El Último Dragón

Son solo monstruos

Pasaron los días. Jack empezó a ahorrar, escondiendo su dinero bajo aquella tabla suelta en su habitación.

Así pasaron 8 largos meses, Oliver estaba de camino a su misión; él y sus compañeros estaban a punto de llegar a su destino, todos se preparaban pues estaban a punto de emboscar al dragón en sus propias tierras.

—Son solo monstruos…— Murmuró Oliver para calmar los nervios que sentía, sus dedos tamborilean sobre la madera del barco.

Victor el compañero de Oliver y su único amigo fue el único que notó la inquietud de Oliver, se acercó a él; sin decir palabra alguna se sentó a su lado.

Oliver sintió la presencia de Victor, calmandose un poco.

—¿Pasa algo?— preguntó Victor con una preocupación visible en su voz.

—No es nada.— Sonrió levemente pero su sonrisa se desvaneció apretando los puños para después mirar a Víctor a los ojos —es solo que… nunca habíamos ido a las tierras del dragón y creo que… tengo miedo.

Victor mira a todos lados para comprobar que sus compañeros no lo vean, cuando se asegura que nadie los ve, se acerca más a Oliver y toma su mano.

—Tranquilo… todo estará bien, confía en mí.— Victor le dedicó una cálida mirada que decía más de lo que podía expresar.

Oliver sintió cómo sus mejillas se calentaban, Victor acarició la mano de Oliver con su pulgar.

—Estarás bien. —Murmuró Victor antes de soltar a Oliver.

Victor se alejó un poco de Oliver y después de unos minutos a ambos les empezó a latir rápidamente el corazón por aquel momento que compartieron, Victor bajó la cabeza avergonzado por sus propias palabras mientras que Oliver miraba a todos sus compañeros esperando que no los hayan visto.

—¡Escuchen bien, hombres!— gritó con una voz rasposa pero potente —se que nunca han pisado tierras del dragón, pero confíen en el plan: le daremos un golpe certero. Ninguno abandonará la formación —Su voz se hizo más grande— tendremos que ser precavidos, sin descuidos. Sigan mis órdenes y ¡marcharemos hacía la victoria!

Todos los caballeros contestaron con fuerte y gran «Sí, Capitán» entonces después de unas horas llegaron al Reino del Dragón, bajaron del barco en silenció.

Oliver se colocó el casco de su armadura, bajo el llermo, enfundó su espada para después bajar del barco con sus demás compañeros. Se dirigieron hacía el oscuro y desolado bosque de las tierras del dragón, algunos solo habían escuchado historias de ese bosque.

—Son solo monstruos… —Murmuró mientras apretaba la empuñadura de su espada.

Victor se acercó a él para reconfortarlo con su presencia sin embargo él también estaba asustado, Oliver notó esto y sin dudarlo tomó la mano de Victor.

—O-Oliver, nos verán —Murmuró con nerviosismo.

—No me importa si nos ven… No voy a dejar que nada malo te pase.

El capitán volteo con molestia al escucharlos hablar.

—Les dije que no hagan ruido, esos jodidos monstruos pueden atacarnos en cualquier momento.— dijo el capitán sin percatarse del Orco que estaba detrás de él.

El orco ni siquiera les dió tiempo a reaccionar, levantó su gran hacha y con un movimiento rápido cortó la cabeza del capitán; la sangre salpicó a los caballeros cercanos, la cabeza del capitán cayó al suelo con un ruido sordo.

Los caballeros desenfundaron sus espadas listos para atacar al Orco

—¿por qué no nos ataca?— preguntó un caballero.

—Porque nunca atacan solos— Respondió Oliver en un instante Oliver se dió cuenta que estaban en peligro.— Maldición. ¡ELLOS NUNCA ATACAN SOLOS!

A pesar de su advertencia, fué demasiado tarde, una flecha atraviesa a un caballero en el abdomen, cayendo herido a los pies de otro. Los caballeros se asustaron, algunos intentaron volver de dónde venían pero otro Orco ya los estaba esperando y en un abrir y cerrar de ojos, los aplastó a todos con su garrote.

Victor estaba paralizado observando aquella cruel masacre, sus manos temblaban, no había nada más que terror en sus ojos. Oliver tomó la mano de Victor para huir, corrieron sin rumbo fijo, Oliver trataba de encontrar seguro para ambos.

—¡ESTO NO ES UNA GUERRA, ES UNA MASACRE!— Exclamó Victor desesperado, aún con el shock de ver a sus compañeros morir de formas horribles.

Oliver asustado lo llevó detrás de unos arbustos, le quitó el casco a Víctor para que pueda respirar mejor.

—No grites… nos escucharán. —Murmuró mientras se quitaba el casco.

La respiración de Victor era irregular, trataba de calmarse pero no podía, las lágrimas comenzaron a brotar sin control.

—No quiero morir aquí… —Murmuró entre sollozos.

Oliver lo tomó de los hombros y le dió un beso, Victor se quedó inmóvil pero no se negro; Oliver lo soltó para mirarlo a los ojos.

—Trataré de sacarnos de aquí, no sé cómo lo haré pero te prometo. —toma la mano de Victor, entrelazando sus dedos.— no te dejaré morir aquí.

Cuando Víctor iba a responder una lanza le atraviesa la cabeza arrebatándole la vida al instante, Oliver retrocede un paso, su mano seguía agarrada a la de Victor, no podía soltarlo, no quería soltarlo.

—No puedo abandonarte… —murmuró bajando la cabeza.

Recordó las palabras de Jack «Ojala nunca regreses» y «Tu no eres mi padre» soltó una pequeña risa amarga.

—No soy tu padre pero yo… —Oliver escucho los pasos de un Orco acercándose a él pero está vez no huyó— Te quiero… Hijo; Espero que estés mejor sin mi.




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