El último Café

El último Café

¡Woow, que tarde se me hizo, no tengo idea de la hora que es! pero siento que ya es tarde, me siento bastante desorientado. No tengo la más mínima noción del tiempo, ni cuantas horas dormí durante la noche, pero siento que ha sido una eternidad.

Está rara la atmósfera en el apartamento, se ve más lúgubre que de costumbre y eso que las cortinas están abiertas, voy a tomar un baño para ver si me despabilo un poco.

¡El agua está gélida! ¡No puedo creer que se rompió la calefacción! Bueno… no voy a estresarme, no hace tanto frío, así que voy a bañarme con el agua fría hoy.

¿Qué se hizo mi ropa? ¡No tengo nada en el ropero! ¿Habré llevado todo a lavar? ¿Dónde tengo puesta la cabeza? ¡No sé qué hice con mi ropa! Por lo menos me dejé esta camisa blanca, el pantalón beige y algo de ropa interior.

¡Gonzalo! ¡Me olvidé que habíamos quedado para tomar un café! Me  va a odiar cuando llegue tarde, de esta manera nunca voy a poder acomodar las cosas con él. No puedo ser informal en este momento y menos con él si lo que quiero es reparar las cosas entre nosotros. ¡Salgo ya mismo para allí!

Se ve que dormir mucho me hizo bien, siento que camino a la velocidad de la luz, voy tan rápido que siento que no preciso de ningún tipo de transporte… voy a aprovechar de esta vitalidad del momento para llegar cuanto antes a la cafetería y evitar que Gonzalo se vaya. Debe estar molesto conmigo.

No sé qué le está pasando a la gente por la calle ¡no se fijan por donde caminan! Si no me aparto me llevan puesto por el camino. Tengo que estar esquivando a todos ¡que fastidio!

Por suerte ya falta menos para llegar a la cafetería. Espero que Gonzalo siga allí, realmente quiero cumplir con él.

¡Finalmente llegué! Vaya… es grande este lugar. No tengo reloj pero sé que estoy retrasado, tengo que ver a donde está Gonzalo, no lo veo por ninguna parte… solo espero que no se haya ido.

Estoy mirando a todas partes, pero  no está… la gente a mi alrededor siente frío, debe ser por el aire acondicionado que está muy bajo, ya que por la calle el clima está bastante templado. Por suerte no estoy sintiendo frío, no he traído ningún abrigo.

Finalmente lo veo a Gonzalo sentado al final del salón, justo al lado de la barra del lugar. Rápidamente me dirijo allí.

  • Perdóname Gonzalo, me he quedado dormido, espero no estés enojado conmigo…

Gonzalo no levantó su mirada para nada cuando me senté en la mesa, simplemente se quedó leyendo sus papeles ignorándome por completo.

  • Gonzalo… ¡hola! ¿Hay vida por aquí?... intento llamar su atención…
  • ¡Qué frío hace aquí! Me responde finalmente…
  • Sí, cuando ingresé aquí, las personas en las otras mesas se quejaban de lo mismo… debe estar muy baja la calefacción, pero en la calle el clima está muy agradable hoy.

Gonzalo se me queda mirando con expresión de circunstancia y le pregunto que estaba leyendo, pero él solo insiste con el frío del lugar, lo veo acurrucarse y vuelve a leer sus papeles.

  • Esta carta… ¿por qué me escribiste esta carta? ¡No puedo creer esto!
  • ¿De qué carta me estás hablando Gonzalo? No recuerdo haber escrito ninguna carta…
  • Te gusta atormentarme… siempre lo hiciste, ¡siempre te gustó victimizarte!
  • ¡No sé de lo que me estás hablando! De seguro te la escribí en algún momento de enojo en una de nuestras tantas discusiones… la verdad no sé qué pasa con mi cabeza, no recuerdo que hice con mi ropa y casi olvido por completo nuestro encuentro…
  • Ya terminamos nuestra relación, yo te dejé ir… ¿por qué tú no hiciste lo mismo? Continuar con tu vida… disfrutarla…
  • Estoy perdidamente enamorado de ti. No quiero perderte, quiero una nueva oportunidad para los dos.

Acerco lentamente mi mano hacia la mejilla de Gonzalo, un par de lágrimas están cayéndole y quiero secarlas.

  • ¡Ay que gélido! Exclama Gonzalo y se lleva su mano inmediatamente hacia su mejilla.

Rápidamente toco mi mano para ver qué tan fría estaba, la verdad es que no siento frío en el lugar, debe ser porque vine caminando rápidamente, pero no sentí que mi mano estuviera tan fría como Gonzalo exclamó.

  • Perdón… no fue mi intensión enfriarte.  Solo quise secar tus lágrimas.




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