El Ultimo Petalo

Capitulo dos

DOS

La puerta de la habitación se abrió con rapidez, rompiendo el silencio tranquilo que hasta hace unos segundos solo había estado acompañado por el sonido constante del monitor cardíaco. Adryell levantó la mirada lentamente y, apenas vio a Anthonny entrar, supo que había venido tan rápido como pudo. Llevaba todavía el abrigo oscuro sobre los hombros, el cabello ligeramente desordenado y la respiración apenas agitada, algo extraño en alguien que normalmente parecía tener todo bajo control.

Anthonny cerró la puerta detrás de él sin apartar los ojos de la cama. Su mirada recorrió cada rincón de la habitación antes de detenerse finalmente en Adryell, en la vía conectada a su brazo y en el color pálido de su rostro. La preocupación en su expresión apareció de inmediato, tan clara que incluso Adryell desvió la mirada por un instante.

—¿Qué ocurrió? —preguntó acercándose rápidamente—. ¿Por qué me llamaron del hospital?

Adryell intentó mantener la calma, aunque en el fondo sabía que ocultarle algo a Anthonny nunca había sido sencillo.

—No es nada grave —respondió con suavidad.

Anthonny soltó una pequeña exhalación cargada de tensión y pasó una mano por su cabello antes de detenerse junto a la cama.

—No me gusta que me llamen desde un hospital para decirme algo así y luego escuchar que “no es nada grave”.

Su voz no sonaba molesta. Sonaba preocupado. Demasiado preocupado.

Adryell lo observó en silencio durante unos segundos. Desde donde estaba podía notar pequeños detalles que nadie más parecía ver: la manera en que Anthonny apretaba ligeramente la mandíbula cuando intentaba mantener la compostura o la forma en que evitaba apartar la mirada de él, como si temiera que algo hubiera cambiado en su ausencia.

Afuera, la nieve seguía cayendo lentamente detrás de la ventana, cubriendo la ciudad bajo un cielo grisáceo que hacía parecer la tarde mucho más fría de lo que realmente era.

—Solo quería verte —murmuró finalmente Adryell.

Las palabras hicieron que la expresión de Anthonny vacilara apenas por un momento. Había salido de una reunión importante, ignorado varias llamadas y atravesado media ciudad bajo la nieve solo porque escuchó el nombre de Adryell desde el otro lado del teléfono. Y ahora, al verlo acostado en aquella cama blanca, sentía una presión incómoda en el pecho que no sabía cómo explicar.

Anthonny tomó asiento junto a la cama sin dejar de mirarlo.

—No vuelvas a asustarme así —dijo en voz más baja.

Adryell dejó escapar una pequeña sonrisa cansada.

—Lo siento.

Durante unos segundos ninguno de los dos volvió a hablar. El sonido del monitor llenó nuevamente la habitación mientras el ambiente se volvía extraño, pesado, como si hubiera demasiadas cosas sin decir entre ellos.

Fue entonces cuando la mirada de Anthonny cayó sobre los documentos médicos acomodados junto a la mesa. Había demasiados análisis, demasiados medicamentos y varias hojas parcialmente escondidas debajo de una carpeta azul. Sus ojos se entrecerraron ligeramente.

—Adryell —murmuró.

—¿Hm?

Anthonny sostuvo la mirada sobre aquellos papeles unos segundos antes de volver a verlo directamente.

—¿Qué está pasando realmente?

Por primera vez desde que llegó, Adryell no supo qué responder de inmediato.




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