Las hojas de los árboles se balanceaban lentamente, casi como si bailaran con el viento; el sol encandilaba a Jack mientras caminaba detrás de Kae.
El atardecer pintaba de colores hermosos el bosque. Jack miró el cielo con nostalgia, recordando cómo él y su madre recolectaban hongos y plantas para hacer medicinas, Kae se detuvo sacando a Jack de sus pensamientos.
—Descansaremos aquí, necesito que busques algunas ramas —Murmuró analizando a su alrededor.
Al no recibir respuesta, Kae bufa, se cruza de brazos y se voltea para ver a Jack, sin embargo lo encuentra tirado en el suelo boca arriba con los ojos cerrados respirando lentamente como si de un animal apunto de morir se tratase.
—¿Qué chingados estás haciendo?— preguntó Kae frunciendo el ceño moviendo a Jack con el pie
—Estoy cansado, me duelen los pies y me arden los ojos… además tengo hambre. —Respondió Jack derrotado. —solo… déjame descansar.
—Te dejaré descansar cuando estés muerto.
Jack se levantó lentamente, soltó un suspiro adentrándose en el bosque, comenzó a buscar ramas entre los árboles cercanos.
Mientras recolectaba ramas encontró una planta de menta, la arrancó del suelo y la sostuvo en su mano con cuidado, su mano tembló un poco al recordar el horrible día que vio a su madre morir; Jack sacudió la cabeza para no pensar más en ello. Regresó con Kae y dejó las ramas en el suelo a un lado de Kae.
Kae levantó la cabeza, notando la planta que Jack tenía en su mano.
—Gordo… ¿Qué mierda es eso? —preguntó con brusquedad señalando la planta.
Su mirada evitó la de Kae.
—Es una planta de Menta, puede aliviar los dolores de cabeza y las náuseas… Mi madre me lo enseñó. —Confesó Jack con tono apático, su mano se aferró involuntariamente a la planta.
Kae notó ese movimiento involuntario en Jack, sin embargo Kae prefirió ignorarlo.
—Eso no te hace ver menos inútil. —tomó las ramas y empezó a acomodarlas unas sobre otras— Aunque…
Se detiene por un momento, antes de tomar una de las ramas más secas y cortarla en trozos pequeños, colocando los trozos encima de las ramas amontonadas.
—Tal vez le agrades a Morgana. —Dijo sin interés mientras buscaba algo a su alrededor.
—¿Quién es Morgana? —preguntó Jack con curiosidad mal disimulada.
—Es la amiga con la que vamos, básicamente será nuestra salvadora —Al no encontrar nada, se levanta para después acercarse a un arbusto y remover la tierra con el pie con cuidado y atento cómo si supiera dónde buscar.
Encontró una piedra liza, la tomó en su mano, después se alejó del arbusto para repetir el mismo procedimiento, después de unos minutos logró encontrar una roca con un poco de filo; regresó a las ramas amontonadas, se arrodilló cerca y golpeó las piedras sobre las ramas haciendo aparecer algunas pequeñas chispas, Jack dió un paso atrás aferrándose aún más a la planta de menta.
—Gordo, dame algunas hojas.
—En seguida.
Jack tomó algunas hojas secas de los arbustos cercanos, se las entregó a Kae y Kae colocó las hojas sobre las ramas, para volver a golpear las piedras una vez más cerca de las hojas hasta que volvieron a aparecer chispas y se encendieron algunas de las hojas; Kae empezó a soplarlas hasta que se encendió la pequeña fogata.
Kae sonrió con arrogancia al ver la fogata encendida.
—Perfecto, cómo siempre, ahora solo debo cazar algo… —Kae guardó silencio al ver a Jack paralizado.
Jack estaba con la mirada fija en la fogata, sus manos temblaban, su mandíbula estaba apretada, los recuerdos de la muerte de su madre lo estaban atormentando, recordó con claridad cómo su madre gritaba mientras su piel se quemaba, el cardenal rezaba mientras la llamaba «Hereje»; Jack no pudo más, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.
Kae vio los ojos de Jack y encontró algo familiar en ellos, ese tipo de reacción ya lo había visto en alguien más, Kae sin decir nada más, se levantó y apartó con brusquedad a Jack para alejarlo de la fogata.
—Mierda… —Murmuró antes de taparle los ojos a Jack sacándolo de esos recuerdos.
Jack siente las manos ásperas de Kae contra su piel, su cuerpo se relaja un poco
—Lo siento… —Murmuró Jack con voz apenas audible.
Kae lo soltó, pero Jack bajó la cabeza tratando de contener las lágrimas, mientras murmuraba «Perdón» una y otra vez.
El cielo empezó a oscurecer, se ocultó el sol por completo, abriéndole pasó a la luna llena. Jack estaba comiendo algunas frutas que tenía en su zurrón, dándole la espalda a la fogata sin atreverse a voltear, Kae había ido a cazar, regresó con un par de conejos en mano y con un palo para poder asarlos en la fogata.
—¿Vas a explicarme qué fue esa jodida mierda? —preguntó Kae dejando los conejos a un lado de la fogata.
—Te acabo de conocer, no le diré mis problemas a un desconocido —Respondió a la defensiva aún sin voltear.
—Marica —Murmuró desollando a los conejos con su espada con una facilidad que daba escalofríos. —Si quieres comer, intenta hacer el mínimo esfuerzo para enfrentar ese patético miedo.
Jack no contestó, sólo se volteó lentamente con los ojos cerrados, poco a poco empezó a abrirlos, el fuego iluminó su rostro, sus manos temblaban y aún que quería apartar la mirada no lo hacía; Jack quería enfrentar sus problemas por primera vez.
Kae atravesó los conejos con un palo y los colocó sobre el fuego, Jack vio cómo la carne de los conejos comenzaba a quemarse mientras el humo se elevaba hacia la luna llena, cerró los ojos, volviendo a darle la espalda a la fogata.
Después de que ambos se comieran los conejos, Jack se durmió mientras Kae acariciaba el viejo listón rojo amarrado al mango de su espada «Él se parece tanto a ti…» pensó Kae, mirando el listón y a Jack.
—Es una lastima que vaya a verlo en el mercado negro —Gruño Kae con tono cínico.
Al siguiente día: El sol ya brillaba fuerte, la luz entraba por las ramas de los árboles y las nubes blancas llenaban los cielos. Jack seguía dormido, Kae estaba parado a un lado de él cruzado de brazos.