La nieve caía despacio detrás del vidrio, tan silenciosa que parecía irreal.
Desde la cama del hospital, Adryell observaba cómo los copos se acumulaban sobre los árboles del jardín. Todo estaba blanco. El cielo, los techos, los senderos que apenas se distinguían bajo la capa de nieve.
El monitor a su lado marcaba un ritmo constante.
Bip.
Bip.
Bip.
Adryell no apartó la vista de la ventana. Había algo extrañamente tranquilo en ver cómo la ciudad se cubría poco a poco, como si el mundo estuviera tratando de ocultar todo bajo un manto blanco.
La puerta de la habitación se abrió con un leve sonido.
—Señor Adryell.
El joven giró ligeramente la cabeza.
El doctor Park Min-ho entró con una carpeta en las manos. Su expresión era demasiado seria para tratarse de una visita común.
Adryell ya conocía esa mirada.
La había visto varias veces durante las últimas semanas.
—¿Los análisis? —preguntó con voz tranquila.
El doctor tardó unos segundos en responder.
—Hemos estado probando distintos tratamientos… —comenzó con cautela—, pero su cuerpo no está reaccionando como esperábamos.
El sonido del monitor llenó el silencio que quedó en la habitación.
Adryell bajó la mirada hacia su brazo, donde una vía conectada a su piel dejaba pasar lentamente el medicamento.
—Ya veo —murmuró.
El doctor lo observó con preocupación. Muchos pacientes reaccionaban con miedo o desesperación al escuchar algo así.
Adryell, en cambio, parecía demasiado calmado.
Después de unos segundos, volvió a mirar la nieve.
—Doctor.
Min-ho levantó la vista.
—No le diga a nadie.
El médico frunció ligeramente el ceño.
—¿A nadie?
Adryell negó con suavidad.
—No quiero que mi familia lo sepa todavía.
El viento empujó algunos copos contra el vidrio.
—Pero sería mejor que—
—Solo… llame a alguien por mí.
El doctor guardó silencio.
—¿A quién?
Adryell tardó un momento en responder.
—A mi pareja.
Min-ho pareció sorprendido.
—¿Tiene su número?
Adryell señaló con la mirada la pequeña mesa junto a la cama, donde estaba su teléfono.
—Está guardado como Anthonny.
El doctor tomó el móvil y revisó el contacto.
—¿Anthonny… el director de la empresa de perfumes florales Floraison?
Adryell no respondió, pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Eso fue suficiente.
—Lo llamaré ahora —dijo el doctor.
Adryell volvió a mirar por la ventana.
La nieve seguía cayendo.
A varios kilómetros de allí, en el último piso de un edificio moderno, una reunión continuaba.
Una larga mesa ocupaba el centro de la sala. Documentos, gráficos y pequeñas muestras de fragancias estaban frente a cada ejecutivo.
—Si lanzamos la nueva línea en primavera, las ventas podrían aumentar considerablemente —decía uno de los directivos.
Sentado en la cabecera de la mesa, Anthonny escuchaba en silencio.
Su traje oscuro estaba impecable y su expresión seria hacía que todos midieran cuidadosamente sus palabras.
El aire estaba impregnado con el aroma de flores blancas, una de las nuevas fragancias que estaban evaluando.
El teléfono de Anthonny vibró sobre la mesa.
Una vez.
Luego otra.
Anthonny bajó la mirada.
Hospital Central.
Una ligera tensión apareció en su rostro.
Tomó el teléfono.
—Disculpen un momento.
Se levantó y respondió mientras caminaba hacia la ventana.
—Habla Anthonny.
La voz del doctor llegó desde el otro lado.
—¿Señor Anthonny? Llamo del Hospital Central. Estoy con el paciente Adryell.
El nombre hizo que Anthonny se quedara completamente inmóvil.
—¿Qué sucede?
—El señor Adryell pidió que lo llamáramos. Dice que es importante.
Un silencio breve pasó entre ambos.
—¿Está bien? —preguntó Anthonny.
El doctor dudó antes de responder.
—Sería mejor que viniera.
Anthonny colgó sin hacer más preguntas.
Cuando regresó a la mesa, todos lo miraron esperando que continuara la reunión.
Pero él tomó su abrigo.
—La reunión termina aquí.
Los ejecutivos intercambiaron miradas confundidas.
—Director, aún falta revisar—
—Pospónganlo.
Su voz no era fuerte, pero nadie discutió.
Anthonny ya caminaba hacia la puerta.
El ascensor llegó en segundos. Cuando las puertas se cerraron, el reflejo de su rostro en el metal mostró algo que casi nadie en la empresa había visto antes.
Preocupación.
Afuera, la nieve seguía cayendo sobre la ciudad.
Y el coche de Anthonny ya se dirigía directo al hospital.
Editado: 12.03.2026