TRES
Adryell sostuvo la mirada de Anthonny durante unos segundos, pero terminó apartándola antes de responder. Había demasiadas cosas detrás de aquella pregunta y ninguna era fácil de decir en voz alta. El silencio comenzó a extenderse lentamente entre ambos, mezclándose con el sonido constante del monitor y el ruido suave de la nieve golpeando el vidrio.
Anthonny continuó observándolo, esperando alguna explicación, aunque fuera pequeña. Sin embargo, Adryell simplemente dejó escapar una respiración cansada y giró un poco el rostro hacia la ventana.
—No quiero hablar de eso ahora.
La voz le salió más baja de lo normal.
Anthonny frunció apenas el ceño. Claramente sabía que estaba ocultándole algo, pero también conocía demasiado bien a Adryell como para insistir cuando se encerraba en sí mismo. Siempre había sido así. Sonreía incluso cuando algo le dolía y cambiaba de tema cada vez que las conversaciones se acercaban demasiado a lo que realmente sentía.
Por eso, después de unos segundos, Anthonny soltó un pequeño suspiro y dejó el tema de lado.
—Entonces… ¿por qué querías verme tan urgentemente?
Adryell volvió a mirarlo. Esta vez su expresión parecía más suave, casi vulnerable bajo la luz tenue de la habitación.
—Porque quería abrazarte.
Anthonny parpadeó, sorprendido por la sinceridad tan repentina.
Adryell desvió la mirada apenas, como si incluso decir eso le hubiera dado vergüenza.
—Y besarte un poco —añadió en voz baja.
Por primera vez desde que llegó, una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Anthonny.
Pequeña, pero real.
—¿Eso era todo?
—¿Te parece poco?
Anthonny soltó una risa baja, cansada, y terminó acercándose más a la cama. Con cuidado apartó parte de la manta y se acomodó a su lado, procurando no mover demasiado los cables conectados al brazo de Adryell. El espacio era pequeño, pero aun así Adryell se acercó inmediatamente hacia él, escondiendo el rostro contra su pecho como si hubiera estado esperando ese momento desde hacía horas.
El cuerpo de Anthonny seguía frío por el invierno exterior, pero sus manos continuaban siendo cálidas.
Siempre cálidas.
Sus dedos comenzaron a deslizarse lentamente entre el cabello sedoso de Adryell, acomodándolo con suavidad mientras el silencio volvía a llenar la habitación. Esta vez no era incómodo. Era tranquilo. Familiar.
Adryell cerró los ojos apenas sintió aquella caricia.
—Extrañaba esto —murmuró.
Anthonny bajó la mirada hacia él.
—Te vi ayer.
—No es suficiente.
Eso hizo que Anthonny sonriera otra vez, aunque más débilmente.
Durante unos momentos permanecieron así, abrazados bajo la luz tenue de la habitación mientras la nieve seguía cayendo del otro lado de la ventana. El sonido del monitor parecía cada vez más lejano y, por un instante, Adryell deseó poder quedarse atrapado ahí para siempre.
Sin hospitales.
Sin tratamientos.
Sin miedo.
Solo ellos dos.
—¿Recuerdas cuando empezamos a salir? —preguntó Adryell de repente, todavía apoyado contra él.
Anthonny dejó escapar una pequeña risa nasal.
—¿Cómo olvidarlo?
Adryell levantó un poco la cabeza para mirarlo.
—Eras horrible demostrando afecto.
—No era horrible.
—Anthonny, literalmente me miraste durante tres meses sin atreverte a pedirme una cita.
—Porque tú también me ignorabas.
—Eso era porque pensaba que me odiabas.
Anthonny negó ligeramente con la cabeza mientras seguía acariciando su cabello.
—Nunca podría odiarte.
Las palabras hicieron que algo cálido y doloroso se instalara en el pecho de Adryell.
Su mirada permaneció unos segundos sobre el rostro de Anthonny, recorriendo lentamente cada detalle que ya conocía de memoria. El cansancio en sus ojos, la forma tranquila en que hablaba con él, la suavidad que solo mostraba cuando estaban solos.
Y entonces, casi sin darse cuenta, los recuerdos comenzaron a regresar lentamente.
Aquellos primeros días.
Las primeras conversaciones.
La primera vez que Anthonny tomó su mano.
El inicio de todo.
Editado: 08.05.2026