La librería permaneció en silencio durante varios minutos mientras el sonido lejano de las sirenas aún era perceptible, explosiones atravesaban las paredes destruidas y pequeñas partículas de ceniza flotaban de forma lenta entre las estanterías caídas.
Eva seguía sentada en el suelo abrazándose a sí misma aunque ya no lloraba, lo había hecho tanto que ahora se sentía vacía y agotada.
Lukas permanecía frente a ella sin saber qué hacer con las manos, con el cuerpo y con aquella culpa insoportable que seguía creciendo dentro de él, porque no importaba cuánto intentara convencerse, Helga había muerto en manos de soldados como él para salvar a Eva y, aunque Reinhardt estaba decidido a acorralarla, él no lo permitiría. Honraría la memoria de esa mujer a como diera lugar.
Aunque una parte de Lukas todavía no podía creer lo que había hecho en el refugio. Había golpeado a un oficial nazi, había huido y abandonado su puesto, todo había ocurrido demasiado rápido pero ya no había vuelta atrás.
Cuando escucharon motores de autos militares pasando justo afuera de la librería, ambos se tensaron al instante así que Lukas apagó la pequeña lámpara que había encontrado entre los restos del lugar y el silencio volvió a reinar.
Al notar las luces de un vehículo militar atravesar entre las grietas de las paredes destruidas y los pasos de los soldados acercándose a su escondite, Eva se tensó de nuevo. Lukas observó cuidadosamente hacia la calle y pudo ver a dos camiones negros que avanzaban de forma lenta entre el humo y los escombros, al mismo tiempo que varios oficiales revisaban algunos de los edificios cercanos. Era un hecho que la Gestapo seguía buscándolos.
Lukas siguió observando a través de una grieta y vio a uno de los soldados pegando carteles improvisados sobre postes y paredes, con el mensaje en letras rojas "SE BUSCA" justo debajo de una fotografía suya, un poco borrosa. Ante ese hecho, una sensación de nervios comenzó a recorrerlo el estómago, porque eso significaba que, de ser un soldado alemán había pasado a convertirse en un desertor, un traidor y un fugitivo.
—¿Qué pasa?— preguntó Eva al notar un cambio en su expresión.
Él tardó algunos segundos en responder porque no quería preocuparla, pero finalmente lo hizo. —Ya saben que escapé, eso solo significa que Reinhardt sigue con vida.
—Entonces...— el semblante de Eva también cambió.
—Saben que te ayudé a escapar y que huí contigo, así que ahora nos buscarán juntos— el peso de la realidad cayó sobre Eva, porque hasta ese momento todavía existía una pequeña parte de ella que creía que quizá él podría salvarse, pero por lo visto no era así, Lukas acababa de caer junto con ella.
Afuera los vehículos continuaron avanzando lentamente hasta desaparecer entre las calles y su respiración se regularizó un poco, aunque eso solo fuera momentáneo.
Horas más tarde, la crudeza del invierno cayó sobre ellos y el frío empezó a volverse insoportable. Gran parte del techo destruido dejaba entrar viento helado y pequeñas ráfagas de nieve.
Por más que Eva siguiera abrazando su propio cuerpo, no lograba calmar el temblor qué el ambiente le causaba, Lukas lo notó al instante y se quitó el abrigo militar para ofrecérselo.
La mirada de Eva recorrió de forma lenta el cuerpo de Lukas. Miró el uniforme gris oscuro sobre su cuerpo, y ese símbolo nazi cosido sobre la tela todavía le producía cierto rechazo, por lo que dudó un poco en aceptar la prenda.
—Lo sé— murmuró él avergonzado de sí mismo porque, aunque fuera doloroso, había entendido la actitud de Eva. Ante la pena que Lukas sentía, solo apartó su vista de Eva y continuó su hablar. —Créeme, sé lo que sientes, sé que no confías en mí del todo pero, si de algo sirve, quiero que sepas que no estoy orgulloso de lo que soy— la voz de Lukas sonó triste y cansada, como si él también odiara el uniforme y todo lo que este representaba.
No supo si por las palabras de Lukas o porque el frío estaba empezando a dolerle físicamente pero, después de algunos minutos Eva aceptó el abrigo y lo colocó sobre su delgado cuerpo.
El olor a humo y nieve estaba impregnando sobre tela pero también había otro olor más tenue a tabaco y alcohol, cosa que no le incomodó a Eva.
Lukas comenzó a revisar los restos de la librería buscando cualquier cosa útil y encontró una botella medio llena de agua y algunas mantas qué, aunque estaban cubiertas de polvo, servirían para mitigar el frío mientras ella lo observaba en silencio, porque le costaba entender cómo habían llegado hasta ese punto. Unos días atrás él era un simple soldado y ahora estaba escondido con ella entre ruinas mientras la Gestapo los perseguía. Todo parecía irreal.
Entre su búsqueda, Lukas encontró una vieja radio pequeña bajo un escritorio roto. La sacudió un poco y, para sorpresa de ambos, aún funcionaba. La estática en en aparato era demasiada pero, aún así, lograba distinguirse una voz masculina dando una especie de reporte. —Las fuerzas aliadas intensificaron los bombardeos sobre Berlín esta noche— Eva levantó la cabeza al escuchar el mensaje entrecortado y un poco distorsionado. —Las autoridades solicitan a los ciudadanos reportar cualquier actividad sospechosa o individuos fugitivos— Lukas apagó el aparato antes de escuchar más, porque no hacía falta que les recordaran el motivo por el que se encontraban en ese lugar.
—¿Por qué volviste por mí? ¿Por qué me ayudaste a escapar?— Eva lanzó esa pregunta y Lukas permaneció quieto y en silencio algunos segundos, pensando qué responder, porque ni él mismo entendía del todo los motivos que lo habían llevado a actuar así. Eva colocó su mirada fija en él y continuó hablando. —Pudiste irte. Yo no era tu responsabilidad. Pudiste haberme entregado y así hubieras sido coronado como un héroe. Así, al menos, tú te habrías salvado.
—Claro, como si aún hubiera algo qué rescatar en mí— se interrumpió a sí mismo unos instantes y continuó —Cuando encontré a Reinhardt afuera de tu edificio supe que te estaba buscando, entonces corrí y busqué tu apartamento, luego vi a Helga, sin vida, sentí miedo. Porque eso es lo que le hacen a quienes protegen y ocultan personas, así que era obvio que estabas ahí y comencé a voltear el apartamento para encontrarte— Eva sintió algo extraño en su pecho, porque él, un soldado acostumbrado a la muerte, estaba hablando de miedo. —No podía dejarte ahí, no cuando Reinhardt descubrió quién eres y te ha convertido en su capricho personal, no cuando fui testigo del sacrificio de esa mujer para que tú pudieras seguir viviendo.