La noche avanzaba, y el campamento estaba envuelto en un silencio inquietante, interrumpido solo por el crujido ocasional de las llamas. Yisus, en su puesto de vigilancia, podía sentir cómo la tensión en el aire se espesaba. Clara estaba a su lado, observando con desconfianza a los miembros del nuevo grupo.
“Me siento como si estuviéramos en la boca del lobo”, murmuró Clara, rompiendo el silencio. “No podemos bajar la guardia”.
“Lo sé”, respondió Yisus, mirando hacia la oscuridad que rodeaba el campamento. “Pero, si queremos sobrevivir, necesitamos aliados. Este lugar podría ser un refugio temporal”.
“¿Temporal? ¿Y después qué? ¿Volver a la carretera y arriesgar nuestras vidas de nuevo?”, preguntó Clara, su voz un susurro lleno de inquietud.
“Es un riesgo que debemos considerar. La supervivencia a veces significa tomar decisiones difíciles”, dijo Yisus, sintiendo que el peso de la responsabilidad se intensificaba.
De repente, un grito desgarrador rompió la tranquilidad de la noche. “¡Alerta! ¡Alguien viene!” resonó la voz del robusto, mientras corría hacia ellos.
“¿Qué sucede?” preguntó Yisus, alertándose de inmediato.
“¡Un grupo rival se aproxima! ¡Rápido, prepárense!” gritó el robusto, y el caos se desató en el campamento.
Los hombres del campamento comenzaron a moverse rápidamente, formando una línea de defensa. Yisus sintió que la adrenalina corría por sus venas, y su mente se enfocó en el momento.
“Clara, ve a buscar al joven y asegúrate de que el campamento esté preparado. Robust, tú y yo tomaremos posiciones en la entrada”, ordenó Yisus, su voz resonando con determinación.
“¿Qué tal Sombra?” preguntó Clara, mirando al perro que ladraba, ansioso por la acción.
“Él puede ayudarnos. Su instinto es un recurso valioso”, dijo Yisus, sintiendo que la lealtad de Sombra podría ser crucial en este momento.
A medida que los hombres del campamento tomaban posiciones, se escucharon pasos acercándose. La tensión aumentó, y Yisus sintió cómo su corazón latía con fuerza. “Recuerden, no estamos aquí para pelear por peleas. Solo defendemos nuestro hogar”.
Un grupo de hombres apareció de entre las sombras, sus rostros oscurecidos por capuchas. “¡Salgan de ahí! ¡No queremos problemas, solo lo que es nuestro!” gritó el líder, su voz resonando con autoridad.
“¿Y qué es lo que creen que les pertenece?” preguntó Yisus, sintiendo que la situación era peligrosa.
“Sabemos que tienen provisiones. ¡Dénnos lo que es nuestro y nadie saldrá lastimado!” respondió el líder, su tono amenazante.
“No vamos a entregar nada”, respondió Yisus, su voz firme. “Hemos trabajado duro para conseguir lo que tenemos. No somos sus enemigos, pero tampoco somos sus víctimas”.
“Entonces, prepárense para luchar”, dijo el líder, levantando su arma.
Antes de que pudiera disparar, Sombra se lanzó hacia adelante, ladrando con ferocidad. El grupo rival retrocedió, sorprendidos por la valentía del perro. “¡Atrás, perro!” gritó uno de los hombres, pero Sombra no se detuvo.
“¡Ahora!” gritó Yisus, y el grupo del campamento se lanzó hacia adelante, listos para defender su territorio.
La lucha estalló en un caos de gritos y golpes. Yisus se movió rápidamente, tratando de desarmar a uno de los atacantes que se acercaba. La adrenalina lo mantenía alerta, y cada movimiento era un reflejo de su determinación.
“¡Clara, cuídate!” gritó mientras se enfrentaba a un hombre que intentaba rodearlo. Clara, armada con una barra de metal, se defendió con valentía, ayudando a mantener alejados a los hombres del campamento.
Mientras la pelea continuaba, Yisus sintió que la lucha se intensificaba. “¡No se detengan! ¡Luchen por lo que hemos construido!” gritó, moviéndose entre los combatientes.
De repente, un grito resonó en el aire. “¡Están retrocediendo!” exclamó el robusto, señalando a los hombres rivales que comenzaban a huir.
“¡Sigámoslos! No pueden escapar tan fácilmente”, dijo Yisus, sintiendo que la victoria estaba cerca. Pero antes de que pudieran moverse, uno de los hombres del campamento cayó al suelo, herido.
“¡Ayuda!” gritó, su voz llena de dolor.
“¡No! ¡Deténganse!” gritó Yisus, corriendo hacia el herido. “Clara, ve a buscar suministros. Robust, mantén a raya a los demás”.
Con una determinación renovada, Yisus se agachó junto al hombre herido. “¿Qué pasó?” preguntó, sintiendo que el tiempo se deslizaba entre sus dedos.
“Me golpearon… no puedo mover la pierna”, respondió el hombre, su voz entrecortada.
“Vamos, lo sacaré de aquí”, dijo Yisus, intentando levantarlo, pero el peso del hombre era demasiado. “Clara, ¡regresa rápido!”
Mientras tanto, el grupo que había atacado comenzaba a reagruparse. “Tienen que salir de aquí. ¡Son demasiado para nosotros!” gritó uno de los hombres, observando cómo sus compañeros comenzaban a retirarse.
“¡No podemos dejar que se vayan con nuestras provisiones!” exclamó el robusto, sintiendo que la frustración lo invadía.
“¡Atrápenlos! ¡No podemos permitir que vuelvan para atacarnos de nuevo!” gritó el líder del campamento, y Yisus sintió que la urgencia aumentaba.
Finalmente, Clara regresó con algunos suministros. “Aquí, Yisus, esto puede ayudar”, dijo, tratando de mantener la calma.
Con un esfuerzo conjunto, lograron estabilizar al herido y prepararlo para moverse. “Vamos, necesitamos llevarlo a un lugar seguro”, dijo Yisus, sintiendo que la situación se volvía crítica.
Mientras el grupo se retiraba, Sombra ladraba, manteniendo a raya a los hombres que aún estaban dispuestos a luchar. “¡Rápido, rápido!” gritó Yisus, y el grupo comenzó a moverse hacia el campamento.
Pero antes de que pudieran llegar a la seguridad, un disparo resonó en el aire, y Yisus sintió que el tiempo se detenía. “¡Cuidado!” gritó, y el grupo se lanzó al suelo, buscando cobertura.
“¡Están disparando! ¡Debemos movernos!” exclamó Clara, sintiendo que el pánico comenzaba a invadirla.