconfianza no nos llevará a ninguna parte”.
El hombre los guió hacia una carpa grande donde se almacenaban algunas provisiones. “Aquí es donde guardamos lo que hemos logrado reunir”, dijo. “Pero no tenemos suficiente para todos si el grupo rival ataca”.
“Podemos ayudar a proteger esto”, dijo Yisus, sintiendo que la determinación crecía dentro de él. “Pero necesitamos un plan”.
“Lo que más necesitamos es una vigilancia constante. Si alguien ve algo, debe informar de inmediato”, explicó el hombre. “Si podemos mantener la guardia alta, podemos proteger lo que tenemos”.