El Último Dragón

Libre

Se detuvo en seco, el cuerpo de Jack le trataba de decir algo, su corazón se apretó un poco.

—Esto… Tengo un mal presentimiento —se dijo a sí mismo alarmado por ese sentimiento que lo inquietaba.

No obstante ese sentimiento desapareció al instante que el estómago de Jack empezó a rugir ferozmente.

«No he comido bien para ahorrar lo suficiente.» pensó Jack mientras caminaba hacia su casa; al llegar entró dirigiéndose con rapidez hacia su habitación, abrió la tabla suelta del suelo en la esquina de su habitación, sacó la pequeña bolsa con monedas.

Jack comenzó a contar las monedas de bronce, con paciencia.

—32 monedas de Bronce más 4 monedas de hoy, tendría 36… y 3 de plata.

Soltó un suspiro, no era mucho pero era suyo, frutos de su gran esfuerzo.

—Es mejor irme hoy, no sé cuándo es que Oliver regresará así que debo irme lo antes posible de este lugar.

Jack se levantó decidido a irse del reino en ese mismo día; tomó el zurrón de Oliver, de cuero oscuro, desgastado por el uso continuo y con algunos remiendos en las costuras. Dentro guardó sus pocos ahorros junto con un poco de agua.

Se quedó quieto un momento y mirando el zurrón de Oliver, se lo colocó sobre el hombro, dejó sus únicas 3 monedas de plata en la mesa del comedor para cuando su padre regresara. sin más Jack se fué sin saber que Oliver ya no volvería.

Jack se dirigió al muelle para poder rentar un barco, se acercó al arrendador un poco nervioso pero con determinación sin embargo esa determinación se le escapó al ver la mirada feroz del arrendador y su figura amenazante.

—Buenas tardes, me gustaría comprar el barco más económico que tenga… —dijo Jack sin siquiera mirar a los ojos al arrendador, pues para Jack con sus poderosos 1,67 cm el arrendador es mucho más alto que él.

El arrendador amenazante sólo señala un pequeño barco de madera ligeramente desgastado con una vela blanca nueva y par de remos dentro.

—Está bien, ¿Cuánto me costaría? —pregunta Jack confiado.

—Mire jóven, ese barco tiene vela nueva, un par de remos y es muy resistente a las aguas bravas. —Se cruza de brazos— Si quieres comprarlo te lo dejó en 80 de plata y 30 de cobre; pero si lo quieres rentar te lo dejaría en… 10 monedas de plata.

Jack siente que se le acabó el aire, no tiene el capital suficiente para un barco.

—¿Y si negociamos? —Sonríe nervioso.

—Si no vas a rentar ni comprar, entonces vete. —Se aleja de Jack.

Jack baja la cabeza, sintiendo el ardor en sus mejillas por la humillación. Con un suspiro resignado saca sus ahorros para dirigirse al mercado tratando de ignorar la mirada burlona del arrendador; en el mercado compra algunas frutas y una barra de pan para el camino, quedándose con 9 monedas de bronce.

«El rico va en bote y el pobre camina» pensó Jack comiéndose una manzana mientras seguía el sendero que lo llevaría al bosque.

Después de 40 minutos caminando Jack ya estaba cansado, sudado y jadeando, caminaba arrastrando los pies. Frente a él se acercaba un viajero, el cansancio de Jack lo hizo ignorarlo y sin previo aviso él cansancio lo hizo tropezar chocando con el viajero haciendo que ambos cayeran al suelo.

El viajero cayó sentado mientras que Jack cayó de cara. Con un gruñido de dolor, se impulsó con las manos, levantando el torso hasta quedar de rodillas. La cabeza gacha, el pelo desordenado; Levantó la vista para ver al viajero desconocido y se sorprendió al verlo.

Un chico robusto, sus músculos ocultos tras una capa negra agujereada, su cabello oscuro, lacio casi semi perfecto, piel morena brillante y con una pequeña cicatriz en la mejilla, llevaba puestos unos guantes de cuero sucios, tenía las rodilleras de una armadura, con tan solo una hombrera y llevaba una espada desafilada con un viejo listón rojo.

—Dios mío… —Murmuró Jack asombrado.

—Mierda… —Gruñó con molestia mientras se levantaba— Pareces un cerdo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.