El último cielo de Berlín

16. Sin regreso

Los pasos comenzaron a escucharse muy cerca de la librería. El sonido de la nieve crujiendo y vidrios rotos mientras avanzaban era una clara señal de que los estaban rodeando.

Greta se aferró con más fuerza al brazo de Eva mientras ambas permanecían escondidas detrás de una estantería caída. La niña temblaba tanto que apenas podía mantenerse quieta.

—Hay cinco hombres, no, seis. Se han colocado en las paredes laterales— expresó Lukas mientras observaba desde una grieta en la pared. —Hay otro grupo instalándose en la entrada principal— pero lo más preocupante era que Reinhardt estaba en el centro de todo eso, coordinando la emboscada.

Con ese porte impecable qué lo caracterizaba, el oficial levantó la vista de forma lenta hacia el edificio semidestruido e hizo unas señales con las manos para indicarle a sus hombres hacia donde dirigirse. Era más que obvio que no tenían duda de que se encontraban ahí.

Ante la actitud de Reinhardt, Lukas sintió un escalofrío qué recorrió todo su cuerpo y expresó la única oportunidad posible que había encontrado. —Tenemos que salir por atrás— habló en voz baja para evitar dar su posición exacta.

—¿Por dónde?— preguntó Eva con desesperación porque la librería estaba colapsada así en su totalidad, las paredes traseras estaban semiderumbadas a causa de los bombardeos y no veía una salida clara y segura.

De pronto, en el exterior se escuchó el sonido metálico de algunas armas siendo preparadas para usarse y Greta soltó un pequeño gemido de miedo.

—Shhh— murmuró Eva, abrazándola enseguida. —No hagas ruido. Vamos a estar bien, te lo prometo— trató de que su voz sonará lo más creíble posible para tranquilizar a la pequeña.

Con el mayor sigilo posible y bastante agilidad, Lukas comenzó a moverse entre los restos del lugar buscando otra salida, mientras los pasos afuera seguían acercándose. Entonces se escuchó la voz de Reinhardt, tranquila pero amenazante.

—Adler— tan solo con escuchar su apellido, Lukas se quedó completamente inmóvil y el semblante de Eva y Greta cambió por completo.

—Sal, muchacho. Ya sabemos que estás ahí. No tiene caso que te escondas— en ese momento, Lukas confirmó lo que ya sospechaba. Reinhardt no estaba ahí por una sospecha ni buscando al azar, él sabía con certeza su ubicación. El oficial continuó hablando. —Mira a tu alrededor, hijo— hizo una pausa. —¿En verdad crees que esto va a terminar bien?

Dando pasos pequeños, Eva y Greta se acercaron hasta Lukas. Él observó toda la librería, una vez más y, sin decir nada, señaló la parte trasera, destruida, del edificio. Ahí podía observarse una abertura estrecha entre los escombros que, por la ubicación de la construcción, era seguro que conectaba con el callejón posterior. La estructura era bastante inestable, pero era la única oportunidad que tenían para escapar, y debían hacerlo antes de que colapsara.

Reinhardt volvió a hablar, pero esta vez lo hizo con un tono lleno de esperanza para Lukas. —Todavía puedes arreglar esto. Entrégame a esa traidora y tú serás perdonado por lo que me hiciste.

La mandíbula de Lukas se tensó, acto seguido, dejó de mirar hacia afuera y dirigió sus ojos hacia Eva, la observó despacio desde los pies hasta la cabeza y, de nuevo, sus ojos volvieron a ver el exterior.

—¡No le hagas caso! ¡Por favor! ¡Dijiste que no me entregarías! ¡Lo prometiste!— susurró Eva sin lograr que Lukas volteara a verla.

En ese momento, ella entendió que, independientemente de lo que su corazón le dictara, el subconsciente de Lukas estaba debatiendo qué hacer. Una parte de él quería hacer lo correcto, pero la otra todavía estaba escuchando, porque Reinhardt representaba todo lo que él había sido durante años. Ese hombre representaba la disciplina a la que había sido sometido, las órdenes que había cumplido y la lealtad que había jurado. En pocas palabras, Reinhardt representaba su vida entera.

La voz del oficial rompió el silencio una vez más. —Vamos, Adler. Solo dame a la chica y te doy mi palabra de que esto acabará aquí. Sabes muy bien que soy un hombre serio y siempre cumplo mis promesas.

Greta escondió su rostro contra el cuerpo de Eva mientras a esta última la invadía la incertidumbre de no saber qué pasaría. Lukas permaneció inmóvil, sin hablar, sin parpadear y sin reaccionar y eso la hacía sentir demasiado miedo. En este punto ya no sabía si podía confiar en él o si intentaría enmendar su error y la usaría para recuperar su vida.

—No seas estúpido, Adler. ¿Vas a tirar tu vida por una judía?— Reinhardt dio otro paso hacia la entrada destruida.

La frase hizo que Lukas abriera los ojos aún más de lo que ya los tenía y Eva bajó la mirada hacia el suelo, porque ahí estaba esa palabra de nuevo, judía. Una palabra tan simple pero que podía condenarla.

Durante algunos minutos nadie dijo nada hasta que, de pronto, Lukas desvió su mirada hacia Eva y habló con un tono frío y serio que nunca antes le había escuchado usar. —No me importa quien sea. Ella tiene más humanidad que cualquiera de nosotros.

Reinhardt sonrió apenas afuera.
Podía escucharse en su voz.
—Ah. ¿En verdad eso crees?— en la voz de Reinhardt pudo sentirse su ironía y hasta esa ligera sonrisa tenebrosa que el hombre daba siempre. —Esto sí que es nuevo. Nunca pensé verte enamorado, Adler.

Ante esa última declaración, tanto Eva como Lukas se quedaron inmóviles, viéndose el uno al otro, porque nadie había dicho esa palabra antes. Ni siquiera entre ellos era algo de lo que hubieran hablado.

Afuera comenzó a escucharse de nueva cuenta el movimiento de los soldados preparándose para entrar y Lukas reaccionó de inmediato. —Cuando les diga, corran hacia atrás y no se detengan.

—¿Y tú? ¿Qué va a pasar contigo?— cuestionó Eva con bastante preocupación.

Él dio una revisión rápida a la pistola que llevaba en la cintura y respondió. —Voy a distraerlo para ganar tiempo. Así ustedes podrán salir.




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