El refugio subterráneo estaba colapsando y mientras más corría Eva detrás de Lukas, más difícil se le hacía mantener una respiración estable.
A su paso había personas gritando con desesperación, el sueño crujía y fragmentos de concreto seguían cayendo desde el techo de la estación.
De pronto, alguien chocó contra Eva, era un hombre cubierto de sangre que, al impactarse con ella, cayó al suelo junto a otros civiles que intentaban alcanzar las escaleras para abandonar el lugar.
—¡Ayúdeme, por favor! ¡Se lo suplicó!— gritó el hombre jalándola del abrigo.
Eva se detuvo por reflejo, por esa convicción que tenía de ayudar a los demás pero, Lukas volteó hacia ella y le habló. —¡Eva!
Otra explosión sacudió el túnel, las pocas luces que aún quedaban encendidas parpadearon de forma intermitente antes de que se apagaran por completo y llegara la oscuridad total.
Sin luz, el caos pasó de ser visual a auditivo. Lo único que se apreciaba eran gritos, llanto, metal crujiendo y personas rezando.
Al notar que Eva se había agachado para auxiliar a aquel hombre, Lukas tomó la muñeca de ella, con fuerza, para hacerla reaccionar. —¡Tenemos que salir de aquí AHORA!
Eva soltó al hombre herido de forma lenta y sintió una especie de culpa invadir su pecho, porque en ese pequeño curso de enfermería básica que había tomado en un dispensario, le habían enseñado que el paciente era primero, y en esta ocasión iba a hacer lo contrario, porque Lukas tenía razón, ya no podían salvar a nadie, ni siquiera podían asegurar salvarse a sí mismos.
Eva dejó atrás al hombre, con lágrimas en los ojos y, ella y Lukas comenzaron a subir las escaleras en medio de los empujones de la multitud desesperada. Algunas personas caían y otras las pisaban intentando avanzar. La guerra era capaz de hacer eso cuando el miedo se volvía demasiado grande.
Un nuevo estruendo brutal hizo temblar toda la estación, parte del techo colapsó detrás de ellos y los gritos instantáneos de las personas se volvieron los protagonistas de ese momento.
Eva giró su rostro para ver lo que ocurría, justo en el momento en que un conjunto de personas desaparecían bajo el concreto y el polvo.
El horror de la escena hizo que su rostro se volviera pálido por completo y su cuerpo se quedó inmóvil, quieto y sin respuesta.
Lukas se acercó a Eva y sujetó ambos lados de su cara obligándola a reaccionar y a posar sus ojos en él. —¡NO mires! ¡Mírame a mí!— Eva asintió sin decir una sola palabra, porque podía ignorar lo que acababa de ver, pero jamás podría olvidarlo. Ambos siguieron su camino y lograron salir a la calle segundos antes de que otra explosión sacudiera la entrada del refugio pero, afuera el panorama no era diferente.
El aire estaba caliente a pesar de la nieve, las llamas iluminaban algunos edificios destruidos mientras las sirenas y los motores militares llenaban cada rincón de la ciudad.
Eva cayó de rodillas sobre el pavimento respirando desesperadamente, tosiendo humo, polvo y sangre.
Lukas observó alrededor buscando una salida posible, pero el riesgo de ser capturados era demasiado. Había un sin fin de soldados, reinaba el caos, y era lógico que en cualquier momento Reinhardt saldría de ese túnel, si seguía vivo. Por un momento, dentro del derrumbe, deseó con fuerza que Reinhardt estuviera muerto y eso le revolvió el estómago, porque estaba deseando la muerte de otro ser humano para que él y Eva pudieran sobrevivir.
—Tenemos que movernos— habló Lukas al escuchar el sonido de disparos a unas cuantas calles, cerca de ellos.
Eva se encontraba agachada, apoyando sus manos sobre sus piernas, intentando recuperar el aire pero levantó la vista hacia él y asintió con un semblante lleno de miedo, porque había comprendido la gravedad de las cosas. Lukas había golpeado a un oficial nazi, la había protegido y había escapado con ella.
Lukas le ofreció una mano, y Eva dudó un segundo antes de tomarla pero lo hizo, y siguieron corriendo.
Atravesaron varias calles destruidas intentando evitar a las patrullas militares, el humo hacía difícil distinguir qué zonas seguían siendo seguras y cuáles estaban siendo bombardeadas y en una avenida encontraron un edificio completamente incendiado en el que algunas personas lanzaban cubetas de agua de forma inútil mientras otras gritaban nombres desde las ventanas. Fue terrible ver cómo una mujer saltó desde el segundo piso envuelta en llamas y Eva se quedó paralizada del horror, pero Lukas la obligó a seguir avanzando.
—¡No te detengas!— habló él con desesperación y dieron vuelta en una esquina pero, entonces, escucharon motores de camiones militares.
Lukas empujó a Eva detrás de un automóvil destruido justo cuando varios vehículos negros atravesaban la calle, eran vehículos de la Gestapo.
Eva sintió el miedo regresar a su cuerpo cuando los camiones pasaron frente a ellos de forma lenta, entre el humo y la nieve, mientras algunos soldados seguían revisando los edificios cercanos. Por fortuna, los autos siguieron su curso y desaparecieron después de unos minutos.
—Nos están buscando. Estoy seguro.
Eva lo miró sin comprender del todo lo que Lukas acababa de decir. —¿A los dos?
Él tardó demasiado en responder pero lo hizo. —Sí, a los dos.
Durante unos segundos ninguno dijo nada, porque era más que obvio que Lukas ya no era un soldado ayudando discretamente a una mujer judía, ahora era un fugitivo y, probablemente, un traidor.
Eva sintió culpa en ese instante pues estaba consciente de lo que Lukas había perdido. —No debiste hacer esto. No debiste ayudarme. Hubiera sido mejor que me dejaras sola o que me entregaras.
Lukas giró hacia ella en cuanto la escuchó. —¿Qué acabas de decir?
—Todo esto es por mi culpa. Si ahora también te están buscando a ti, es por mi causa— Eva habló en voz baja. —Tuviste una oportunidad de seguir con tu vida, ¿y qué hiciste? ¿Decidiste arruinarla? Todo por mí— finalizó Eva en un tono cada vez más melancólico.