El último invierno

13 |Los sándwiches de miga y el rock, lo demás sobra.

13 |Los sándwiches de miga y el rock, lo demás sobra.

Nyx.

**

Inhalé profundamente, con una violencia que me rasguñaba los pulmones, y solté el aire de la misma manera, como si estuviera tratando de vaciar un incendio interno. El silencio del baño era absoluto, roto únicamente por ese sonido errático y el galope desbocado de mi corazón, que retumbaba en mis oídos con la fuerza de un tambor de guerra.

Clavé la mirada en el celular con la cámara encendida. No me reconocía. Mis ojos estaban desorbitados, inyectados en una urgencia que no tenía explicación lógica. Estaba haciendo las respiraciones de manera equivocada, a destiempo, presa de un pánico que se sentía como una marea negra subiendo por mis tobillos.

—Dale, Nyx. Respirá, boluda. Vamos —me ordené en un susurro roto.

Pero había un nudo en mi garganta. Una burbuja de aire ácido, sólida, atrapada justo debajo de la laringe. No explotaba, no bajaba, no salía; solo estaba ahí, recordándome que el control era una ilusión.

De repente, el mundo se inclinó. Unas ganas feroces de vomitar me sacudieron las entrañas.

Mis respiraciones se volvieron cortas, superficiales, rápidas. Era el sonido de una presa acorralada. ¿Cómo mierda le explicaba a mi cerebro que no me estaba persiguiendo un león hambriento? ¿Cómo lo convencía de que solo tenía que bajar un par de escalones, sentarme a la mesa y comer con los amigos de Sara por su cumpleaños? No había peligro. No había sangre. Solo había gente desconocida, risas y asado, pero para mi sistema nervioso, el living de abajo era una fosa común.

Apreté los labios con fuerza cuando la primera arcada me sacudió los hombros. No fue más que eso, un espasmo seco que me dejó un gusto amargo en la boca. Mis ojos empezaron a arder, nublándose por la frustración y el miedo. Otra arcada, más violenta, me obligó a gatear hacia el inodoro. Me aferré a la porcelana fría como si fuera la única ancla en medio de un naufragio.

Nada. No salió nada. Solo el eco de mi propio cuerpo intentando expulsar un fantasma. Dos, tres veces más, hasta que las costillas me dolieron.

Cerré los ojos con tanta fuerza que vi luces blancas estallando detrás de los párpados. Me dejé caer en el suelo, apoyando la espalda contra los azulejos helados, y apreté los puños hasta que las uñas se me clavaron en las palmas.

Inhalé. Exhalé. Una y otra vez, con una disciplina nacida del puro agotamiento. Obligué a mi mente a repetir las mismas palabras, como un mantra, como una oración para un Dios en el que no creía, tratando de acallar el ruido de mi propia sangre:

“Es solo ansiedad. Estoy bien. No me voy a morir acá. Estoy sana. Ya va a pasar. Es toda una película de mi imaginación, Nyx. Bajá un cambio. Dale, bajá un cambio.”

Me quedé ahí tirada, sintiendo el frío del piso traspasando mi ropa, esperando que el león invisible se cansara de esperarme detrás de la puerta del baño.

Una y otra vez. El mantra se repetía en mi cabeza como un disco rayado, intentando convencerme de que el piso no se estaba moviendo.

Cuando el teléfono vibró sobre el mármol, el sobresalto casi me saca el corazón por la boca. Habían pasado cinco minutos. Cinco minutos reloj en los que el mundo se había reducido a cuatro paredes de azulejos y mi propia lucha por no desvanecerme.

Tragué saliva, sintiendo todavía ese nudo áspero en la garganta. Al ver el nombre de Fred en la pantalla, una mezcla de alivio y pánico me recorrió la espalda. Sonreí, casi por instinto, pero sabía que tenía que actuar. Fred me conocía el tono de los silencios, si me escuchaba un toque rara, le iba a saltar la ficha.

Tuve que meter una bocanada de aire bien profunda, llenando los pulmones hasta que dolió, para resetearme.

—¡Holi! —solté, forzando una alegría que sonó demasiado brillante, muy artificial.

Me puse de pie torpemente, las piernas todavía me temblaban un poco y tuve que aferrarme al lavabo para no terminar de nuevo en el piso. Apoyé el celu ahí mismo y puse el altavoz. Necesitaba las manos libres para limpiar las gotas que, por el esfuerzo de las arcadas y el llanto contenido, habían terminado salpicando los cristales de mis lentes.

Negri, ¿podés creerlo? —la voz de Fed del otro lado era un bálsamo de normalidad.

—¿Qué pasó ahora? —pregunté, frotando los vidrios con el borde de mi remera.

—Kelany vomitó toda la comida arriba de mis zapatos, hija. ¡En mis zapatos! —se quejó con esa indignación tan suya. De fondo, alcancé a escuchar el grito de ella: "¡Ay, ya te pedí perdón. Exagerado!".

Se me escapó una sonrisa real. No por el asco de los zapatos, sino porque Fred era capaz de llamarme para decirme semejante boludez justo cuando yo sentía que se me terminaba el oxígeno. Sabía que me extrañaba y que buscaba cualquier excusa para hablar conmigo.

Yo también lo extrañaba a morir. En estos momentos de vulnerabilidad, extrañaba mi casa, el olor de mi cama, la seguridad de mi lugar. El Valle podía ser hermoso, pero todavía se sentía demasiado ajeno.

—No hay nada que me digas que me haga pasar a tu bando, olvídate.

Escuché su inhalación cargada de drama e indignación.

—¿Dsiculpame? ¿Cómo dijiste?

—Disculpado —le retruqué, soltando una risita corta.

Fed resopló, dándose por vencido en esa batalla de egos.

—¿Y vos qué hacés, che? —preguntó con esa curiosidad de quien quiere saber si me estoy divirtiendo sin él.

Me acomodé los lentes, respiré hondo y me puse la máscara de "chica que lo tiene todo bajo control".

—Acá, alistándome para una cena y viviendo mi mejor momento —respondí, esperando que la mentira no sonara tan hueca—. Muchos paisajes increíbles, un frío que te parte, pero cero ganas de volver.

—Mentira —se ríe, y el sonido me llega como un abrazo a la distancia—. Vos extrañás hasta el agua con cloro de acá, no me chamuyes.

—Bueno, sí... pero finjamos que no un ratito, para mantener mi orgullo —le contesté, dejando que el aire finalmente terminara de entrar en mis pulmones.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.